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sábado, 13 de junio de 2026

"El león heráldico"

Hace trece años compartimos este magistral artículo de Gilbert K. Chesterton, publicado en la antología "Ensayos" de Editorial Porrúa, de México. Lo hicimos mediante fotografías de las páginas del libro. Ahora volvemos a publicarlo,  en formato de texto, intercalando algunas imágenes de escudos argentinos que exhiben leones en sus campos. Mañana se cumplen 90 años de la muerte de Chesterton.


Escudo de San Marcos Sud
(Córdoba)



EL LEÓN HERÁLDICO

Sir Thomas Browne fue, como todos saben, un médico. Un tipo de médico algo extraño que en muchos aspectos contrasta singularmente con los doctores de hoy día. Por ejemplo, escribió una obra elocuente y detallada sobre el entierro en urnas, los cementerios y la muerte en general, tema que en la actualidad los médicos procuran eludir. Pero en nada es tan permanentemente interesante como en sus relaciones con la notable zoología de su tiempo. Su magnífica retórica religiosa y toda su dimensión literaria son evidentemente inmortales. Nunca se ha dicho sobre el alma nada mejor que esa frase de Browne que la define como lo que hay en el hombre «que no debe rendir homenaje al sol». Pero es necesaria una defensa más delicada de su ciencia original y, en verdad, de toda la ciencia medie val de la que tomó sus ideas. Sabemos que su teología era cierta. Sabemos que su zoología era incierta, pero no nos apresuremos a dar por supuesto que, en consecuencia, carecía de importancia. Esta vieja y fantástica ciencia ha sido por lo general mal comprendida. Ha hecho de cada criatura un símbolo más que un hecho, pero ha creído que todos los hechos materiales eran valiosos como símbolos de hechos espirituales. En realidad, no le importaba mucho si el león era un animal noble que no hacía daño a las vírgenes. Lo que deseaba dejar en claro era que si el león es un animal noble no puede hacer daño a las vírgenes. 

Escudo de Carmen de Patagones
(Buenos Aires)

Permítaseme citar este ejemplo de lo que quiero decir. Toda persona moderna inteligente puede ver fácilmente que el león heráldico es muy distinto del león real. Pero lo que nosotros, los modernos, no comprendemos bien es lo siguiente: el león heráldico es mucho más importante que el león real. No encuentro palabras para expresar la absoluta carencia de importancia del león real. El león real es una especie de gato grande y peludo que da la casualidad que vive (o más bien muere) en desiertos inútiles que nunca hemos visto ni deseamos ver, un animal que jamás nos ha hecho bien alguno y que, dadas nuestras circunstancias, tampoco nos puede hacer ningún mal; algo tan trivial para todos nuestros propósitos como los peces de lo más profundo del mar o los minerales de la luna. No hay razón terrenal alguna para suponer que posee ninguna de las esas cualidades leoninas tal y como nosotros solemos entenderlas. No hay motivo alguno para imaginarse que es generoso o heroico y ni siquiera orgulloso. Algunas personas que han luchado con él dicen que ni siquiera es valiente. No afecta a la vida humana en aspecto alguno. No se puede hacer de él un peón, como se puede hacer con el buey; no se puede hacer de él un deportista y un caballero, como se puede hacer con el perro. No puede compartir nuestras herramientas ni nuestros placeres; no se puede uncir un león a un arado ni cazar un elefante con una jauría de leones. No tiene nada que pueda interesar al hombre, y ni siquiera sirve para comérselo. Desde su melena sarnosa y sobreestimada hasta la punta de su cola (con la que, según tengo entendido, se golpea para sobreponerse a su cobardía natural), de la melena a la cola, iba diciendo, es una mole de nimiedad. Es, simplemente, un gato extraviado que ha crecido en exceso. Y es un gato extraviado que nunca aparece por nuestras calles. Vive su existencia trivial en regiones que ningún hombre blanco puede habitar sin enloquecer a causa del calor y la monotonía. Tenemos que ponerlo en nuestros museos y lugares semejantes como tenemos que poner trocitos minúsculos de piedra gris de modo que parezca que las podríamos recoger en la calle o exhibir escarabajos pardos de aspecto doméstico que no podría mirar dos veces ningún niño que se precie. 

Escudo del cardenal argentino Jorge Mejía
(1923-2014)


Pero el único león que tiene alguna importancia práctica terrenal es el león legendario. Es realmente útil tenerlo al alcance. Sostiene el escudo de Inglaterra, que de otro modo se caería a pesar de los esfuerzos bien intencionados del unicornio, cuyos cascos son deficientes en cuanto a su capacidad prensil. El león africano no le interesa a nadie, pero el león británico, aunque no exista, importa. Significa algo; es el único verdadero objeto existente que significa algo; y el león africano real nunca ha conseguido significar nada. El león legendario, el león hecho por el hombre y no por la naturaleza, es ciertamente el rey de los animales. Es una gran obra de arte, una gran creación del genio humano como la catedral de Ruán o la Ilíada. Conocemos su carácter a la perfección, como conocemos el carácter del señor Micawber o el de otras muchas personas que no se han tomado la molestia de existir de una manera meramente material. Sus virtudes son las virtudes de un gran caballero europeo; nada hay de africano en su ética. Posee el sentido de la santidad y la dignidad de la muerte que acompañan a tantos de nuestros antiguos ritos. No toca a los muertos. Tiene ese extraño culto de una castidad brillante y orgullosa que es el alma de nuestra Europa y se halla en Diana, en las Vírgenes Mártires o en Britomart, que dejó una blanca estrella solitaria en las tormentas sensuales del drama isabelino y hoy reconquista el mundo bajo su nueva forma: el culto de los niños. El león no hace daño a las vírgenes. En gran número de leyendas y poemas antiguos se encontrará la descripción de la negativa de algún león eminente a tocar a alguna joven dama eminente. Algunos dicen que ese sentido de la delicadeza es mutuo, y que esas mismas damas jóvenes también se niegan a tocar a los leones. Puede ser cierto, pero aun siendo así sólo tendría validez, probablemente, para el león inferior o real, para el simple león del África, animal despreciable al que ya hemos enviado a pasear por sus desiertos, desiertos tan inútiles que constituyen el basurero del universo. Hemos convenido en que el león valioso es una criatura creada enteramente por el hombre, lo mismo que el hipogrifo y la quimera, la sirena y el centauro, el gigante de cien ojos y el gigante de cien manos. El león que aparece a un lado del escudo real es tan fabuloso como el unicornio que aparece al otro lado. En la medida en que no es meramente fantástico e imposible, reúne todas las buenas cualidades de una especie de caballero rural supercelestial. Me temo que el león heráldico esté desapareciendo de nuestros escudos de armas. Sin embargo, todavía ondea valientemente en ciertos lugares de entretenimiento donde se han refugiado tantas de las tradiciones mejores de nuestra vieja civilización. Si veis al león rojo, que debería estar en el escudo de un caballero, pintado solamente en la muestra de una pomada, recordad todas las grandes verdades que habéis leído en este artículo; recordad que ese león heráldico de la muestra es el símbolo de todo lo que nuestra civilización cristiana ha elevado a la categoría de vida, energía y honor: la magnanimidad, el valor, el desdén por las victorias fáciles, el desprecio por todos los que desprecian a los débiles. 

Escudo de la Escuela de Suboficiales de la Armada


Quizá en este artículo nos hemos extendido demasiado hablando del león. Podrían citarse otros muchos ejemplos. El leopardo heráldico no deja de tener sus méritos. Los hombres de cabeza de perro del África son enormemente interesantes. Y tampoco debemos olvidar aquella memorable descripción del hipopótamo —«medio hombre y medio caballo»— debida a Jean de Mandeville. Esto es lo que podría llamarse un bosquejo impresionista o simbolista de un animal: evita los detalles enfadosos y ofrece a cambio una sensación de volumen y atmósfera. He visto con frecuencia al hipopótamo en su jaula de los Jardines Zoológicos y me he preguntado qué parte de su aspecto o fisonomía impresionó al incisivo Mandeville como propia de alguna persona humana conocida. ¿Había visto una clase de hipopótamos muy humana o se había mezclado con alguna clase de hombres hipopotámica? Pero las observaciones generales que he hecho acerca del león medieval, del león heráldico, tienen igualmente validez para todas esas otras monstruosidades o combinaciones medievales. Todas eran ficticias. Todas eran enteramente diferentes e independientes del animal vivo que teóricamente les había servido de modelo. Quienes escribieron sobre ellos, hablaron de ellos y discutieron con gravedad sus atributos físicos, mentales y morales, sentían en el fondo de sus corazones y sus mentes una absoluta indiferencia hacia si existían o no en realidad. La Edad Media rebosaba lógica. Y la lógica, en sus ejemplos y símbolos, es por naturaleza enteramente indiferente a la realidad. Es tan fácil ser lógico con respecto a las cosas que no existen como con respecto a las cosas que existen. Si dos veces tres son seis, es cierto que tres hombres con dos piernas cada uno tendrán seis piernas entre todos. Y si dos veces tres son seis, es igual mente cierto que tres hombres con dos cabezas cada uno tendrán seis cabezas entre todos. Que nunca haya habido tres hombres con dos cabezas cada uno no invalida la lógica lo más mínimo. Hace la deducción imposible, pero no la hace ilógica. Dos veces tres siguen siendo seis, ya se lo reconozca en los cerdos o en los dragones llameantes, ya se lo reconozca en las cosas humildes o en los castillos en el aire. Y el objeto de toda esa gran ciencia medieval y renacentista era sencillamente encontrar en todas partes, cualesquiera que fueran, ejemplos de su filosofía. Si el hipopótamo ilustraba la idea de justicia, enhorabuena; si no la ilustraba, tanto peor para el hipopótamo. Esos antiguos trataban de hacer de los animales sólo un símbolo del hombre. Algunos modernos tratan de hacer del hombre sólo un símbolo de los animales. Esos científicos antiguos sólo se interesaban por el lado humano de los animales. Algunos de los científicos modernos sólo se interesan por el lado animal de los hombres. En vez de hacer del mono y del tigre meros accesorios del hombre, hacen del hombre un mero accesorio, una mera idea tardía del mono y el tigre. En vez de emplear al hipopótamo para ilustrar su filosofía, emplean al hipopótamo para hacer su filosofía, y ruego a Dios que ni ustedes ni yo leamos nunca los grandes libros enjundiosos que escriba el hipopótamo.

viernes, 12 de junio de 2026

Escudos en la Sala Medina de la Biblioteca Nacional de Chile

Ayer, al hablar del escudo de Buenos Aires que adorna la Sala Medina de la Biblioteca Nacional de Chile,  nos referimos al pasar a los blasones de otras tres ciudades  hispanoamericanas que también se encuentran en ese mismo espacio.

De modo que, como curiosidad,  compartimos hoy las imágenes de los tres escudos restantes. Todos los textos están tomados del sitio de SURDOC  de donde tomamos las imágenes.

El escudo de Santiago de Chile:


Descripción
 
Composición en forma triangular en que se representa el escudo heráldico de la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, nombre completo de lo que hoy conocemos solo como Santiago o Santiago de Chile. Se trata de un escudo coronado. Tiene un campo de color en que se incluyen 8 veneras doradas o conchas, al interior un campo blanco en el que se incluye un león rampante que sostiene una espada con su garra derecha en alto.

Historia de propiedad y uso
Su origen se remonta a la creación de la Sala Medina. La sala ostenta una serie de pinturas murales realizadas por el pintor Courtois de Bonnencontre, que representan los sitios más significativos dentro de la trayectoria del sabio nacional: el Archivo de Indias y la ciudad de Sevilla, la localidad de Simancas en Valladolid, La Cartuja y Lima, además de 4 escudos de Armas de las ciudades en que estuvo Medina.
Historia del objeto
Carlos I de España (V de Germania) por real cédula del 12 de febrero de 1552 se le concede el título de ciudad a Santiago y el 5 de abril se instaura este diseño de escudo. Tal como se muestra, este diseño se usó hasta 1863, fecha en que se cambia por otro.


El escudo de Lima:


Descripción

Composición en forma triangular en que se representa el escudo heráldico de la ciudad de Lima, Perú, otorgado por la corona española en 1537. Tiene un campo azul con tres coronas de oro de reyes encima de ellas una estrella brillante y en una orla la leyenda en latín “Hoc signum vere regum est”. A los costados 2 águilas coronadas de color negro encontradas, sobre ellas la letra I y la K (Ioana y Karolus) los reyes españoles del imperio español y, sobre éstas, una estrella de oro. Ésta última estrella al centro arriba se considera la estrella de belén como una guía y que también reafirma ser el verdadero signo de los Reyes, que es la traducción del texto en latín.

Historia de propiedad y uso

Su origen se remonta a la creación de la Sala Medina. La sala ostenta una serie de pinturas murales realizadas por el pintor Courtois de Bonnencontre, que representan los sitios más significativos dentro de la trayectoria del sabio nacional: el Archivo de Indias y la ciudad de Sevilla, la localidad de Simancas en Valladolid, La Cartuja y Lima, además de 4 escudos de Armas de las ciudades en que estuvo Medina.

Historia del objeto

El escudo de armas de Lima fue otorgado por la Corona española el 7 de diciembre de 1537 mediante Real Cédula firmada en Valladolid por el Emperador Carlos V y su madre la Reina Juana I de Castilla, dotando a la ciudad de Lima de ostentar el escudo. En la Cédula, conservada durante un tiempo en el Archivo del Cabildo, y posteriormente conocida por su transcripción en otro archivo de la ciudad, se describe el escudo del siguiente modo:

"Un escudo en campo azul, con tres coronas de oro de reyes, puestas en triángulo, y encima de ellas, una estrella de oro, la cual cada una de las tres puntas de dicha estrella toque a las tres coronas, y por orla unas letras de oro que digan: 'Hoc signum vere regum est', en campo colorado, y por timbre y divisa dos águilas negras de corona de oro de reyes, que se miren la una a la otra, y abracen una I., y una K., que son las primeras letras de nuestros nombres propios, y encima de estas dichas letras una estrella de oro, según aquí van figuradas y pintadas".


El escudo de la ciudad de México: 


Descripción

Composición en base a un escudo heráldico, en el blasón al centro torreón con una ventana y sobre él, ave blanca echada en un nido compuesto de ramas vegetales, a los costados dos leones rampantes. Por fuera, hojas de acantos. Fondo de color ocre.

Historia de propiedad y uso

Su origen se remonta a la creación de la Sala Medina. La sala ostenta una serie de pinturas murales realizadas por el pintor Courtois de Bonnencontre, que representan los sitios más significativos dentro de la trayectoria del sabio nacional. En este caso, la representación se enlaza con otras 3 ciudades americanas en las que Medina trabajó recopilando lo que sería la Biblioteca Americana: Buenos Aires, Lima, Santiago y Ciudad de México adornan las 4 esquinas de la Sala Medina.

Historia del objeto

La torre al centro es y simboliza el imperio mexica y la ciudad de La Gran Tenochtitlán, que se representa como un castillo. Las ramas con pencas de nopal sobre las que está echado el ave o Águila hacen referencia directamente al nombre propio de Tenochtitlán. Los dos leones a cada lado de la torre, y al que le clavan sus uñas, son símbolos del poder de dominio y sometimiento, de victoria, y connotan la derrota de la ciudad conquistada (victoria de los conquistadores españoles).

 

jueves, 11 de junio de 2026

Escudo de Buenos Aires en la Biblioteca Nacional de Chile

Ernest Courtois, más conocido como Ernesto Courtois de Bonnencontre, fue un pintor nacido en Francia en 1859, pero que se instaló en Chile en 1907, y en el país vecino desarrolló una amplia labor artística hasta su muerte, en 1955.

Se destaca su participación en las celebraciones del centenario de la independencia de Chile, como parte del Consejo de Bellas Artes encargado de organizar la Exposición Internacional de 1910, y en la decoración de cielos y cornisas de varias salas del nuevo Palacio de Bellas Artes. Otro encargo de importancia fue un gran tela en la Universidad de Chile,  que resultó destruida en 1931, en las revueltas contra el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo. Asimismo, fue amigo de José Toribio Medina (1852-1930), quien en 1925 le encomienda unas pinturas murales para decorar la Sala de la Biblioteca Nacional que llevaría su nombre.

Precisamente en este último ámbito se exhibe el escudo de Buenos Aires que compartimos en la entrada de hoy, celebrando el 446° aniversario de la fundación de nuestra ciudad:



Dice la ficha técnica de la obra (obtenida en el sitio SURDOC):

Título

Escudo de armas de la ciudad de Buenos Aires

Descripción

Composición en forma triangular en que se representa el escudo heráldico de la ciudad de Buenos Aires. En él se representan dos galeones con sus velas desplegadas enfrentados sobre un curso de agua, sobrevolados por un águila [sic] de perfil, color blanco.

Estado de conservación

Bueno

Lugar de creación

Santiago

Fecha de creación

1925

Historia de propiedad y uso

Proviene del diseño de 1907, aunque en el de 1649, 1744 y 1747 ya se incluían similares elementos: la paloma, los dos navíos y el ancla que en esta representación se suprimió y que representa el “puerto”. El nombre dado al Puerto de la Trinidad y Ciudad de Santa María de Buenos Aires, en este escudo está simbolizando la idea de un fondeadero con dos navíos anclados y la paloma blanca en el aire es la representación del Espíritu Santo, o sea la Santísima Trinidad, nombre del Puerto.

Historia del objeto

Su origen se remonta a la creación de la Sala Medina. La sala ostenta una serie de pinturas murales realizadas por el pintor Courtois de Bonnencontre, que representan los sitios más significativos dentro de la trayectoria del sabio nacional. En este caso, la representación se enlaza con otras 3 ciudades americanas en las que Medina trabajó recopilando lo que sería la Biblioteca Americana: Buenos Aires, Lima, Santiago y Ciudad de México adornan las 4 esquinas de la Sala Medina. 




Habrá notado el lector que mientras en la descripción se habla incorrectamente de un "águila", renglones más abajo se dice, con propiedad, que se trata de una paloma que representa al Espíritu Santo.

miércoles, 10 de junio de 2026

"Cómo ven los colores los heraldistas"


En el Día Internacional de la Heráldica,  compartimos la adaptación al español de esta simpática infografía: "How heraldists see the colours".


martes, 9 de junio de 2026

Escudo del Departamento de Asesoría Técnica de la Armada del Uruguay

El Escudo de Armas del Departamento de Asesoramiento Técnico trae sobre campo de sable (negro), un caldero de guerra ajedrezado de oro y gules, suspendido de una cadena de plata, y una flama también de oro y gules. Timbra con una corona naval de su divisa reza: “EL CONOCIMIENTO APOYA LA DECISIÓN”.



Significado

El caldero de guerra ajedrezado de oro y gules, riqueza y valor respectivamente, es el símbolo que relaciona al DATA con la Dirección del Material en su cometido de apoyo a la Armada. La flama en oro símbolo de juicio, inteligencias y constancia. El campo de sable (negro) denota voluntad, honestidad y rigor en el cumplimiento de la misión de apoyo. La plata de la campaña (tercio inferior del escudo) representa firmeza y seguridad. El azur de los trangles ondeados, corresponde al color de los océanos que caracteriza a los centinelas de la soberanía nacional en el mar, a quienes brinda apoyo este Departamento. La botadura de sinople (verde), indica servicio, abundancia e industria. La divisa o voz de guerra “EL CONOCIMIENTO APOYA LA DECISIÓN” manifiesta la firme determinación de buscar el conocimiento como herramienta fundamental de decisión.


La misión del Departamento de Asesoría Técnica de la Armada (DATA) es 

asesorar al Mando en la elaboración de Planes Directores, estrategias y políticas de corto, mediano y largo plazo y sobre el estado, mantenimiento, modificación, adquisición, estandarización, y/o sustitución del material en todas las áreas funcionales de la Organización

Información e imagen tomadas del sitio oficial de la Armada Nacional del Uruguay. 

lunes, 8 de junio de 2026

Escudo de la Escuela de Educación Secundaria N°19 "Lola Mora" de Luján (Buenos Aires)

La Escuela Secundaria Número 19, de Luján, se identifica con este escudo:


Se trata, como resulta obvio, de una escuela con orientación en Arte. En 2019 se le impuso el nombre de "Lola Mora". Ayer se cumplieron 90 años de la muerte de la artista.

domingo, 7 de junio de 2026

Escudos en el "Nobiliario del antiguo Virreynato del Río de la Plata": Vértiz

Al llegar a la letra V,  ya casi al final de nuestro recorrido alfabético heráldico dominical por el Nobiliario del antiguo Virreynato del Río de la Plata,  hemos elegido un linaje y un apellido muy conocido y muy importante, el de nuestro  segundo Virrey: Vértiz.



El Nobiliario menciona en primer lugar a Juan Miguel de Vértiz, bautizado en  Oyergui, Señor de la Casa de Vértiz, y de Machico Terena, casado en 1581 con Juana de Garay y fallecido en 1617. Su nieto Juan José de Vértiz y Barberena se radicó México, donde fue Alcalde de Tafalla y se casó con María Josefa de Ontañón. Nuestro Virrey es el nieto de estos:


Nos referimos al escudo de Vértiz, a las distintas opiniones sobre el origen y simbolismo de sus armas "grandes" y a las complejas cuestiones históricas y genealógicas conexas,  el 17 de abril de 2012.

El escudo que ofrece el Nobiliario es este:



Armas: Cortado 1°) de azur sobre ondas de plata una sirena al natural con un espejo en su mano derecha y un peine en la izquierda, entre dos hachas encendidas. 2°) de plata dos lobos andantes de sable, y superando ambos cuarteles una faja con tres órdenes de escaques de plata y sable.



El único americano entre los virreyes del Plata fue el más progresista, no en el patético sentido actual de la palabra, sino en su verdadero significado: quien procura el progreso material y espiritual de su pueblo.