Buscar en este blog

miércoles, 26 de octubre de 2022

Escudo de Adolfo Alsina (Buenos Aires) (2 de 2)

Ayer hablamos de la historia del escudo de Adolfo Alsina: nos referimos al concurso abierto en 1976 para dotar de un blasón a la ciudad,  finalmente declarado desierto, y de la consulta oficial al Colegio Heráldico de la Argentina, que dio como resultado un escudo hermoso y bien diseñado, en que se nota la mano experta de Jorge de Zarazaga-Berenguer.



Pero, como vimos ayer, si bien ese escudo data de fines de 1977, hasta 1988 -por motivos desconocidos- se usó otro muy distinto. Con datos -como ayer- tomados del sitio del Museo Regional Dr. Adolfo Alsina, vamos ahora a desentrañar esa parte de la historia.



El escudo diseñado por el Colegio Heráldico al parecer no se había utilizado nunca y en cambio se utilizaba un escudo que contaba con una espiga de trigo y una cabeza de vacuno de un reconocido calco de la época. El entonces intendente, Guillermo Narbaitz, consultó  al Colegio Heráldico sobre este asunto y recibió una respuesta del mismo Zarazaga-Berenguer el 19 de julio de 1988:


“[…] Paso a continuación a expedirme sobre el informe que me solicitara referente a una lámina impresa que dice en su parte superior “Escudo de Armas del Distrito de Adolfo Alsina”. Dejando de lado el hecho de que los elementos que lleva no son representativos de esa zona EN PARTICULAR sino que podrían aplicarse a prácticamente cualquier otra, debo decirle que ni en su composición –por llamarla de alguna manera- ni en su concepción ni en sus colores, tiene ni aún la más remota conexión con la ciencia del blasón.

Los colores empleados no existen en heráldica, el estilo del dibujo tampoco tiene relación con la misma, el número de torres no corresponde. Resulta inconcebible poner el retrato de un toro, que además lo mismo que el caldén están fuera de la posición que debieran tener en un escudo, lo mismo puede decirse de la archimanida rueda dentada, que no deja de faltar [sic; debe decir "no deja de estar"] en ningún escudo hecho por aficionados, o de la espiga de trigo. Los colores usados en la supuesta corona mural sirven para acentuar su falta de estética; en suma creo que difícilmente se hubiera podido lograr, aún proponiéndoselo, un adefesio de tal magnitud.

Lamento tener que expresarme en los términos expuestos ante su consulta, pero aún creo que son benevolentes, ante el atentado a la estética y a la cultura que el mismo representa. […].

 

Al ver el escudo resulta evidente que Zarazaga-Berenguer tenía razón: 


 

El Departamento Ejecutivo  envió entonces al Concejo deliberante el testimonio del acta de 1977 y la nota referida arriba. El cuerpo deliberativo promulgó finalmente la ordenanza Nº 688 del 19 de noviembre de 1988, en la que oficializa el escudo elaborado por el Colegio Heráldico de la Argentina como representativo de Carhué y Adolfo Alsina, y declara fuera de uso oficial al utilizado hasta ese momento.  



Dos reflexiones finales. 

1. Una nota periodística que mostramos ayer se refería a la viciosa práctica ... de llamar a concurso para la confección de escudos, concursos en los que ni los participantes ni el jurado resultan ser idóneos. Nada más cierto. No hace falta más que mirar la mayoría de los escudos municipales argentinos, muchos de ellos diseñados por niños o adolescentes (con buena voluntad, sin duda, pero sin criterio heráldico ni estético alguno). 

2. Las palabras de Zarazaga-Berenguer en la nota que reproducimos hoy son también iluminadoras. Muchos escudos municipales argentinos son tan genéricos que podrían intercambiarse sin que nadie lo advirtiera. Suelen exhibir el inconcebible pero omnipresente retrato de un toro o la archimanida rueda dentada, que no deja de estar  en ningún escudo hecho por aficionados.

Por eso felicitamos al partido de Adolfo Alsina por el trámite que siguió con su escudo, y por el esbelto símbolo que identifica y enorgullece a la ciudad.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario