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viernes, 21 de diciembre de 2018

Escudo de monseñor Gutierre de Vargas Carvajal

Nacido a comienzos del siglo XVI en Madrid, Gutierre de Vargas Carvajal fue Obispo de Plasencia, España, desde 1524 (¡cuando tenía sólo 18 años!) hasta su muerte en 1559.


Pero, ¿qué tiene que ver un obispo placentino del siglo XVI con nuestro país? ¿Qué justifica la presencia de este escudo en un Blog dedicado a la Heráldica en la Argentina?

El obispo, hombre multifacético,  era también un mecenas y un aventurero. En 1539 organizó una flota de cuatro navíos para que fuese a las Molucas a través del Estrecho de Magallanes. Se sabe que las naves llegaron a la entrada del Estrecho el 12 de enero de 154o, pero no pudieron pasar a causa de fuertes temporales que las dispersaron. En los párrafos que siguen, transcribimos fragmentos de «La leyenda de los Césares», publicada aquí.

«El 22 del mismo mes, la nao capitana naufragó en la primera angostura del Estrecho, tratando de pasarlo, salvándose el comandante de la expedición, Fray Francisco de la Rivera, y la tripulación de 150 hombres. A causa de los fuertes temporales y los vientos contrarios los demás buques no pudieron prestar auxilio a los náufragos, aunque se sabía que habían quedado en tierra». El segundo buque, tras intentar en vano entrar a recogerlos, se vio arrastrado hacia el sur por los vientos y las fuertes corrientes; permaneció por seis meses en una una bahía al sur de Tierra del Fuego, y emprendió luego el regreso a Europa. Otro de los buques logró pasar el Estrecho, sin ver a los náufragos, y llegó al Perú. Del cuarto buque no se supo nada más, pero se supone que naufragó en la costa de la Patagonia.

Entretanto Rivera y sus hombres quedaron en la costa septentrional del Estrecho. «Por varios años nada se supo de esta gente, pero al iniciarse la conquista de Chile comenzaron a correr rumores de que se habían salvado».  Más tarde los rumores decían que «habían llegado a las orillas de una gran laguna donde se habían radicado»; que tras algunos altercados con los indios, habían terminado aliándose con ellos y casándose con mujeres indígenas;  y que habían llegado a construir una gran ciudad.


«Estas noticias se obtenían de indios nómadas que recorrían las pampas y eran siempre vagas e inciertas. No obstante, eran probables y lógicas, y los primeros gobernantes de Chile organizaron varias expediciones para ir en busca de los españoles perdidos». Aquí la historia -o la leyenda- se entremezcla con otra tradición, que señalaba que un tal Francisco César, junto con algunos hombres desprendidos de la expedición de Sebastián Gaboto al Plata, había realizado una incursión al interior del actual territorio argentino, donde supuestamente habían encontrado una ciudad maravillosa en la que abundaban el oro y la plata: la "Ciudad de los Césares", así llamada por el apellido del mencionado conquistador. «Todavía las dos tradiciones no se confundían», pero estaban vinculadas y se suponía que cualquier expedición que encontrara a los incas encontraría también a los españoles. A esta ciudad mítica se la llama también Trapalanda.



«Lo que vino a complicar la cuestión de los españoles perdidos en la Patagonia fue la desaparición del cuarto buque de la armada del Obispo de Plasencia. No queda ninguna duda respecto del naufragio de la nave capitana en el Estrecho y el salvamento de la tripulación. Como el buque quedó varado en la misma costa y venía bien aprovisionado, porque se proyectaba la fundación de una colonia española en las Molucas, es de suponer que los náufragos tuvieron todo lo necesario para emprender una expedición en busca de mejores condiciones, sobre todo porque el buque llevaba animales de carga, asnos o mulas, y también ganado menor de cabras y ovejas», para abastecer a los colonos. «Pero no hay la misma seguridad respecto del cuarto buque. Hay motivos para creer que éste también naufragó en la costa de la Patagonia, donde fue arrastrado por los temporales». Pero su tripulación, ¿se salvaría o no? Algunos de los rumores que circulaban acerca de los españoles que se establecieron en la Patagonia parecen referirse a ellos, especialmente los recogidos en el Río de la Plata y en Córdoba. 

«Encontramos dos corrientes distintas, una que colocaba a los náufragos cerca de la costa del Atlántico, y la otra que los situaba en la región de la cordillera austral. Sin embargo, estas noticias no eran definidas».

«Poco a poco todos estos distintos rumores se fundieron en una sola tradición, perdiéndose los pormenores originales y adquiriendo otros nuevos, cada vez más fabulosos. La leyenda de los incas fue olvidada y los detalles que en un principio se atribuían a ellos fueron traspasados a los españoles perdidos, cuyos descendientes ya se llamaban los Césares».


Escudo del Obispo Gutierre de Vargas Carvajal
en la "Capilla del Obispo", en Madrid
Es decir: la expedición frustrada del Obispo de Plasencia nunca llegó a su destino, pero sus hombres se quedaron en la Argentina, donde dieron lugar -al menos en parte- a la leyenda de Trapalanda o "Ciudad de los Césares".

Pero además,  E. M. S. Danero, en su obra "Toda la historia de las Malvinas", recoge un dato que otros autores también mencionan: «Una de las naves dispersas de la armada del Obispo de Plasencia, después de un temporal, el 4 de febrero de 154o, habría avistado unas islas cuya posición coincide con la de las Malvinas».



Dos motivos, pues, para que el escudo del obispo Vargas Carvajal aparezca en este Blog. En el fondo, esta historia es la excusa que nos permite disfrutar de estas bonitas armas episcopales.  Partido, 1° de plata y seis fajas ondeadas de azur, 2° de oro y una banda de sable.