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miércoles, 20 de mayo de 2020

Escudo de Juan Ramírez de Velasco

Juan Ramírez de Velasco nació en 1535 en La Rioja (España) y murió en nuestra  ciudad de Santa Fe en 1597. 

Fue bautizado con el nombre de Juan Ramírez de la Piscina y Velasco y Ábalos y de la Calle.

El párrafo entrecomillado que sigue han sido tomado del Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia (artículo firmado por María Luisa Martínez de Salinas Alonso):

«Hijo de una tradicional familia riojana, ingresó en el Ejército a los dieciséis años y participó en las guerras de Italia, Flandes y en las campañas contra los turcos. Como reconocimiento a su valor se le concedió el cargo de general de Mar y Tierra y, como tal, cruzó cuatro veces el Atlántico en calidad de jefe de las defensas militares de las flotas mercantes. En 1586 fue nombrado gobernador de la provincia indiana del Tucumán». 

Una ponencia de Luis María Mesquita Errea sobre nuestro personaje, publicada en la Red (→ aquí) nos ofrece otros datos que serán de gran importancia en relación con la Heráldica. Antes de partir para asumir su nuevo cargo, Ramírez de Velasco quiso renovar «el vasallaje familiar al Patrono de Sangre de “los verdaderos Ramírez”. Los descendientes del Infante don Sancho de Navarra integran la Divisa Solar de Nuestra Señora de la Piscina Probática. Es una cofradía caballeresca fundada por el propio Infante para perpetuar en la mesnada familiar el recuerdo de su participación en la I Cruzada, epopeya que aglutinó a los caballeros de la Cristiandad convocados por el Beato Papa Urbano II, para salvar las naciones cristianas y rescatar el Santo Sepulcro de los musulmanes». Para renovar ese vínculo, Velasco no se arredró ante todo lo que debía hacer para «probar su descendencia de los antiguos Reyes de Navarra», ni ante los 800 kilómetros que debía recorrer «junto con su primogénito, don Juan, para prestar el significativo pleito-homenaje», una costumbre que «vincula un vasallo a su señor con un vínculo personal, directo y generador de obligaciones mutuas de protección y apoyo». «Al renovar el vínculo vasallático con el Patrono quería reafirmar su obligación de cumplir con la misión familiar de la Divisa Solar, de mantener el espíritu de cruzada, difundir la devoción a Nuestra Señora y defender la Fe católica. Antes de abandonar el suelo de la amada Península Ibérica, para radicarse en el Perú, quería abrevar místicamente en las aguas de esta fuente familiar de buena caballería». Además, Ramírez de Velasco logró «atraer para su aventura de ultramar a varios caballeros para que se radiquen y contribuyan a poblar, y sobre todo a elevar el ambiente de su gobernación».

La crónica de María Luisa Martínez de Salinas Alonso, más arriba citada, continúa diciendo que el gobierno de Ramírez de Velasco  «transcurrió “con satisfacción y crédito” y al parecer fue una de las épocas más tranquilas de la gobernación».  Ramírez de Velasco vigiló las relaciones entre españoles e indios,  facilitó la evangelización, apoyó a las ciudades recién fundadas por sus antecesores, como Salta y erigió nuevos enclaves «que consolidaran social y territorialmente la presencia española, facilitaran las comunicaciones y fueran útiles instrumentos para lograr la pacificación del hostil noroeste argentino». 

El 20 de mayo de 1591, «en el mismo lugar donde en 1558 se había levantado la desaparecida población de Londres», fundó la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja. Publicamos esta entrada en el aniversario de la fundación de La Rioja.

«También un objetivo marcadamente pacificador tuvo la segunda de las fundaciones que promovió: la villa de Nueva Madrid»,  erigida el 2 de abril de 1592. La vida de este pueblo fue breve, pues en 1603 lo abandonaron sus escasos vecinos, quienes, junto con los de la cercana villa de Talavera, fundaron otra ciudad, Talavera de Madrid (posteriormente llamada Esteco), que terminó arrasada por un terremoto en 1692.

Armas de Juan Ramírez de Velasco. Versión de Luis Mc Garrell.
La tercera «de las poblaciones levantadas por orden del riojano» fue San Salvador de Jujuy, erigida el 19 de abril de 1593 por el capitán Francisco de Argañarás.

La reconocida gestión de Ramírez de Velasco en el Tucumán y su actitud conciliadora seguramente influyeron para que el Virrey del Perú, García Hurtado de Mendoza, lo designara en 1595 como Gobernador de Paraguay: «era necesario un mandatario de sus características para tratar de apaciguar las continuas pugnas que surgían entre los españoles».  Su labor en Asunción «se centró en la elaboración y promulgación el 1 de enero de 1597 de unas ordenanzas —cuarenta y ocho— basadas en su experiencia como gobernante y orientadas a regular la vida económica de la provincia, la convivencia entre los españoles, las relaciones con los indios —hacia los que mostró siempre una actitud abiertamente defensora y humanitaria— y la encomienda e incluso la evangelización y las obligaciones religiosas».

Poco después Ramírez de Velasco fue designado Gobernador del Río de la Plata y tuvo que bajar a Buenos Aires.  Murió en Santa Fe en ese mismo año, 1597.

Su escudo de armas es, en lo sustancial, el que vimos en nuestra entrada del 15 de agosto de 2018: el de la Cofradía Divisa, Solar y Casa Real de la Piscina.



Escudo terciado en palo. 1° de oro, tres bandas de gules. 2° de azur, cinco flores de lis de oro, en palo. 3° de oro, un pino de sinople, con la copa disminuida y un león de púrpura empinado al tronco. 
El escudo de Ramírez de Velasco lleva en la bordura, de gules, otros elementos del blasón de la Casa la Piscina. En la versión de Mc Garrell vemos cuatro veneras de plata, intercaladas con cinco cruces de San Andrés de oro, y las cadenas de Navarra en la parte inferior; mientras que vemos cruces de San Andrés y cruces latinas en la versión de Esther de Soaje Pinto, presentada en Quito en la  XVII Reunion Americana de Genealogía y VII Congreso Iberoamericano de las Ciencias Genealógica y Heráldica.


Armas de Juan Ramírez de Velasco. Versión de Esther de Soaje Pinto.

Juan Ramírez de Velasco (de quien se ha dicho: «…valiente como el que más; prudente en sus juicios; respetuoso, justo y comprensivo; no se rehusaba a ningún trabajo de la guerra; defendía al soldado y en la guerra actuaba a su lado como un soldado más» *) es una apasionante figura de nuestra historia. Le rendimos justo homenaje.

2 comentarios:

  1. Estimado Alejandro: muy buena su nota sobre el gran Ramírez de Velasco, que bien merece ser mucho más conocido. Le agradezco también la gentileza de citar mi trabajo. Cordiales saludos, Luis María Mesquita Errea

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