Revista Anteojito número 82. En doble página, material sobre Manuel Belgrano.
Este número de la revista Anteojito apareció el 16 de junio de 1966. Lo compartimos aquí exactamente 60 años después.
Revista Anteojito número 82. En doble página, material sobre Manuel Belgrano.
Este número de la revista Anteojito apareció el 16 de junio de 1966. Lo compartimos aquí exactamente 60 años después.
Anteayer, celebrando el centenario de la llegada del Plus Ultra a Buenos Aires, señalamos la evocación heráldica del nombre del hidroavión, ya que la expresión aparece en el escudo de España.
Pero también puede leerse el lema Plus Ultra en otros escudos, como este que vemos a continuación, fruto del magnífico arte de Vicente A. de la Lastra y Barrios
| "Caras y Caretas" del 20 de febrero de 1926 (Biblioteca Nacional de España) |
Hoy se cumplen 100 años de la partida desde Palos de la Frontera, en Huelva, del hidroavión Plus Ultra, que realizó por primera vez un vuelo entre España y Sudamérica, y llegó a Buenos Aires el 10 de febrero de 1926.
En el palacio de la Legislatura de Buenos Aires se conserva y exhibe un pergamino enviado por el Ayuntamiento de Huelva a nuestra Ciudad, fechado justamente el 22 de enero de 1926, que rinde homenaje a la gesta con estas palabras:
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| Escudo de Huelva |
Abajo, en los extremos, los escudos de España y de la Argentina:
El Plus Ultra consiguió una hazaña enorme, la primera gran hazaña de la aviación española. Aunque después se alcanzaron otras, es la que permanece más presente en la memoria colectiva por lo que supuso en aquel momento.
Fue tal la oleada de admiración y entusiasmo que generó la hazaña del Plus Ultra que hasta el mismísimo Carlos Gardel le dedicó un tango.
(...)
Todavía son muchos los monumentos, las calles, los actos conmemorativos… que recuerdan al mítico hidroavión y a su Travesía España-América en diferentes países y ciudades de varios continentes. (Fuente)
El avión fue donado por Alfonso XIII a la República Argentina y actualmente se conserva en el Museo de Transportes de la ciudad de Luján.
| (Foto propia) |
| (Foto propia) |
El domingo pasado comenzamos la Semana de la Hispanidad en la Quinta Los Ombúes, de la localidad bonaerense de San Isidro. Allí mismo llegan hoy a su punto culminante nuestros festejos en honor de la Hispanidad en el aniversario del Descubrimiento de América.
En una helada mañana de julio de 2017 visitamos el lugar y tomamos fotos de este escudo de España, confeccionado en brocato de seda, que perteneció a Mariquita Sánchez de Thompson.
Dos fotos que representan plásticamente el vínculo indisoluble de la Argentina con la Madre Patria. El pabellón español flameando en el Monumento Nacional a la Bandera, y un estandarte real colgando del balcón del Cabildo de Buenos Aires.
Celebramos esta víspera del Día de la Raza, como dice Rubén Darío,
con dos pueblos que dicen: ¡Viva España!
y ¡Viva la República Argentina!
La Quinta Los Ombúes, en San Isidro, ocupa un gran terreno que aloja la casa donde vivió Mariquita Sánchez de Thompson. En 1867, la chacra pasó a manos de la esposa de Felipe Arana, Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Rosas; más tarde fue propiedad del Dr. Eduardo Lahitte, abuelo de Roque Sáenz Peña. En 1881 fue alquilada, y luego adquirida, por el matrimonio del doctor Cosme Beccar y María Varela, quienes ampliaron la estructura original alrededor de un gran patio cuadrangular con aljibe. Hoy funciona allí el Museo Doctor Horacio Beccar Varela.
Visitamos el lugar en julio de 2017, y tomamos las fotos que hoy compartimos.
Se trata de un soberbio arcón de madera que tiene tallada en su parte superior la efigie de los Reyes Católicos junto al escudo de España.
Con el escudo de la Madre Patria (son claramente visibles los campos de Castilla y León y el entado en punta de Granada) iniciamos la Semana de la Hispanidad para rendir homenaje a la gesta gloriosa que trajo a América la fe, la civilización y la lengua de Cervantes.
¡Viva España!
Celebramos hoy con emoción y orgullo la fecha gloriosa del 12 de octubre, el Día de la Hispanidad.
Lo hacemos con un conjunto de fotos tomadas hace poco más de un año en el Club Español de la ciudad de Buenos Aires, que muestran una soberbia versión del escudo de España.
Acompañamos las imágenes con fragmentos de la Apología de la Hispanidad pronunciada hace hoy exactamente 90 años por el cardenal Isidro Gomá y Tomás, Arzobispo de Toledo y Primado de España, en el Teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires, en el contexto del XI Congreso Eucarístico Internacional.
«América es la obra de España por derecho de invención. Colón, sin España, es genio sin alas. Sólo España pudo incubar y dar vida al pensamiento del gran navegante, que luchó con nosotros en Granada; a quien ampararon los Medinaceli, a quien alentó en la Rábida el P. Marchena, a quien dispensó eficaz protección mi insigne predecesor el gran Cardenal Mendoza; que halló un corazón como el de Isabel y hombres bravos para saltar de Palos a San Salvador. Sin España no hubiese pasado de sueño de poeta o de remembranza de una vieja tradición la palabra de Séneca: «Algunos siglos más, y el océano abrirá sus barreras: una vasta comarca será descubierta, un mundo nuevo aparecerá al otro lado de los mares, y Tule no será el límite del universo».
Al descubrimiento sigue la conquista. Cuando se funda –ha dicho alguien– no se sabe lo que se funda. Cuando España, el día del Pilar de 1492, abordaba en las playas de San Salvador, no sabe que tiene a uno y otro lado de sus naves diez mil kilómetros de costa y un continente con cuarenta millones de kilómetros cuadrados. Ignora que lo pueblan millones de seres humanos, partidos en cien castas, con una manigua de idiomas más distintos entre sí que los más diversos idiomas de Europa. No sabe que la antropofagia, la sodomía, los sacrificios humanos, son las grandes lacras de Aztecas y Pieles Rojas, Caribes y Guaraníes, Quechuas, Araucanos y Diaguitas. No importa: España es pródiga, no cicatera; tiene el ideal a la altura de su pensamiento cristiano; no mide sus empresas por sus ventajas, y se lanzará con toda su alma a la conquista del Nuevo Mundo.
Imposible hablar de la conquista y colonización de América. Una epopeya de tres siglos no cabe en una frase; y la obra de España en América es más que una epopeya: es una creación inmensa, en la que no se sabe qué admirar más, si el genio militar de unos capitanes que, como Cortés, conquistan con un puñado de irregulares un imperio como Europa, o el espíritu de abnegación con que Pizarro, el porquerizo extremeño, vencido por la calentura, traza con su puñal una línea y les dice a sus soldados, que quieren disuadirle de la conquista: «De esta raya para arriba, están la comodidad y el Panamá; para abajo, están las hambres y los sufrimientos, pero al fin, el Perú»; o el valor invicto de aquellos pocos españoles que sojuzgan a los indios del Plata, «altos como jayanes –dice la historia–, tan ligeros que, yendo a pie, cogen un venado, que comen carne humana y viven ciento cincuenta años», fundando la ciudad de Santa María del Buen Aire, hoy la Buenos Aires excelsa; o el celo de Obispos y misioneros que abren la dura alma de aquellos salvajes e inoculan en ella la santa suavidad del Evangelio; o el genio de la agricultura, que aclimata en estas tierras las plantas alimenticias de Europa, que llevarán la regeneración fisiológica a aquellas razas y que hoy son la mayor riqueza del mundo; o el afán de cultura que sembró de escuelas y universidades estos países y que hacía llenar de libros las bodegas de nuestros buques; o aquel profundo espíritu, saturado de humanidad y caridad cristiana, con que el Consejo de Indias, año tras año, elaboró ese código inmortal de las llamadas Leyes de Indias, de las que puede decirse que nunca, en ninguna legislación, rayó tan alto el sentido de Justicia, ni se hermanó tan bellamente con el de la utilidad social del pueblo conquistado.
(...)
La obra de España en América está hoy por encima de las exageraciones domésticas de Las Casas y de las cicaterías de la envidia extranjera. Es inútil, ni cabe en un discurso, reducir a estadísticas lo que acá se hizo, en poco más de un siglo, en todos los órdenes de la civilización. Al esfuerzo español surgieron, como por ensalmo, las ciudades, desde Méjico a Tierra del Fuego, con la típica plaza española y el templo, rematado en Cruz, que dominaba los poblados. Fundáronse universidades que llegaron a ser famosas, en Méjico y Perú, en Santa Fe de Bogotá, en Lima y en Córdoba de Tucumán, que atraía a la juventud del Río de la Plata. Con la ciencia florecían las artes; la arquitectura reproduce la forma meridional de nuestras construcciones, pero recibe la impresión del genio de la raza nueva; y el gótico, el mudéjar, el plateresco y el barroco de Castilla, León y Extremadura, logran un aire indígena al trasplantarse a las florecientes ciudades del Nuevo Mundo. La pintura y la escultura florecen en Méjico y Quito, formando escuela; trabajan los pintores españoles para las iglesias de América, y particulares opulentos legan sus colecciones de cuadros a las ciudades americanas. Fomentan la expansión de la cultura la sabia administración de Virreyes y Obispos, las Audiencias, castillo roquero de la justicia cristiana, los Cabildos y encomiendas, que forman paulatinamente un pueblo que es un trasunto del pueblo colonizador».
Seguimos celebrando la Semana de la Hispanidad.
Hoy visitaremos heráldicamente el municipio de Villada.
Villada es una localidad española de la provincia de Palencia, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Se encuentra en el valle del río Sequillo, en la comarca de Tierra de Campos.
La página oficial del Ayuntamiento de Villada señala que «su topónimo proviene del sustantivo latino “Villa” en unión con el antropónimo árabe “Adda”; sería, pues, el lugar de la pequeña quinta de Adda. Fue lugar repoblado en el año 907 por el rey Alfonso III (...). Cincuenta años más tarde sería refundado el pueblo por algunos mozárabes, de ahí el antropónimo Adda, con la iglesia de Santa Maria de la Era».
Su escudo es uno de los que aparece en el Patio Federal Argentino, al que le dedicamos las entradas de los días 11, 12, 13, 14, 15 y 16 de marzo y la de ayer, 9 de octubre.
Desde el 10 hasta el 15 de marzo pasado dedicamos nuestras entradas a los escudos que se encuentran en el Patio Federal Argentino de la ciudad española de Cervatos de la Cueza, patria del padre del Padre de la Patria.
Dice en la página web del municipio:
«El nombre de Autilla parece proceder del adjetivo latino “altam” y el sufijo “elam” que vendría a significar “el lugar de la pequeña altura”. Lo “del Pino” alude a “cerro peñascoso”. Por tanto nada tiene que ver con “pájaros autillos” ni de “pinar cercano” como se ha venido afirmando. Ya a finales del siglo XI se citaba al lugar como “Villa Ota y Villa Otiella” en alusión a villa altilla, colgada de un páramo a 860 metros»; de allí que se la conozca por su mirador que permite una magnífica vista de Tierra de Campos. Autilla estuvo amurallada; de su muralla sólo se conserva una de sus puertas, que es conocida actualmente como arco principal.
Su escudo: En campo de azur una villa amurallada de oro, cubierta de gules. Cargada su puerta de un escudete de plata con un pino de sinople frutado de tres piñas de oro.