Buscar en este blog

Mostrando las entradas con la etiqueta historia de la Heráldica en la Argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta historia de la Heráldica en la Argentina. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de mayo de 2023

"El Escudo Municipal de la discordia"

"El Escudo Municipal de la discordia" es el título de una nota publicada en el medio virtual Avellaneda Hoy. Su autor, el historiador Oscar Andrés De Masi, relata la historia del concurso de diseño organizado en 1953 para realizar el escudo municipal de Avellaneda y recuerda las tensiones políticas que se pusieron de manifiesto en esa ocasión.

Resumiremos los datos principales del artículo y compartiremos algunos fragmentos textuales (en cursiva), junto con otros datos e imágenes que tomamos del blog Archivos del Sudeste.

La Ordenanza Nº 2320 del año 1949 había autorizado a la Intendencia municipal de Avellaneda a llamar a un concurso artístico para la creación de un escudo oficial. En general, se intentaba que los distritos de la provincia de Buenos Aires que no tenían blasón oficial, tuvieran uno, como parte de una agenda de fortalecimiento de la identidad de las comunas. 

(...)

En noviembre de 1953 fue dictado el Reglamento respectivo, que autorizaba a cada concursante a enviar un máximo de dos diseños, originales e inéditos, presentados en papel blanco de 0,40 m por 0,30 m.

Las propuestas debían acompañarse en dos versiones: una a todo color y otra en tinta china (aunque esta última debía observar las convenciones propias de la heráldica para la representación de los colores).

Con cada diseño debía adjuntarse una memoria técnica, en la cual el autor o la autora explicarían la forma elegida, la partición y repartición de los campos, los colores, el simbolismo etcétera.

Era obligatorio incluir, dentro o fuera del blasón, la leyenda “PAZ Y TRABAJO”.

 

El jurado, compuesto por seis miembros más el intendente, emitiría su voto en base a la identificación que los diseños lograran, tanto con los “postulados nacionales” (es decir la agenda programática del gobierno peronista de entonces y su Plan Quinquenal), como con la idiosincracia de Avellaneda. Se requería también cierta unidad formal con los escudos nacional y provincial, lo que, salvo por la forma ovalada, no se cumplió.

Participaron 21 artistas, entre los cuales sólo una era mujer (porteña pero afincada en Avellaneda), que resultó  la ganadora. 

El jurado se expidió en enero de 1954 y el diseño de la señorita Maruja Zapata, de 21 años, fue elegido por unanimidad. La recompensa en dinero era de $2.000 de aquel entonces.

El escudo fue exhibido desde el 8 al 22 de julio en una vidriera que se montó en la Dirección de Cultura, sobre la avenida Mitre. 

El escudo era original, pero indudablemente la política había quedado implicada en el concurso desde un primer momento...

El diseño ganador

Dentro de un contorno ovalado, aparecía una rueda dentada. Un brazo sostenía, en primer plano, sobre la palma de la mano, el perfil de un edificio fabril. Por detrás, un ala. En una cenefa se leía la leyenda “PAZ Y TRABAJO”. También se incluyó un ramo de laureles cuyas hojas iban separadas por puntos rojos. Todo ello con evidente voluntad de forma moderna, que fue una característica de la producción gráfica del justicialismo de aquellos años.

La autora explicó el simbolismo elegido de la siguiente manera: la rueda dentada representaba la industria; el brazo era el factor humano inherente al trabajador, con su capacidad y energía; el edificio fabril, con sus chimeneas, era el resultado del esfuerzo laboral (...); el ala evocaba las condiciones de justicia social e integridad moral del trabajador argentino: los laureles eran los llamados “laureles peronistas”, casi idénticos a los del escudo justicialista oficial, y significaban en ambos casos la lealtad al líder del movimiento justicialista.

Una valoración meramente estética de la obra de Maruja Zapata permite apreciar unos valores gráficos dignos de ponderación. El diseño es neto y atractivo, y los colores logran un efecto interesante. La autora consiguió plasmar en su trabajo una síntesis de las bases propuestas por el Reglamento. Pero el problema iba a plantearse en relación con las notas políticas del blasón y sus símbolos. En este punto, la artista no podía ser culpada por haber interpretado tan cabalmente las bases del concurso. El conflicto se derivaba, justamente, de la filiación implicada en aquellas bases. O más bien de un aspecto en especial: los laureles y su connotación partidaria.


El diseño de la joven Zapata para el escudo de Avellaneda 

asumía los rasgos formales de la producción gráfica del período justicialista, que fue muy prolífica y formó parte de una estrategia de comunicación visual sostenida...

Precisamente por ello se generó una gran discordia en el Concejo Deliberante.

El 7 de julio de 1954 se reunió el Concejo Deliberante de Avellaneda con el objeto, entre otros, de aprobar la actuación del jurado y oficializar el escudo elegido y premiado.

El concejal informante, de apellido Cuesta, justificó la decisión y explicó, además, que el escudo reflejaba “el esfuerzo industrial de la populosa ciudad de Avellaneda, ese esfuerzo que la ha levantado como una de las más grandes y poderosas del país, esa marea de fábricas…” etcétera.

Por supuesto, dedicó algunas palabras a la alegoría de la lealtad, la cual representaba, a su juicio, la fidelidad del pueblo de Avellaneda a la figura de Perón. Con estos fundamentos y otros más, solicitaba la aprobación.

En este punto tomó la palabra el concejal Alegre de la Unión Cívica Radical, quien explicó que su bloque no podía bajo ningún concepto aprobar el escudo ya que en las bases no se habían incluido los colores patrios. 

De inmediato una interrupción dio comienzo a un acalorado debate que puso en cuestión también el lema "Paz y trabajo", derivó en cuestiones ajenas al tema, y terminó con el retiro del recinto de la bancada radical en pleno, cuando faltaban quince minutos para la medianoche.

Los peronistas continuaron en uso de la palabra, ahora sin discrepancia. Sostuvieron que los laureles peronistas, casi idénticos a los del escudo partidario, estaban bien puestos allí porque “Avellaneda es una ciudad esencialmente peronista.

Sometido el proyecto a votación, fue aprobado, como era esperable. Era la medianoche. La Ordenanza N° 3590 fue promulgada por el Intendente una semana más tarde, el 14 de julio de 1954.

Aquella ordenanza incluía una descripción del escudo, que pone de manifiesto la clara tendencia partidaria de la que hablamos antes.

Art. 2°: (...) Declárase “Escudo Oficial de la Municipalidad de Avellaneda”, la composición artística y original de la señorita Maruja Zapata, denominada Paz y Trabajo, seleccionada en el certamen realizado el 4 de enero del año en curso, y cuyo diseño responde a las siguientes características:

a)       Forma: ovalada.

b)      Figuras: Rueda dentada sobre el jefe diestro, desde el cual, en medias tintas, parte el escorzo de un brazo que sostiene, en primer plano, sobre la palma de la mano, un grupo arquitectónico fabril, que se halla sobre la punta siniestra. En segundo plano, un ala, cuyo borde superior divide el campo desde el ángulo superior siniestro hasta el inferior diestro. Sobre el jefe y hacia el flanco siniestro hasta la punta, corre una cenefa guarda sobre la que se halla inscripta la leyenda “Paz y Trabajo”. Sobre el flanco diestro, una cenefa ocupa una cuarta parte del borde inferior del óvalo, y contiene, sobre la guarda oscura, hojas de laurel separadas por puntos rojos.

c)       Partición: El borde superior del ala, desde el ángulo superior siniestro hasta el inferior diestro, y el escorzo del brazo, desde el ángulo superior diestro al inferior siniestro, configuran un cuartelado en aspa.

d)      Colores: Azul el campo que contiene la rueda dentada, blanco azulado el campo que contiene el ala; gris el semicírculo diestro de la rueda dentada y círculos concéntricos interiores en valores compensatorios intercambios; carne el escorzo del brazo; gris, tostado y gualda el grupo arquitectónico fabril, en campo geométrico compensatorios; gualda la cenefa superior, que contiene la leyenda “Paz y Trabajo” realizada en gualda oscura; gualda oscuro la cenefa inferior, con laureles verdes con hojas separadas por pequeños círculos rojos.

e)      Simbolismo: La rueda dentada representa la industria; el brazo, el factor humano y la capacidad, energía y valor que el hombre representa; el grupo fabril, el resultado del esfuerzo del trabajo; el ala, las condiciones de justicia e integridad moral del trabajador como elemento esencial del desarrollo general; los laureles peronistas, la lealtad del pueblo de Avellaneda con el líder del Justicialismo y su integración dentro del movimiento nacional por una nación libre, justa y soberana.

Ese polémico blasón municipal duró poco, ya que fue suprimido tras el golpe de estado de 1955.

miércoles, 12 de mayo de 2021

«Los escudos de la región pampeana argentina...»: Escudo de Tornquist (Buenos Aires)

El último escudo considerado en el trabajo de la licenciada Enrique (ver la entrada del 3 de mayo) es el de Tornquist. Transcribimos a continuación la parte pertinente.



«Por último, consideramos el caso del partido de Tornquist (Figura 8), teniendo en cuenta que, como mencionamos, las localidades que lo integran no poseen escudos propios. Dicho partido fue fundado en 1910 mediante la Ley provincial 3.288 al renombrar al partido de “Las Sierras”, creado en 1905 (Ley provincial 2.926) tomando terrenos de los distritos de Bahía Blanca, Púan, Villarino y Saavedra. El nuevo nombre rinde homenaje a Ernesto Tornquist (1842-1908), quien fuera un reconocido empresario que tras la campaña militar de Roca a la Patagonia (...) 

Como mencionamos, la zona era conocida como sierras de la Ventana ya en el siglo XVIII en relación con el cerro Ventana, que posee una abertura en su cima de aproximadamente nueve metros de alto y cinco de ancho, visible desde la base. Al pie del cerro Ventana, declarado monumento natural provincial (Decreto 2.238/59, Ley 11.750/95), se encuentra el Parque Provincial “Ernesto Tornquist”, creado en 1958 con el objeto de conservar el pastizal serrano pampeano y la fauna nativa. Durante el siglo XIX y en función del avance de las fronteras se instalaron también la posta El Sauce en la campaña de Rosas de 1833 –luego Fortín Pavón (1862)– y la Comandancia del Fuerte Argentino (1876). Hoy la ciudad de Tornquist es la cabecera del partido y sede de la Comarca Turística Sierras de la Ventana que integra la gestión turística de las localidades de la región. 

La forma del escudo es la más original ya que al formato tradicionalmente español redondeado en la punta de la mayoría de los demás añade un borde superior convexo, coronado por un sol que asoma. La cinta con los colores celeste y blanco que cierra el escudo por debajo indica su pertenencia a la nación argentina. El contorno en rojo intenso como filiera de esmalte gules sugeriría coraje y fortaleza según la heráldica clásica. 

Fue creado por Orlando Capella, ganador del concurso público organizado por el municipio en noviembre de 1964 (Ordenanza 16/64). El 26 de diciembre del mismo año el escudo fue adoptado mediante la ordenanza municipal número 29. Se destaca la representación del hueco en la roca del cerro Ventana que da origen al nombre de la localidad dentro de un corte en forma de “V” conocido como “mantelado en jefe” –la parte superior–. Debajo observamos las figuras de una oveja, un ciervo, un caballo y una vaca en posible referencia a las especies nativas y las introducidas que sustentan la ganadería. Se distingue el ciervo con respecto a los demás animales debido a que es el único que está en una postura pasante en oposición al ganado que se encuentra en una posición detenida. Estas figuras se hallan semblanteadas por dos espigas de trigo en los flancos que representan la pujanza agropecuaria ya que no es una zona que se caracterice por ser productora de este cereal. Esta sería la única alusión, particularmente indirecta, a la incidencia humana en relación con el ámbito productivo. 

En el centro se observa el contorno topográfico del partido, relleno con imágenes que también aluden a elementos naturales. En este sentido, todos los componentes del escudo remiten a aspectos de la naturaleza aunque algunos de ellos se encuentren vinculados con la explotación humana. Únicamente el perímetro del partido de Tornquist alude a la organización política; sin embargo, también ha sido colmado de vistas del escenario natural. Cabe destacar que ni siquiera el sol que en ocasiones es representado con un rostro tiene rasgos humanos».

sábado, 8 de mayo de 2021

«Los escudos de la región pampeana argentina...»: Escudo de Viedma (Río Negro)

Al escudo de Patagones, en el estudio de Laura Enrique, sigue el de Viedma. Las imágenes de esta entrada son originales de su trabajo

«En el caso de Viedma el escudo presentado al cumplirse el bicentenario de la fundación del Fuerte del Carmen también aludía al origen de una ciudad de antaño (Figura 4a). Su forma respondía al diseño clásico español al igual que el escudo de Carmen de Patagones. Poseía una bordadura en gules que sugería su fortaleza y nobleza, sobre la que se había inscripto en el borde superior el nombre de la ciudad en letras mayúsculas plateadas/ blancas. El campo se dividía en tres reparticiones con el formato medio partido y cortado. Así, en las dos secciones superiores, de fondo dorado, se observaban ocho calderas, cuatro de cada lado, en representación de la historia de la ciudad dado que eran las armas del linaje de Viedma, de procedencia jaenesa (Figura 4b). Esto se encontraba separado de la partición inferior mediante una faja ondulada negra que representaba el Río Negro. 

En el fondo plateado, que simbolizaba la pureza y la integridad, aparecían una cruz, un sable militar y una lanza indígena cruzados basados en el escudo de la provincia de Río Negro, referidos respectivamente a “la conquista espiritual y cultural llevada a cabo por el cristianismo”, “al valor del soldado argentino”, “a los caídos en las Campañas del Desierto” y “la voluntad de defensa y soberanía puesta al servicio de la Nación” (Legislatura de la Provincia de Río Negro 1982). Tanto la cruz y las armas como las calderas y la faja fueron elaboradas en esmalte sable –negro– que representaba el rigor y la honestidad. 


Como timbre, el sol con diecinueve rayos también aludía al escudo tradicional de la provincia de Río Negro (Figura 5a) y con él demostraba la pertenencia jurisdiccional. Ese escudo provincial había sido impuesto por el gobierno de facto en 1967 al derogar la Ley 471 del año anterior (Legislatura de la Provincia de Río Negro 1966), pero recién fue legitimado mediante la Ley 1.594 de 1982. No obstante, el 15 de setiembre de 2009, la Legislatura de la Provincia de Río Negro sancionó la Ley 4.444 restableciendo la vigencia del primer escudo aprobado por la Ley 471/66 (Figura 5b). 


El escudo de Viedma también recibió críticas relacionadas con el sentido belicista de sus componentes, la reivindicación de los hechos de genocidio cometidos hacia los indígenas y el auspicio del gobierno militar de la dictadura en 1979, razón por la cual el Concejo Deliberante decidió modificarlo. En 2010 el Concejo Deliberante convocó a una Convención Constituyente Municipal para revisar la totalidad de la Carta Orgánica vigente y se recomendó la reforma del escudo local entendiéndolo como “un símbolo que represente clara e inequívocamente el sentir esencial de la comunidad a la que representa” (Convención Constituyente de Viedma 2010, p. 50). Así, al tiempo que resaltaba la importancia de su continuidad temporal, enfatizaba en la función de estas insignias como instrumento de cohesión social afirmando que “los símbolos hacen a la identidad de los Pueblos. Esa identidad es producto de su devenir histórico. Es una construcción colectiva social y es la que permite reconocer las diferentes formas de pertenencia” (Convención Constituyente de Viedma 2010, p. 50). Por lo tanto, la Convención Constituyente argumentó que el Consejo Deliberante debía propiciar la modificación del escudo mediante un concurso abierto a la comunidad porque “ha perdido la representatividad de los valores que como viedmenses compartimos”. 

El nuevo escudo fue presentado en diciembre de 2012 (Figura 6). Para su confección se respetó el formato español original y se reconfiguraron la inscripción del nombre de la ciudad y el timbre de sol. De esta manera, “Viedma” aparece en letras doradas sobre un austero fondo negro con el que contrasta y se aumentó el tamaño de la representación del sol, otorgando mayor flexibilidad a sus rayos. 

Asimismo, se conserva la faja en alusión al río Negro aunque se han modificado su color, pasando de negro a azul, y su forma, reduciendo la cantidad de ondas de tres a una central y dos medias ondas a cada lado. La permanencia de esta faja conlleva que el diseño del escudo siga siendo cortado al medio. La figura central es un faro, cuyos haces de luz en blanco y celeste aluden a la bandera argentina y junto con el sol de la parte superior, al escudo nacional. El faro remite al mar y, al mismo tiempo, a la costa, y representa la guía necesaria para orientarse. El faro original se encuentra en el balneario El Cóndor a 30 km de la ciudad y fue declarado monumento histórico provincial por la Ley 4.210 (Legislatura de la Provincia de Río Negro 2007). 

La repartición inferior es verde –esmalte sinople– en referencia a los valles y la producción agrícola fomentada por el Instituto de Desarrollo del Valle Inferior del Río Negro Comandante Luis Piedra Buena (Idevi). Sobre este fondo se observa el puente ferro-carretero, la infraestructura vial más antigua –inaugurada en 1931– que une Viedma y Carmen de Patagones y, en sentido amplio, Viedma con la provincia de Buenos Aires y la Patagonia con el norte del país. De esta manera, el campo del escudo en su conjunto remite a la triada mar-río-valle como característica distintiva de la ciudad. Además, se incorporaron sobre una bordura dorada a ambos lados dos estandartes como lambrequines que corresponden los símbolos de Castilla y León, en alusión al origen hispano del fundador Francisco de Viedma. De este modo se reemplazó la referencia previa a las calderas con un elemento presente también en el escudo de Carmen de Patagones, lo cual permite emparentarlos, aunque no dejan de ser símbolos anacrónicos. 


En la punta se han colocado un loro y un lobo marino, ambas especies características de la zona que posee la colonia de loros “barranqueros” más grande del mundo y una colonia de lobos marinos de un pelo, protegida en la Reserva Provincial Punta Bermeja, creada en 1971 a poco más de 30 kilómetros de El Cóndor. Cabe destacar que los animales se presentan dándose la espalda mutuamente. Desde atrás del loro y el lobo marino surgen hojas de laurel que dan marco y sostén a la sección inferior del escudo e implican victoria y excelencia. No obstante, este escudo ha encontrado variadas resistencias para su implementación en relación con la falta de sentido de pertenencia que suscita y hoy no tiene un uso extendido».

jueves, 6 de mayo de 2021

«Los escudos de la región pampeana argentina...»: Escudo de Carmen de Patagones (Buenos Aires)

El segundo escudo al que nos referiremos es el de Carmen de Patagones. Remitimos al lector a la primera nota de esta serie para la recta comprensión de lo que estamos haciendo al publicar estos fragmentos del estudio que da título a esta entrada.

Imagen de la nota original

Dice el artículo de la licenciada Enrique:   «Los casos de Carmen de Patagones y Viedma revisten gran interés dado que ambas ciudades evocan el 22 de abril de 1779 como fecha fundacional en común. Ese día comenzó a instalarse el Fuerte del Carmen en la margen sur del río Negro, no obstante, tuvo una corta existencia debido al desborde del río y fue necesario trasladarlo a la barda norte en junio del mismo año. En septiembre de 1779 arribaron las primeras familias pobladoras, gran parte de las cuales en marzo de 1827 se vieron obligadas a defenderse de una invasión de tropas extranjeras que arribaron a la desembocadura del río Negro en el marco de los conflictos entre las Provincias  Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil.

Carmen de Patagones adquirió la condición de ciudad en 1854 y en 1878 se separó de la antigua Mercedes de Patagones cuando esta última se convirtió en la capital de la gobernación de la Patagonia –luego cambió su nombre a Viedma en 18809–. En 1884 se disolvió la gobernación y Viedma perduró de modo informal como la capital del Territorio Nacional del Río Negro. En 1955 el Territorio Nacional del Río Negro fue transformado en provincia y Viedma se consolidó como su capital mediante la Ley provincial 852 (1973). El 27 de mayo de 1987 la sanción de la Ley 23.512 como parte del “Proyecto Patagonia” impulsado por el gobierno de Raúl Alfonsín estableció el traslado de la capital de la nación a un futuro Distrito Federal que abarcaría Viedma-Carmen de Patagones y zonas aledañas. Sin embargo, a pesar de que los plazos previstos caducaron y el traslado no se efectuó, la ley nunca fue derogada por el Congreso de la Nación.

Así, aunque ambas ciudades aluden a una fundación conjunta en función de que los cambios son entendidos como parte de un “traslado”, los poblados fueron conocidos con nombres distintos durante la mayor parte de su historia, las construcciones se iniciaron en fechas diferentes, y no se conserva ningún acta fundacional. En relación con esto, la comparación entre ambas localidades ofrece, además, un plus interesante ya que elaboraron sus respectivos escudos en la misma época con motivo de celebrarse su bicentenario.

El escudo de Carmen de Patagones (Figura 3) fue confeccionado por el Colegio Heráldico de la Argentina a pedido de las autoridades de Patagones con motivo de la celebración del bicentenario de la fundación del Fuerte del Carmen y presentado en abril de 1979.

Su forma corresponde al clásico español y la bordura dividida en ocho ordenes con los símbolos de Castilla –castillos en campo gules– y de León –leones en campo plata– remonta el surgimiento de la localidad al siglo XVIII, y este último alude al origen maragato de los primeros pobladores. En el medio, sobre un fondo amarillo/dorado en referencia al poder, observamos un ancla que indica la relevancia que tuvo el puerto para la localidad, ubicada justo sobre la representación del Fuerte del Carmen que se destaca como figura central.

Estos dos elementos se encuentran además en estrecha relación con el río Negro, simbolizado con los colores y aspecto de las ondas de una bandera argentina. Con respecto a la imagen del fuerte, es preciso subrayar que la representación del escudo que asemeja una fortaleza medieval dista completamente de lo que el Fuerte del Carmen fue en realidad.

Este escudo es el que mayor cantidad de componentes ornamentales exhibe en su borde externo con respecto a los demás casos analizados.

Entre ellos se destaca una corona mural dorada de cuatro torres como timbre, es decir, colocada en la parte superior del conjunto en alusión al carácter magnánimo de la ciudad. La misma está acompañada por una cruz y tres estrellas que representan a la patrona “Del Carmen”. A los lados asoman dos cañones, que marcan el rol defensivo del fuerte y a pesar de la escasa visibilidad que tienen resultan relevantes ya que encontraremos ejemplares de estos antiguos cañones en puntos específicos del centro histórico de la localidad.

Imagen de la nota original con su epígrafe original

Por último, junto a los cañones se despliegan siete pabellones que corresponden a los estandartes capturados en la batalla del 7 de marzo de 1827 contra los brasileños, declarados bienes históricos nacionales (Decreto nacional 401/2003). Las siete banderas brasileñas están rodeadas por una divisa con la frase “son las armas del vencido” tal como era costumbre en los antiguos escudos de armas y llama la atención que aún perdure así lo que lo constituye el único escudo argentino con banderas de otro país. Pareciera ser que el motivo del aniversario indujo a que todas las referencias sean al pasado y a su conformación como ciudad prístina».

lunes, 3 de mayo de 2021

«Los escudos de la región pampeana argentina en la conformación de una historia oficial local»

Gale, según leemos en su sitio web, es  una empresa que «se asocia con bibliotecarios y educadores de todo el mundo» para potenciar el descubrimiento de conocimientos y  conectar a los alumnos con contenidos esenciales a través de una tecnología amigable. Fue en el sitio de Gale donde encontramos este abstract de un trabajo sobre Heráldica argentina:

En este trabajo nos preguntamos acerca de los modos en que se narra el pasado y el tipo de pasados que son legitimados desde ámbitos estatales en relación con una serie de sitios de relevancia durante el periodo colonial tardío. Nos centramos en la región pampeana argentina y estudiamos los casos de las actuales localidades de Macachín (provincia de La Pampa), Viedma (provincia de Río Negro), Carmen de Patagones, Mercedes y el partido de Tornquist (provincia de Buenos Aires). Nos propusimos analizar sus escudos locales con el objeto de indagar en la reconstrucción oficial del pasado colonial de estos lugares mediante los emblemas diseñados para representarlo.

La autora del artículo  es Laura Aylén Enrique, del CONICET. El artículo está fechado en 2016 y fue publicado en APUNTES, «Revista de Estudios sobre Patrimonio Cultural», volumen 29, número 1, de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. En  el sitio de esa universidad y también en otros repositorios digitales encontramos el texto completo del artículo, titulado como esta entrada.

No transcribiremos el artículo, en parte por su extensión y en parte porque no estamos de acuerdo con algunos de sus enfoques y planteos. Pero nos parece interesante compartir fragmentos de la nota,  junto con los escudos analizados, en las versiones publicadas allí mismo, junto con el epígrafe correspondiente a cada uno. 

Mercedes

Carmen de Patagones


Macachín

Tornquinst

Viedma


Lo haremos en varias entregas en días consecutivos. 
En cada caso, transcribiremos primero el fragmento que corresponde al escudo analizado, junto con su respectiva ilustración. Al día siguiente de cada entrada en la que transcribamos parte del estudio de Laura Aylén Enrique, publicaremos una entrada más específicamente heráldica acerca del mismo escudo. Siendo cinco las localidades cuyos escudos son analizados en el estudio que comentamos, serán diez las entradas consecutivas que compondrán esta serie, además de la entrada introductoria de hoy.

«En este trabajo nos interesa indagar en los hechos históricos considerados oficialmente como  hitos fundacionales en las ciudades de Mercedes –antigua Guardia de Luján–, Viedma y Carmen de Patagones –que reconocen el Fuerte del Carmen como su origen–, la localidad pampeana de Macachín –bajo cuya jurisdicción se encuentran las Salinas Grandes– y el partido de Tornquist –como ámbito administrativo donde se ubica el cerro de la Ventana que le diera nombre a las sierras bonaerenses–. Analizamos los modos en que opera la reconstrucción del pasado colonial en estos sitios centrándonos en los escudos locales definidos como “símbolos patrios” desde la propia órbita estatal (Decreto nacional 10.302/44). Esta concepción es extrapolable al sentido otorgado por las provincias y municipios en tanto reconocen estos elementos como símbolos de la soberanía. Consideramos que el análisis de los escudos nos posibilita explorar cómo se (re)construyen los orígenes de los lugares ligados a un pasado previo al que el territorio argentino fuera pensado como nación. En este sentido, resulta preciso interrogarnos acerca de la selección de eventos fundantes que llevamos a cabo, especialmente en el marco de las conmemoraciones de los bicentenarios patrios en 2010 y 2016 con motivo de las luchas independentistas, y en particular en relación con la relevancia que los mismos tuvieron en su tiempo y lugar. Al respecto, Chiaramonte (1989) ha cuestionado la existencia de un “sentimiento nacional argentino” hacia 1810 con el argumento de que en ese momento se presentaba una coyuntura ambigua caracterizada fundamentalmente por un alcance territorial indefinido y la ausencia de legitimación de la nueva soberanía. Por ello examinamos los escudos de Mercedes, Carmen de Patagones, Viedma, Macachín y el partido de Tornquist teniendo en cuenta los elementos que integran cada uno de ellos y prestando atención a las relaciones que podían establecerse entre estos y el pasado colonial de cada lugar, con el objeto de descubrir los modos en que las narrativas fundacionales se expresan en la selección operada y legitimada oficialmente para recordar el pasado colonial».

jueves, 2 de enero de 2020

2010 - Heráldica en la Argentina - 2020

El año que acaba de empezar será el de nuestro décimo aniversario. Por ello Heráldica en la Argentina se viste de fiesta desde el comienzo. En este primer día hábil del año, les anunciamos algunas peculiaridades que tendrá este 2020:

Una de las versiones de mi propio escudo

1) Cada sábado del primer semestre lo dedicaremos a rebloguear antiguas entradas: algunas de las más populares en número de visitas,  las más comentadas, las que hemos retocado estéticamente después de publicadas, las que más nos gustaron...  Entre todos los sábados del año se destaca el sábado 20 de junio, bicentenario de la muerte de Manuel Belgrano.  En la segunda mitad del año haremos lo mismo, pero sólo en  ciertas ocasiones.


Soberbia obra de Vicente Barros de la Lastra

2) El primer domingo de cada mes lo dedicaremos a un tema no estrictamente heráldico, pero emparentado con nuestra disciplina: mostraremos fotos -siempre propias- de importantes monumentos argentinos.


 Bandera que se conserva en el Museo Histórico del Uruguay,
presumiblemente del Regimiento Nº 7 "de Libertos"

3) Los restantes domingos del año los dedicaremos al Escudo Nacional y al escudo de la Ciudad de Buenos Aires.

Fuera de esto,  nuestro Blog seguirá funcionando como siempre, con una entrada por día. 

Eso sí, la entrada del 23 de junio, día en que se cumple nuestro décimo aniversario, será muy especial.

¡Muy feliz 2020, 
queridos lectores y seguidores 
de Heráldica en la Argentina!

lunes, 4 de noviembre de 2019

«La heráldica provincial y municipal argentina ha llegado modernamente al peor de los extremos»

Narciso Binayán Carmona fue un historiador, genealogista y periodista argentino, nacido en 1928 y fallecido en 2008. Se dedicó a varias disciplinas, entre ellas a la Heráldica. 

Hoy queremos solamente traer a este Blog una frase circunstancial escrita por Binayán Carmona en uno de sus numerosos artículos, publicado en 2004 en los Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. La nota se titula "El primer armorial criollo" y se refiere a una obra de Pedro Mexía de Ovando, "La Ovandina de la Nobleza", que merece aquel calificativo. 

Ilustración en la obra original

Entre los escudos comentados en la obra de Ovando hay uno en particular (otorgado a Juan de la Hoz de Salinas) que merece la reprobación de Binayán Carmona, quien afirma: 

Pero no es ese escudo -ajeno a la Argentina- lo que nos interesa, sino la frase lapidaria y verdadera sobre «la heráldica de Estado», que «ha alterado no sólo el arte y la heráldica, sino también la lógica y la simbología». La nota al pie (señalada en el texto con el número 9 volado) prolonga esta crítica con toda razón:
«En este sentido, la heráldica provincial y municipal argentina ha llegado modernamente al peor de los extremos»


"Escudos" de
Tres Lomas, Lobos,
Bernardo Larroude, San Isidro,
Pergamino, General San Martín

Muchas veces este Blog ha sustentado opiniones similares. Busque el lector las entradas con las etiquetas "esperpentos heráldicos" o  "no-escudos". 

Pero además la postura de Binayán Carmona coincide con la que expresa Zarazaga-Berenguer en su obra «Qué es la Heráldica», que hemos comentado en este Blog en 2017 en una entrada titulada «Los "tres períodos" de la Heráldica nacional argentina»:
Los escudos compuestos en esta época oscilan entre ser un catálogo con los productos de la provincia y adoptar las formas más feas y caprichosas que puede sugerir una fantasía desmedida. 
Los casos más extremos de este período lo representan los escudos de Chubut, Neuquén y Formosa.  
Tales escudos, lejos de representar las provincias a las que les han sido impuestos, las agravian en su dignidad. 


Formosa, Chubut, Neuquén

Son palabras duras, pero tristemente ciertas. La situación de nuestra Heráldica oficial (y añadimos: también de la Vexilología oficial) es lamentable. Hemos puesto sólo un puñado de ejemplos, pero la cantidad de escudos ridículos e inapropiados -sobre todo municipales- es enorme. Y lo mismo ha de decirse de numerosas banderas municipales y algunas provinciales...

Con tristeza, y haciendo votos para que se revierta esta situación, dejamos constancia aquí de esta realidad.

domingo, 23 de junio de 2019

2010 - 2019 *** NOVENO ANIVERSARIO

¡Hoy este Blog, que nació el 23 de junio de 2010, cumple nueve años! 

Celebramos este aniversario con algunas estadísticas y algunas imágenes especiales.


Escudo Nacional
en el mausoleo de Rivadavia en Plaza Miserere
(foto tomada ayer)

Hasta ayer a las 22 el número total de visitas al Blog ascendía a más de 1.414.620.


Escudo Nacional
en  Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas “Mariano Acosta”
(foto tomada ayer)

Como publicamos, en total, 2945 entradas, esto da un promedio de 480 visitas por entrada (y unas 430 visitas por día transcurrido desde el 23 de junio de 2010).

Además de visitantes de la Argentina (cuyo número corresponde al 55 % del total), recibimos visitas -en orden decreciente- de los Estados Unidos, España, México, Colombia, Perú, Alemania, Chile y Rusia, entre otros países.

Escudo Nacional
en el Colegio General Zapiola
(foto tomada ayer)

Hemos recibido exactamente 1000 comentarios en estos nueve años. Y un número considerable de mensajes a nuestra dirección de correo electrónico

También recibimos  innumerables colaboraciones, incluso de desconocidos; algunas ya las hemos publicado y otras esperan su turno en nuestros archivos, formados por miles de fotografías propias y varias decenas de imágenes halladas en la Red.

Recordamos que tenemos además una cuenta en Twitter:
@HeraldicaArg

Además, en Instagram (donde estamos presentes desde fines de 2018) tenemos 179 seguidores:
@heraldica_en_la_argentina


Y por último, recordemos nuestros otros tres blogs:

con entradas todos los lunes, miércoles y viernes

con entradas dos o tres veces por semana

con una entrada cada miércoles

Mis propias armas
en versión de Rolando de Ýñigo y Genio

(mayo de 2019)


2010 - 23 de junio - 2019
Noveno Aniversario
¡Muchas gracias a todos!

sábado, 27 de mayo de 2017

Los "tres períodos" de la Heráldica nacional argentina

El 2 de abril hicimos referencia al libro "Qué es la Heráldica", de Jorge de Zarazaga-Berenguer. En menos de  100 páginas, el autor hace un somero recorrido por los fundamentos,  principios, reglas y características generales de nuestra disciplina y de los escudos en general. 

En uno de los capítulos,  llamado precisamente "Heráldicas nacionales", se explica cómo la elección y el diseño de símbolos para los escudos "cobra en las heráldicas nacionales especiales características". En ese capítulo aparece una interesante y polémica referencia a la Heráldica oficial de la Argentina y a los "tres períodos" que menciona el título de esta entrada. 

Transcribimos a continuación el fragmento en que el autor se refiere a esos "tres períodos" de la Heráldica argentina, pero ¡atención!: el capítulo no tenía ilustraciones; nosotros hemos añadido imágenes de escudos que, a nuestro entender, expresan lo que el autor está queriendo decir en cada caso. 

Sólo cuando  habla del tercer período Zarazaga-Berenguer  hace una expresa referencia a escudos provinciales concretos, y son esos tres escudos los que hemos agregado para ilustrar ese tramo del texto. 



«[...] De cualquier ángulo que se mire, los pueblos europeos tienen una heráldica excelente, respetuosa de las normas de la ciencia y de las del buen gusto, rica, cuidada y vigorosa, personal y significativa. En suma, una ciencia-arte que contribuye a acentuar la dignidad de los países con la excelencia de sus concepciones y la maestría de sus realizaciones. 

En cambio en nuestra heráldica nacional pueden distinguirse tres períodos, lamentablemente ninguno bueno, pero el último francamente desolador. 


Tales escudos, compuestos no por especialistas sino por hidalgos conocedores en general del asunto, pudieron ser pobres y escuetos, susceptibles de ser mejorados y enriquecidos, pero no malos desde un punto de vista estrictamente heráldico. 


El primero es el de las provincias antiguas, fundadoras de la nación. Algunas de ellas recibieron sus escudos de sus fundadores. En tal época, siglo XVI, aunque los conquistadores y fundadores no fueran eruditos ni peritos en heráldica, sí conocían la materia por serles habitual y cotidiana. Estaban acostumbrados a ver en casas y palacios, torres, enterramientos y capillas excelentes escudos que hacía tuvieran el ojo hecho a la noción de proporciones, piezas usadas y equilibrio de masas. Y aunque entonces se hubiera ya iniciado una decadencia heráldica, era la decadencia de algo muy sólido que apenas empezaba a flaquear. 


El segundo período es el de principios del siglo pasado, cuando se declara la independencia y la mayoría de las provincias adecuan sus escudos sobre las bases del nacional. Hay en ello una evidente falta de originalidad. En ningún país los escudos de las provincias se basan sobre el nacional, ni tienen por qué hacerlo. Pero éste sería el mal menor, es una época de total ignorancia de todo lo que pueda parecerse a tal materia. Algo tan fundamental como un símbolo que llevará la representación del país, no sólo dentro de sus límites, sino también al exterior, es tratado con enorme ligereza desconociéndose las reglas y leyes elementales de la heráldica, y obteniendo como resultado escudos empastados y burdos. 



Tampoco se cuida su forma externa, con lo que en vez de tener la de escudos viriles, adoptan formas aptas para señoras, o municipios, quitándoles el debido rango. 

Se presenta también un fenómeno típico de nuestro país, que es la estratificación de la heráldica. Por desconocimiento de la materia se cae en una rigidez que priva a los escudos de la flexibilidad necesaria para ser utilizados de una manera adecuada cuando lo exigen las circunstancias. Mientras que es usual en Europa cambiar la forma de los escudos cuando así lo aconsejan las necesidades de la arquitectura, la orfebrería y la decoración en general. 




A ello se agrega que se inventan piezas y colores inexistentes, teniéndose en cuenta más las tendencias en boga en el momento que los rasgos inalterables de la nación. 

En el escudo nacional es de lamentar que la pieza de mayor dignidad heráldica y simbólica como es el sol no vaya pleno y en el lugar de honor. En cambio se inserta incorrectamente en ese sitio el gorro frigio, ya que en caso de querer ponerse esta pieza carente de categoría debió ser como timbre. Es, por otra parte, un elemento usado por un pueblo asiático de la antigüedad y, por lo tanto, ajeno a nuestras tradiciones de raigambre hispánica. 


Puede agregarse que dentro del simbolismo es un símbolo erótico del que Juan Eduardo Cirlot dice:  “...Por ello el troyano Paris —tipo puro del hombre venusino, cuyo destino en suerte y desgracia es enteramente determinado por el eros— se representa con el gorro frigio...” 

"Los amores de Paris y Helena", de Jacques-Louis David

El tercer período ni siquiera es heráldico. Se inicia al otorgarse escudos a las antiguas gobernaciones cuando son convertidas en provincias. El panorama no puede ser más desolador; ya no solamente se violan las leyes heráldicas, sino las del más elemental buen gusto. La ignorancia de lo que debe ser un símbolo es total, desconociéndose también la historia y la tradición de las provincias representadas, lo mismo que los elementos constitutivos de la tierra.

Los escudos compuestos en esta época oscilan entre ser un catálogo con los productos de la provincia y adoptar las formas más feas y caprichosas que puede sugerir una fantasía desmedida. 

Los casos más extremos de este período lo representan los escudos de Chubut, Neuquén y Formosa. 


Formosa, Chubut, Neuquén

Tales escudos, lejos de representar las provincias a las que les han sido impuestos, las agravian en su dignidad. 

La observación de estos símbolos puede hacer que se llegue a una equivocada conclusión sobre la naturaleza e índole del país y la esencia de la nacionalidad, ya que lo verdaderamente argentino se ve ensombrecido por lo inadecuado de su representación.


"Collage" de cuatro escudos municipales:
Lomas de Zamora (Buenos Aires) - Plottier (Neuquén) -
AviaTerai (Chaco) - Gobernador Costa (Chubut)

La heráldica es una materia que, sedimentada por el uso inmemorial y la legislación a través de los siglos, tiene un contenido hondamente espiritual, y, por lo tanto, de un valor trascendente que escapa a lo meramente físico. 

No obstante en nuestro país a menudo se le ha desconocido tal calidad componiéndose escudos que representan una provincia de la nación con groseros elementos materiales, como pueden ser los productos de su economía, que desvirtúan la esencia del símbolo. 

Pero no solamente el panorama heráldico civil presenta tal aspecto, sino que los escudos de la jerarquía eclesiástica, salvo escasas excepciones, adolecen de graves defectos.




Algunas observaciones sobre las características espirituales de esta ciencia respaldarán este juicio. 

En las monarquías, que es donde el poder civil, al ser consagrado, adquiere su mayor perfectibilidad en el plano de las  relaciones humanas con la divinidad, es donde los símbolos heráldicos de cualquier país y época adquieren un mayor una mayor dignidad y gravedad, y donde la majestad de la nación se muestra más patente. Esto es tan notorio que surgirá de la simple observación. Las repúblicas no alcanzan en sus símbolos tal excelsitud, mas aún conservan una dignidad quizá despojada de grandeza, pero que mantiene todavía sus caracteres espirituales. 



En cambio, en las naciones que se hallan bajo sistemas comunistas de gobierno, al carecer en absoluto de jerarquía espiritual, al haberse deshumanizado materializándose, al hacer tabla rasa de todo principio de respeto a la dignidad y libertad de las criaturas, los símbolos se cargan de este materialismo y son feos y pesados; más aún, son repelentes a la sensibilidad del espectador. 

El símbolo abstracto es más apto ya que representa el todo y no una parte de la nación, y se identifica con ella. Por su carácter arquetípico es un producto del espíritu que, como tal, goza de cierta gravedad, de cierta majestuosidad, y grandes y pequeños, poderosos y débiles se encuentran cubiertos por su grandeza, que es la de la nación que representa. 

Un símbolo abstracto siempre cubrirá y representará el todo y podrá proyectarse, así cambien los regímenes, a través de  las épocas, ya que lleva la perdurabilidad intrínsecamente en sus características substanciales».


Hemos de decir, para terminar, que coincidimos, en lo sustancial, con el autor del libro.