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lunes, 24 de diciembre de 2012

Manzanas (1 de 2)


Además de ser mi apellido, “pomar” es un sustantivo común que puede encontrarse casi en cualquier diccionario;  en el de la Real Academia (on line) es definido como  “sitio, lugar o huerta donde hay árboles frutales, especialmente manzanos”.


Por ello, cuando uno busca escudos vinculados con el apellido Pomar, o que incluyan esa palabra,  invariablemente encuentra manzanas o manzanos.  A lo largo de los últimos 40  años  me he dedicado a eso: a buscar en enciclopedias o en Internet escudos que correspondan  a linajes de apellido Pomar, o a lugares llamados así,  y por eso   me atrevo a “clasificar” en tres grupos los escudos que he podido encontrar en estas últimas cuatro décadas:

1°) Los escudos que tienen cinco manzanas de gules puestas en sotuer sobre campo de oro, quizás el diseño más clásico y difundido, en el que además me basé, el año pasado, para confeccionar mis propias armas.



2°) Los escudos que cambian el esmalte de las manzanas a sinople.



3°) Los escudos que en vez de manzanas sueltas contienen ramas frutadas de manzano, o bien un  manzano.






Pero el objetivo de esta entrada no es  meramente  clasificar blasones, sino  reflexionar acerca del simbolismo  de la manzana en estos escudos y, por ello mismo, en mis propias armas.



El “Diccionario de símbolos” de Juan Eduardo Cirlot (Ediciones Siruela, 1997) nos dice en el artículo manzana:

"Como forma casi esférica, significa una totalidad. Es símbolo de los deseos terrestres, de su desencadenamiento.  La prohibición de comer la manzana venía por eso de la voz suprema, que se opone  a la exaltación de los deseos materiales.  El intelecto, la sed de conocimiento es —como sabía Nietzsche— una zona sólo intermedia entre la de los deseos terrestres y la de la pura y verdadera espiritualidad".



Al leer esto, automáticamente el pensamiento se dirige a la famosa escena bíblica en que Eva primero, y luego Adán, comen del fruto prohibido… pero la Biblia en ningún momento nos habla de una manzana...

Lucas Cranach el Viejo: "Adán y Eva"
(siglo XVI)

"La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: «¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?».

La mujer le respondió: «Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho:  “No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte”».


Lucas Cranach el Viejo: "El árbol del conocimiento"
(siglo XVI)

La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán.  Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal».


Alberto Durero: "Adán y Eva"
(siglo XVI)

Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.

Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera".

Tampoco en los otros versículos en que aparece el fruto del árbol prohibido se dice que este fuera un manzano. Pregunta Dios: “«¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?». Y  el hombre responde:  «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí»” (Gén 3, 11-12). El Señor anuncia luego el castigo del hombre “por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer” (Gén 3, 17).


Lucas Cranach el Viejo: "Adán y Eva" 
(siglo XVI)

Como vemos, no se dice  que el fruto fuera una manzana.  

Cuando estaba en Tercer Grado,  en 1969, la  maestra nos mandó dibujar la escena y nos exigió que la fruta fuera azul —color que ninguna fruta real posee— para indicar claramente que no se trataba de una manzana ni de ninguna otra fruta verdadera. (Nota: en 1969 no sabíamos de la existencia de los "blueberries").


Relieve en la Basílica de San Pablo Extramuros

¿Por qué se interpretó que la fruta del Génesis era una manzana? ¿Por qué, en consecuencia, la manzana quedó ligada para siempre,  sin culpa de su parte, al pecado y a la tentación? Los expertos nos dicen que se trata de un error de traducción, nacido de confundir  malus (‘manzana’) con malum (‘mal’). O sea: como Adán y Eva comieron el fruto prohibido, por eso el mal (malum), lo malo, el pecado, fueron asociados a  la manzana (malus, malum, del griego melon).    El  nombre científico del manzano  es Malus domestica,  y su  antepasado silvestre   más  antiguo  (antiquísimo) se llama  Malus sieversii,  originario de Asia Central.

A este error de traducción se suma, quizás, “la dulzura atractiva de la manzana”,  como dice Hans Biederman en su “Diccionario de símbolos” (al que hemos accedido en Internet).




Ahora bien, cuando prestamos atención a “la dulzura atractiva de la manzana” vemos que no necesariamente la fruta está asociada con el mal; al contrario, en la tradición judía, por ejemplo,  aparece  como un fruto que provee de salud y vigor.   Del sitio  "Ser Judío" extraemos el párrafo que sigue, que intenta explicar la costumbre de comer manzanas con miel en Rosh Hashaná:

"En cuanto a la elección de la manzana, se basa en una interpretación del versículo en el cual el patriarca Itzjac: "bendijo diciendo: –He aquí, el olor de mi hijo es como el olor del campo que el Eterno ha bendecido." (Bereshit / Génesis 27:27). Nuestros Sabios explicaron que el "olor del campo" que provocó la bendición refiere a manzanas.

Por lo cual, al degustar manzanas en Rosh HaShaná estamos indicando nuestro deseo de que seamos bendecidos por nuestro Padre, tal como nuestro antepasado lo fuera.

También, en épocas talmúdicas se tenía la creencia de que la manzana posee propiedades excelentes para el metabolismo, por lo que comerla brinda energías y disposición saludable. (¿Recuerdan la costumbre común de regalarle a la maestra una manzana? ¿Por qué será?).

Por último, manzana en hebreo es tapuaj, que se asocia con la palabra vaipaj, utilizada en: "Y formó el Eterno Elokim al humano, polvo de la tierra. Y sopló (vaipak) en sus narices aliento de vida, y el humano llegó a ser un ser viviente." (Bereshit / Génesis 2:7); por lo que podemos vincular la manzana de cierto modo al acto de animar a la persona, de darle vida, un espíritu vigoroso".


El mismo sitio  explica que  “nuestros Sabios en el Talmud (…) indican tres posibles frutos para ser el antiguo árbol del conocimiento”: la uva (“por eso con moderación y ordenadamente el vino es bendición, pero cuando se utiliza desequilibradamente es motivo de perdición”); el higo (porque Adán y Eva  “usaron hojas de higuera para cubrir sus intimidades ni bien probaron del fruto, lo que permite presumir que estaban junto a una higuera”);  o  la cidra (también llamada citrón o "etrog"),  “que es uno de los cuatro frutos que usamos para bendecir en la festividad de Sucot, y que simboliza la armonía de conocimiento de Torá y práctica de buenas acciones (los preceptos); como dando a entender que aquel fruto que permitió la conciencia moral, es el que también habilita a cumplir cabal y voluntariamente con los preceptos del Eterno, sobreponiéndonos a nuestra poderosa inclinación a lo negativo”.





En la Biblia encontramos también ese significado “positivo” de la manzana en forma expresa.  Lo vemos en este fragmento del Cantar de los Cantares:

“Como un manzano entre los árboles silvestres, es mi amado entre los jóvenes: yo me senté a su sombra tan deseada y su fruto es dulce a mi paladar. Él me hizo entrar en la bodega y enarboló sobre mí la insignia del Amor. Reconfórtenme con pasteles de pasa, reanímenme con manzanas, porque estoy enferma de amor”  (Cant 2, 3-5).

En el libro “Los símbolos bíblicos” (Desclée de Brouwer, 1994), Maurice de Cocagnac dedica un apartado a “El manzano”.  Tras transcribir el texto que acabamos de leer (donde el manzano —dice— está unido “al mundo y a las cosas del amor”), el autor hace referencia a otro fragmento del mismo libro y afirma:  “Hacia el final del Cantar se encuentra un texto misterioso que ha conocido muchas interpretaciones. Con todo, cabe observar que el árbol proporciona un espacio propicio al amor y a la fecundidad. Ese amor es ardiente como el fuego, pero no es más que deseo:  es una llama de Yah, su carácter es sagrado”.    En el fragmento aludido dice el Amado: 
Te desperté debajo del manzano, allí donde tu madre te dio a luz, donde te dio a luz la que te engendró”.  
 Y la  Amada responde: 
“Grábame como un sello sobre tu corazón, como un sello sobre tu lazo, porque el Amor es fuerte como la Muerte, inflexibles como el Abismo son los celos. Sus flechas son flechas de fuego, sus llamas, llamas del Señor” (Cant 8, 5-6).
Como vemos,  el manzano y su fruto ocupan un lugar importante en la tradición bíblica. Nos limitaremos a este ámbito, aunque la manzana y su simbolismo están muy presentes también fuera del mundo judeocristiano.

Otro significado "positivo" de la manzana está ligado -como contrafigura- a la imagen que nos es más familiar:  la manzana de Eva como símbolo del pecado.  A partir del paralelo entre Adán y Cristo que elabora San Pablo en la Carta a los Romanos y en la Primera Carta a los Corintios, los Padres de la Iglesia establecieron un paralelo análogo entre el árbol del Paraíso y la Cruz de Cristo, y lo mismo entre Eva y María.

    "Si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia.

    Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida.

    Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos"            (Rom 5, 17-19).

"Así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo (...) El primer hombre, Adán, fue creado como un ser viviente; el último Adán, en cambio, es un ser espiritual que da la Vida. (...)  El primer hombre procede de la tierra y es terrenal; pero el segundo hombre procede del cielo. Los hombres terrenales serán como el hombre terrenal, y los celestiales como el celestial.  De la misma manera que hemos sido revestidos de la imagen del hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre celestial" (1 Cor 15, 22. 45ss).


Siguiendo el paralelismo,  el fruto del árbol del Paraíso (a cuyo lado está Eva) es el mal (la perdición, la condenación), mientras el fruto del árbol de la Cruz -junto a la cual, de pie,  está la Virgen  María- es la salvación (la gracia, la gloria).



Veamos algunos ejemplos de estas dos  comparaciones.

El  Viernes Santo, durante la Adoración de la Cruz, así se le canta  al "árbol de la cruz",  comparándolo  con el árbol del Edén:

"Adoramos, Señor, tu Cruz;
alabamos y glorificamos tu santa Resurrección:
Porque gracias al árbol de la Cruz 
llegó la alegría al mundo entero (...)

Esta es la cruz de nuestra fe, 
el más noble de los árboles: 
ningún bosque produjo otro igual 
en ramas, flores y frutos. 
¡Arbol precioso, benditos clavos, 
que lleváis  tan dulce carga! (…)

El Creador tuvo compasión de Adán, nuestro padre pecador, 
que al comer el fruto prohibido se precipitó hacia la muerte; 
y para reparar los daños de ese árbol, Dios eligió el árbol de la cruz. 


¡Arbol precioso, benditos clavos, 
que lleváis  tan dulce carga!

En el plan de nuestra salvación, 
estaba previsto de antemano 
que los engaños del demonio 
fueran desbaratados por Dios, 
sacando el remedio de un árbol, 
así como vino de un árbol el mal".


Sobre el paralelo entre Eva y María, San Ireneo, en el siglo II, escribe:
“Así  como Eva, esposa de Adán, pero virgen todavía, fue desobediente y por eso atrajo la muerte sobre sí y sobre todo el género humano, de igual modo María, desposada pero virgen, procuró por su obediencia la salvación para sí misma y para todo el género humano”.
“Lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, la Virgen María lo desató por su fe”.


Y San Ambrosio en el siglo IV:

“¿Qué hiciste, demonio? ¿Escondiste el árbol para ser nuevamente vencido?   Te venció María que engendró al triunfador,la cual sin desmedro de su virginidad dio a luz a aquel que crucificado te vencería,  y muerto te sometería”.

“Por una mujer vino la necedad;  por una virgen, la sabiduría; la muerte, por un árbol; la vida, por la cruz”.

Lucas Cranach el Viejo: "Madonna de Glogów" 
(siglo XVI)

La contraposición entre ambos árboles y ambas vírgenes se ve plásticamente representada en esta imagen: Eva -a la derecha-  ofrece el fruto de la perdición, brotado del árbol de la muerte, en cuyo tronco se afirma  la Serpiente y en cuya copa se ve una calavera;  María -a la izquierda- proporciona a los fieles  el fruto del árbol de la vida,  entre cuyas ramas surge la Cruz del Señor. 

Berthold Furtmeyer: "El árbol de la muerte y de la vida"
(siglo XV) 
(Un detalle adicional muy  interesante, para este Blog, lo constituyen los dos escudos que se encuentran en sendos medallones, en la parte superior, a derecha e izquierda).

Naturalmente, las analogías  Adán/Cristo,  Árbol/Cruz,  Eva/María permitieron  resignificar la manzana (o, genéricamente, el fruto del árbol).

El  arte  ha  interpretado plásticamente, de diversas maneras, esa resignificación.  Hemos visto algunos ejemplos a lo largo de esta entrada.  

Un lugar especial merece este  "Velo de Cuaresma" confeccionado por Misereor en 1982 para el continente africano. En él vemos a Cristo (representado de raza negra) clavado en un árbol del que surgen numerosos y variados frutos:


Jacques Chery: "Velo de Cuaresma"
(siglo XX)
Los frutos son recogidos y compartidos en una mesa fraternal (arriba a la derecha).

En ocasiones  se representa  a María con una manzana,  que simboliza ahora  la gracia salvadora que es el fruto de la redención de Cristo en el árbol de la Cruz.


Imagen de Nuestra Señora de Balvanera
en la iglesia homónima de Buenos Aires


Virgen con el Niño en la iglesia de Valvanera, Navarrete,  Rioja (España)
(se trata del "original" de la imagen anterior, 
con la grafía también original, "Valvanera")
    Vitral con la imagen de Nuestra Señora de Balvanera
en la iglesia homónima de Buenos Aires

Otras veces, es el Niño Jesús quien tiende su mano hacia una manzana, significando así que “asume sobre sí simbólicamente los pecados del mundo” (en palabras de Hans Biedermann, op. cit.).

Jacques Blanchard: 
"La Virgen con el Niño Jesús,  y Santa Ana ofreciendo una manzana"
(siglo XVII)

Y — según el mismo autor— “las manzanas en el árbol de Navidad pueden interpretarse análogamente como alusión al retorno al paraíso que se hizo posible mediante el nacimiento de Cristo”.

Aquí llegamos al motivo que justifica que la primera parte de esta entrada se publique hoy. Estamos en Nochebuena, todos tenemos un arbolito armado en nuestros hogares,  y quizás nunca hayamos notado que el Árbol de Navidad es en el fondo una relectura del árbol de la cruz, cargado de los frutos "de paz y de justicia" (Heb 12, 11)  a los que ahora sí podemos acceder gracias a la Encarnación del Hijo de Dios.



La tierra ha dado su fruto:
el Señor, nuestro Dios, nos bendice.

(Salmo 67, 7)

Feliz Nochebuena para todos. 

Mañana continuaremos con la segunda parte de este artículo.

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