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sábado, 12 de agosto de 2023

"La Virgen y los colores de nuestra bandera"

Reproducimos a continuación un artículo publicado en la revista Mikael, órgano oficial del Seminario Arquidiocesano de Paraná. La revista apareció entre 1973 y 1983. La nota corresponde al número 23, del Segundo Cuatrimestre de 1980.

Los destacados en negrita son del artículo original. Hemos añadido algunas imágenes, de las que la nota original carecía.

Publicamos esta nota en el Día de la Reconquista, hecho histórico que tanta relevancia tuvo en el establecimiento de los colores celeste y blanco como nuestros colores nacionales.


LA VIRGEN 

Y LOS COLORES DE NUESTRA BANDERA


Siendo la Argentina, desde su cuna, un país eminentemente  mariano, fruto de la herencia hispánica, resulta natural la relación que la historia nos muestra entre la Santísima Virgen, especialmente en su advocación de Nuestra Señora de Luján, y los colores azul y blanco de nuestra bandera. No existe ciertamente un documento, firmado por Belgrano, donde se declare expresamente que impuso a la bandera los colores marianos. Pero es un error creer que hace falta un documento tal, inédito y lleno de polvo, para demostrar esta verdad. Porque científicamente hay un amplio contexto documental y un ceñido substrato biográfico que autorizan con toda legitimidad a concluir que los colores nacionales derivan de los colores del manto de Nuestra Señora. Cuando Vicente Sierra se refiere a este tema, pese a ser un historiador de reconocida posición católica, se muestra hipercrítico; sin embargo, luego de haber expuesto diversas objeciones, concluye que los colores de nuestra bandera fueron tomados por los porteños de la bandera de los Borbones, concretamente de la de Carlos III, el cual había fundado la Orden de la Inmaculada Concepción a la que perteneció Belgrano. Los siguientes extractos de varios libros, nos confirman en la conclusión anterior. (N. de la R.) 


"Cuando el rey Carlos III consagró España y las Indias a la Inmaculada en 1761, y proclamó a la Virgen principal Patrona de sus reinos, creó también la Orden Real de su nombre, cuyos caballeros recibían, como condecoración, el medallón esmaltado con la imagen azul y blanca de la Inmaculada, pendiente al cuello de una cinta de tres franjas: blanca en el medio, y azules a los costados. El artículo 40 de los estatutos de la Orden, reformados en 1804, dice: 

Las insignias serán una banda de seda ancha dividida en tres franjas iguales, la del centro blanca y las dos laterales de color azul celeste". 

(Aníbal Afilio Rottjer, El General Manuel Belgrano, Ed. Don Bosco, Bs. As., 1970, p. 62)

* * *

Bandera Nacional en Baradero
(foto propia)
"Mitre dijo que los colores nacionales blanco y azul celeste
pudieron ser adoptados 'en señal de fidelidad al rey de España, Carlos IV, que usaba la banda celeste de la Orden de Carlos III, como puede verse en sus retratos al óleo... La cruz de esta orden es esmaltada de blanco y celeste, colores de la Inmaculada Concepción de la Virgen, según el simbolismo de la Iglesia'. El artículo IV de los estatutos de dicha orden, decretados en 1804, dice: 

'Las insignias... serán una banda de seda ancha dividida en tres fajas iguales, la del centro blanca, y las dos laterales de color azul celeste'. 

Augusto Fernández Díaz recuerda que, cuando en el último ensayo de gobierno republicano en España se acordó cambiar la bandera rojo y gualda por otra de tres franjas: rojo, gualda y morado, Miguel de Unamuno, entonces  diputado, dijo:

"Bandera monárquica podríais acaso llamar a la celeste y blanca de los Borbones de la casa española, cuyos colores son también los de la República Argentina y los de la Purísima Concepción"

(Vicente Sierra, Historia de la Argentina, Ed. Garriga Argentina, T. V, 1962, L. III , cap. II, p. 472)

* * *

"Si bien la escarapela azul y blanca no se usó en 1810, y sólo aparece al año siguiente, como distintivo de la Sociedad Patriótica, sus colores habían adquirido una especial significación, por haberlos usado los voluntarios que prepararon la Reconquista, y que, reunidos en Luján, combatieron luego en la Chacra de Perdriel. Las crónicas de Luján nos hablan del Real Pendón de la Villa de Nuestra Señora, bordado en 1760 por las monjas catalinas de Buenos Aires. En él había dos escudos: uno con las armas del rey y otro con la imagen de la Pura y Limpia Concepción de María Santísima, singular patrona y fundadora de la villa. El Cabildo de Luján entregó este estandarte a las tropas de Pueyrredón, como su mejor contribución para el servicio y la defensa de la patria. Después de implorar el auxilio de la Virgen, y usando, como distintivo de reconocimiento, los colores de su imagen, por medio de dos cintas anudadas al cuello, una azul y otra blanca, y que llaman de la medida de la Virgen, porque cada una medía 38 centímetros, que era la altura de la imagen de la Virgen de Luján, los 300 soldados improvisados se lanzan al ataque contra 700 veteranos de Beresford, y mueren en la acción tres argentinos y veinte británicos. Los dispersos se unen más tarde a las fuerzas de Liniers, y obtienen, días después, la victoria definitiva, que se atribuyó oficialmente a la intervención de la Virgen María, como consta en las actas del Cabildo de 1806. Estos colores los conservaron los húsares de Pueyrredón en la Defensa, durante las jornadas de julio de 1807". 

(Aníbal Atilio Rottjer, op. cit., pp. 61-62)

* * *

Palacio de Aguas Corrientes
(foto propia)

"¡Soldados! Somos de ahora en adelante el Regimiento de la Virgen. Jurando nuestras banderas os parecerá que besáis su manto... Al que faltare a su palabra, Dios y la Virgen, por la Patria, se lo demanden". 

(Proclama del Coronel Domingo French, pronunciada en Luján el 25 de septiembre de 1812; en P. Jorge María Salvaire, Historia de Nuestra Señora de Lujan, T. II, 1885, pp. 268 ss.). 

* * *

"Carlos III, Carlos IV y Fernando VII vestían sobre el pecho la banda azul y blanca con el camafeo de la Inmaculada, y el manto real lucía estos mismos colores, como puede observarse en los retratos que adornan los salones del Escorial y el palacio de Oriente en Madrid, donde se custodian también las condecoraciones con la cruz esmaltada en blanco y celeste. Pueyrredón y Azcuénaga los usaron, como caballeros de esa Orden, y Belgrano, como congregante mariano en las universidades de Salamanca y de Valladolid. Ya hemos referido en otro lugar que Belgrano, al recibirse de abogado, juró 'defender el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Patrona de las Españas', y que, al ser nombrado secretario del Consulado, declaró en el acta fundamental de la institución que la ponía 'bajo la protección de Dios' y elegía 'como Patrona a la Inmaculada Virgen María', cuyos colores, azul y blanco, colocó en el escudo que ostentaba el frente del edificio".

(Aníbal Atilio Rottjer, op. cit., pp. 62-63)

* * *

"...al fundarse el Consulado en 1794, quiso Belgrano que su patrona fuese la Inmaculada Concepción y que, por esta causa, la bandera de la dicha Institución constaba de los colores azul y blanco. Al fundar Belgrano en 1812 el pabellón nacional ¿escogería los colores azul y blanco por otras razones diversas de las que tuvo en 1794? 

El Padre Salvaire no conocía estos curiosos datos y, sin embargo, confirma nuestra opinión al afirmar que 'con indecible emoción cuentan no pocos ancianos, que al dar Belgrano a la gloriosa bandera de su Patria, los colores blanco y azul celeste, había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, obsequiar a la Pura y Limpia Concepción de María, de quien era ardiente devoto' ".

(Guillermo Furlong S.J., Belgrano. El Santo de la espada y de la pluma, Club de Lectores, Bs. As., 1974, pp. 35-36)

* * *


"Al emprender la marcha (hacia el Paraguay) pasa (Belgrano) por la Villa de Nuestra Señora de Luján donde se detiene para satisfacer el deseo que le anima de poner su nueva carrera y las grandes empresas que idea en su mente, bajo la protección de la milagrosa Virgen de Luján. Manda, al efecto, celebrar en ese Santuario una solemne misa en honor de la Virgen a la que asiste personalmente, a la cabeza del Ejército de su mando, y robusteciendo su corazón con el cumplimiento de este acto religioso, prosigue lleno de fe y de esperanza el camino que le trazara el deber y el honor". 

(P. Jorge María Salvaire, op. cit., pp. 262-263)

* * *

"José Lino Gamboa, antiguo cabildante de Luján, juntamente con Carlos Belgrano, hermano del General, afirmó que: 

'Al dar Belgrano los colores celeste y blanco a la bandera patria, había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, honrar a la Pura y Limpia Concepción de María, de quien era ardiente devoto por haberse amparado a su Santuario de Luján'". 

(José Manuel Eizaguirre, La bandera argentina, Peuser, Bs., As., 1900, p. 43)

* * *

Basílica de Nuestra Señora de la Merced, de S. Miguel de Tucumán
(foto propia)

"El sargento mayor Carlos Belgrano, que desde 1812 era comandante militar de Luján y presidente de su Cabildo, dijo: 

Mi hermano tomó los colores de la bandera del manto de la Inmaculada de Luján de quien era ferviente devoto. 

Y en este sentido se han pronunciado también sus coetáneos, según lo aseveran afamados historiadores". 

(Aníbal Atilio Rottjer, op. cit., p. 66)

Basílica de Nuestra Señora de Luján
(foto propia)

*****

jueves, 25 de mayo de 2023

"Los próceres"

"Odas seculares" es un poemario escrito en 1910 por Leopoldo Lugones con motivo de la celebración del primer centenario de la Revolución de Mayo. Está dividido en cuatro secciones ("A la Patria", "Las cosas útiles y magníficas", "Las ciudades" y "Los hombres"). En la primera sección hay un solo poema; en cada una de las restantes hay tres. Nos referiremos hoy al último poema de la última sección, es decir, a la última obra de todo el libro: "Los próceres". 



Aquellos grandes hombres, con dignidad severa,

que es la lección más alta de su ilustre carrera, 

en la bella y difícil conciencia del deber, 

para honra de la Patria dicen cómo hay que ser. 

Mandan que en una vida de sencilla nobleza, 

tengamos bien unidos corazón y cabeza; 

como el pilar constante, si es sólido su ajuste, 

un solo miembro íntegra con la basa y el fuste. 


Estas dos estrofas iniciales muestran la tónica general del poema. Transcribiremos algunos  fragmentos que hacen alusiones de algún modo vinculadas con la Heráldica, que iremos ilustrando con fotos propias.

(...) 

Que el sol de la bandera no cobije intereses 

bastardos, proveyendo la igualdad de las mieses 

y la paz de los hombres con justiciero rayo; 

pues ya la Junta el mismo 25 de Mayo, 

ordenó en su proclama que el porvenir encierra: 

"Llevad hasta los últimos términos de la tierra

la persuación de vuestra cordialidad". Y el Canto 

de las primeras glorias, con grito sacrosanto 

que habló en mares y cumbres como un viento profundo

nos predijo por libres los plácemes del mundo. 



Y la sólida regla de la Constitución, 

abrió a todos los hombres el noble pabellón, 

como árbol de justicia donde la primavera 

con sus flores azules y blancas se embandera. 



(...)

Que hagamos de sus tumbas las macetas de flores 

con que los buenos muertos prorrogan sus amores, 

como si nos dijeran con su palabra honrada 

que la eternidad fórmase de vida renovada; 

y que así como ellos precisamos vivir, 

no de pasado ilustre, sino de porvenir. 

 



 (...)

Pues ellos nos dejaron en sus actos más bellos

el duro y noble encargo de ser mejores que ellos.

Su probidad sencilla, su piedad grave y recta,

el porfiado heroismo de su vida imperfecta,

el timbre igualitario que dieron a sus nombres, 

nos prueba que, ante todo, cuidaban de ser hombres.

Y lo que nos los torna más buenos y admirables

en los póstumos días, es que son imitables. 

(...)


En un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo.

Todas las fotos son propias, como se dijo; según el orden en que aparecen en esta entrada, fueron tomadas en las siguientes locaciones: Plaza de Mayo; San Antonio de Areco; cielo en la Ruta 2 (entre Chascomús y Buenos Aires); Casa de Gobierno; Catedral de Buenos Aires; Buque Museo A.R.A. Irigoyen en San Pedro (Bs. Aires).

lunes, 27 de febrero de 2023

"Origen de los colores nacionales"

Llegó a nuestras manos, por azar, el número 11 de  HISTORIA, Revista Trimestral de Historia Argentina, Americana y Española. Corresponde a los meses de enero/marzo de 1958, y como se infiere por la portada, que vemos abajo, la nota principal de esa edición se refiere al origen de los colores nacionales.

La nota está firmada por Augusto Fernández Díaz y es demasiado extensa para publicarla en el Blog, pero aquí nos hemos limitado al tema al que alude el subtítulo. En efecto, el título del artículo es ORIGEN DE LOS COLORES NACIONALES, y a modo de subtítulo dice:


Blanca - azul - blanca: Belgrano

Azul - blanca - azul: Rivadavia


Ese encabezamiento, junto con la imagen de la portada, parece indicar la tesis principal del autor, y a ella nos vamos a ceñir en esta entrada, transcribiendo algunos párrafos referidos a esa "oposición" de banderas. El trabajo original no tenía imágenes: nosotros añadiremos algunas para ilustrar mejor lo que se va exponiendo.

El texto comienza haciendo referencia a la gran similitud existente entre la bandera nacional y la banda de Carlos III, por lo que algunos suponen «que el origen de nuestros colores no puede haber sido otro que ese atributo de la orden» creada en 1771 por el mencionado rey, a la que tanta importancia le dio también su sucesor, Carlos IV. 


Para adentrarnos ahora en la cuestión de las banderas de Belgrano y Rivadavia, es menester que recordemos, ante todo, dos hechos de febrero de 1812 que son decisivos para entender lo que sigue.

«El 18 de febrero es el día del decreto que consagra la Escarapela Nacional blanca y azul. La iniciativa pertenece a Belgrano, quien ha sugerido la idea por la conveniencia de evitar en los cuerpos militares la diversidad de divisas»

Belgrano, en Rosario, hace usar la escarapela a sus tropas y unos días más tarde da un paso más.  El 27 de febrero de 1812 (hace hoy 211 años) escribe al gobierno de Buenos Aires, es decir, al Triunvirato: “Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, mandéla a hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional. Espero que sea de la aprobación de vuestra excelencia”.

Avancemos ahora tres días (1812 fue bisiesto) y pasemos al 1° de marzo:

«Este día llega de la costa del Rosario un oficio que a Rivadavia lo saca de sus casillas. Belgrano acaba de mandar hacer una bandera blanca y azul, conforme a los colores de la Escarapela Nacional decretada días antes. Es con toda evidencia un acto de indisciplina e irregularidad militar, e impolítico por las consecuencias que pueden acarrear al Gobierno en la conducción de los negocios exteriores. Es cuando se produce la famosa y tremenda reprimenda que, afortunadamente, conocerá el destinatario más de tres meses después, y no en Rosario sino en Jujuy. El autor de la amonestación, creyendo atenuar los efectos en un espíritu tan sensible como el de Belgrano, y comprendiendo la necesidad de poner bandera en las baterías, resuelve enviarle en lugar de la anterior “la qe. hasta ahora se usa en esta Fortaleza”. Aquí se impone una observación interesante: Rivadavia al pie del resumen del oficio de Belgrano, escribe de su mano y pluma las instrucciones para la redacción de la respuesta:

...y qe. al efecto se le envia la Vandera qe. hasta ahora se enarbola en esta Fortaleza” ¹

Pero el secretario corrige y escribe:

“...que hasta ahora se usa” ²

En consecuencia, la bandera no es la que se enarbola en el asta de la Fortaleza sino la que se usa en ceremonias oficiales, esto es, en la sala de actos, puesta en uno de los balcones, etc. Pensar en la nacional española es caer en un absurdo, pues en ese caso el Fuerte habría quedado sin Bandera».

Texto del oficio del Primer Triunvirato
a Manuel Belgrano, 3/3/1812


«Dejar el Fuerte sin bandera por no remitir la tela necesaria para hacerla, es cosa que no se entiende. Por otra parte, de haber sido la española, lisa y llanamente lo habría expresado. El contenido de la frase “subrogándola con la que se le envía, que es la que hasta ahora se usa en esta fortaleza”, pudo haberse expresado con sólo cinco palabras: “subrogándola con la bandera española”. Hay más; dice: “que hasta ahora se usa en esta fortaleza”; pero, ¿desde cuando? ¿Desde la construcción del fuerte por Hernandarias a principios del siglo XVII? No puede ser, por dos razones: ni Rivadavia podía saber todas las banderas que se habían usado en el fuerte desde su construcción, ni la bandera de 1812 podía ser la misma de aquel tiempo, porque la nacional española se crea por R. D. de 21 de mayo de 1785. ¿De un suceso que pudo haber sido el 25 de mayo de 1810, de algún aniversario del natalicio de Fernando VII, cuyo nombre era siempre invocado en decretos, actos y fiestas del gobierno patrio? Pero, ¿qué bandera puede ser?».

«El descubrimiento en Bolivia, en 1883 y 1885, de dos banderas argentinas muy antiguas, pertenecientes al ejército de Belgrano de acuerdo con información suministrada por indios viejos, servidores de la capilla donde fueron encontradas, vienen a arrojar plena luz sobre este doble problema histórico: una es de color azul en las fajas exteriores y blanco con la del centro; la otra, lo contrario: blancas son las dos franjas laterales y azul la restante. No necesita el lector que yo lo diga para imaginar que esta última es la mandada hacer por Belgrano para las baterías de Rosario, y la otra la remitida desde Buenos Aires para reemplazar la anterior. Resulta, pues, que Rivadavia, consecuente con su conducta del 3 de marzo, obligado por las circunstancias a sacar una bandera por haberse suspendido el paseo del Estandarte, escoge los mismos colores de entonces, que eran, precisamente, los de la bandera del Deseado».

En efecto, en 1812 se suspendió la solemne ceremonia del paseo del Estandarte Real, como lo establecía esta resolución del 13 de mayo:

“Considerando este gobierno que el paseo del estandarte en los pueblos de la América española es una ceremonia humillante, introducida por la tiranía é incompatible con la libertad que ha proclamado y defiende, ha determinado en acuerdo de 11 del corriente, que se suspenda por ahora, y hasta tanto que con consultas de V. E. y demás autoridades se constituya al paseo del estandarte una demostración más digna y analoga á nuestra regeneración civil”.

«Hay en estas palabras la promesa implícita de una disposición, sin motivo para suponer que no fuese cumplida. ¿Cuál podría ser esa demostración más digna, sin que pudiese comprometer los planes políticos del Gobierno ocasionando ulteriores inconvenientes o trastornos a los negocios de la Revolución? El Estandarte era un símbolo de opresión e "incompatible” con la libertad; la divisa de Carlos III - de Fernando VII entonces- era compatible hasta con las ideas de emancipación y no era signo de tiranía -al menos en aquellos momentos- y de hecho recordaba “á nuestra regeneración civil” por la invocación de los derechos del Deseado desde el primer día del nuevo sistema».

Volvamos, pues, a lo que dice Fernández Díaz como meollo del aspecto de su artículo que hoy compartimos: la bandera que el Triunvirato le envió a Belgrano no era la rojigualda, sino la borbónica, celeste y blanca, con los colores distribuidos tal como nuestra actual enseña.

«Se usaba entonces en Buenos Aires la escarapela azul blanca de la Sociedad Patriótica, mejor dicho, de fondo azul; en otras palabras, donde privaba este color; pero Rivadavia, al escoger los mismos colores, da preeminencia al blanco, color usado por los patriotas en los días de mayo de 1810.

El escudo de armas de la ciudad de Buenos Aires, sancionado por el Cabildo en la sesión del 3 de noviembre de 1649, era de una simplicidad admirable, conteniendo únicamente además de la línea de la costa, un ancla enterrada y encima, cubriendo más de la mitad del campo, el ave simbólica del Espíritu Santo. En la orden consagrada al culto de este misterio, la paloma de plata es su emblema, y observase siempre el blanco en las pinturas que lo representan. Acaso nos encontramos aquí con el origen de aquella divisa y la bandera del mismo color que usóse en ciertas circunstancias en los primeros tiempos de la independencia. En lo concerniente al origen de las armas de la ciudad, nada se ha dicho hasta ahora, y el acta respectiva no suministra la menor orientación; sin embargo, no está de más el recuerdo de hechos que se remontan a la primera fundación de Buenos Aires. Destruidas por el agua de inundación las primeras iglesias, en razón de haber sido erigidas en el valle del Riachuelo, Francisco Ruiz Galán edificó otra en los altos de la barranca, bajo la advocación del Espíritu Santo. Existe por otra parte, en el expediente obrado con motivo de la demanda puesta por los oficiales reales a León Pancaldo, un auto del propio Francisco Ruiz, teniente de gobernador a la sazón, que fecha el 8 de agosto de 1538 "en el dho puerto e cibdad del espíritu santo”.

De esta suerte, si los capitulares de 1649 —ignorando el escudo impuesto por el fundador no encontraron sello alguno con las armas de la ciudad, dispusieron en cambio, del recuerdo de un hecho, lejano pero significativo, que bien pudo ser motivo de inspiración cuando resolvieron componer por su cuenta el sello entonces sancionado. No es mi intención dejar aquí sentada ni siquiera una opinión conjetural; dejo señalado el antecedente por si en tanta investigación que se realiza, apareciere otro tal como para ser relacionado con el anterior».



Esta referencia de naturaleza heráldica entronca con otra de las hipótesis acerca de los colores nacionales: su posible origen "porteño", tanto directamente —a partir de su escudo, como acabamos de leer— como a través de las "medidas de la Virgen" en las Invasiones Inglesas o del emblema y los colores del Consulado (del que Belgrano era Secretario): el celeste y el blanco de la Inmaculada Concepción. 

Escudo de Buenos Aires en que se advierten
los colores celeste y blanco,
y cinta con los colores patrios
(fuente)


Como ya hemos sostenido en otra ocasión en este Blog, las tres explicaciones tradicionales acerca del origen de los colores nacionales (la Orden de Carlos III, la  Virgen Inmaculada y el cielo despejado) no sólo no se contradicen, sino que de hecho son tres aspectos de la misma realidad: la orden tiene los colores de la Virgen y Ella, a su vez,  está vestida de cielo.


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1 V. Arch. General de la Nación, X.44.8.29

V. La Bandera Nacional, por Arch. G. de la N.


jueves, 12 de agosto de 2021

domingo, 20 de junio de 2021

Escudo Nacional en una tarjeta de seda

En el Día de la Bandera continuamos con las "sedas" heráldicas, a través de imágenes tomadas de Heraldry of the World

En este caso se trata de una banda de seda con los colores nacionales argentinos puestos en palo y el escudo  en dorado. Se indica en el texto: REPÚBLICA ARGENTINA - Escudo de armas.

Formaba parte de una serie en que los respectivos escudos iban sobre una tira de seda con los colores de la bandera correspondiente.


No hay datos acerca de quién emitió esta serie de tiras de seda; por algunos detalles de los escudos se infiere que son anteriores a 1918.

domingo, 9 de agosto de 2020

sábado, 27 de junio de 2020

«EL ESCUDO Y LOS COLORES NACIONALES» (4 de 4)

Cuarta y última entrega de la versión actualizada y enriquecida de la obra de Estanislao Zeballos cuyo título es el de esta entrada.


EL ESCUDO Y LOS COLORES NACIONALES

X

La primera alteración forzada del escudo legal fue consumada en Mendoza, al componer y blasonar la bandera para el Ejército de los Andes, en 1817. Los documentos oficiales explicaron que el hecho era fruto fatal de las circunstancias. No había en aquella ciudad género de seda con los colores nacionales, y se usó el azul turquí. Tampoco estaba decretada la forma definitiva de la bandera y el general San Martín, en la necesidad de un símbolo guerrero, al marchar contra el enemigo, compuso una simple imitación de la de Belgrano y de los congresos de 1816 y 1818. En cuanto al escudo tiene nuevos atributos y formas y alteraciones evidentes a la simple vista. Pero esa bandera quedó desautorizada implícitamente por la ley de 1818, citada.


Bandera de los Andes

La primera alteración arbitraria del escudo nacional de que tengo noticias fue consumada en 1821, bajo el gobierno de Rodríguez. Ella aparece simultáneamente confirmada en la acuñación de la moneda de vellón y en el sello ordenado para el despacho personal del Presidente de la República, Rivadavia. La modificación del cuño de la moneda responde a darle carácter provincial, pues, en el reverso fue eliminado el Sol del escudo nacional y substituido por la leyenda circular: Buenos Aires — Un décimo y el año 1822 en el corazón, sobre el diámetro del disco.

El anverso contiene el escudo, según muestra el clisé 4, sin leyenda, rodeado por una guirnalda o corona abierta, y no por la corona de laureles que decretó la Asamblea del año XIII. La casa de Boulton de Birminghan, a la cual se le confiara la acuñación, introdujo el nuevo cuño siguiendo el escudo provincial de Buenos Aires, usado juntamente con el sello del Poder Ejecutivo de 1813, en el papel sellado desde 1821.


El sello de la presidencia, clisé 5, reproduce la modificación, que no titubeo en calificar de arbitraria, porque no he hallado ley, decreto o simple resolución que ordene la alteración del escudo nacional, substituyendo la guirnalda a la corona de laureles. Obra, sin duda, de la fantasía del grabador, pasó inadvertida a los funcionarios del Estado. El Sol de este sello no es el de la heráldica, adoptado por la Asamblea de 1813, y dibuja nuevos rayos, bajo la forma de láminas triangulares o de cola de flechas, alternando con otros finos y rectos.



XI

El mal ejemplo de la arbitrariedad tolerada se repitió en proporciones extraordinarias durante la época de Rozas (1829-1852). Su moneda de oro, las famosas onzas del Eterno Loor al Restaurador de las Leyes, llevaron al cuño sagrado de 1813 las siguientes reformas: 1° Sol pleno y radiante, 2° Agregado de dos lanzas y dos fusiles arriba de las banderas. 3° Eliminación al pie de la caja de guerra. 4º Alteraron la posición y dibujo de los cañones, que con la caja formaban el trofeo militar legal de la parte inferior del escudo. 5° Guirnalda en vez de la corona de laurel sinople (compárense las figuras 2, 3 y 6).
La moneda de oro menor de 1842 trae nuevas alteraciones, aunque reproduce el escudo de la onza de 1813 con los laureles mal grabados, especialmente en la parte superior de la corona. 1° Elimina el trofeo militar de la base. 2° Agrega arriba de las banderas un cañón y un fusil de cada lado. 3º El Sol aparece en el reverso surgiendo no detrás del escudo, sino de un cerro. 4° Sus haces de rayos son arbitrarios y rectos (figura 7).

La «Litografía del Estado» de César H. Bacle fue famosa en Buenos Aires desde la época de Rivadavia, en la calle de la Catedral, número 17. Ella publicó preciosos álbumes de vistas y retratos, al lápiz, a tinta china y pintados a la acuarela, con las firmas notables de Pellegrini, Onslow y Andrés Bacle. Conservo en mi archivo histórico los ejemplares de la colección de vistas y retratos editada de 1828 a 1832 con el título de Trajes y Costumbres de la Provincia de Buenos Aires. Bacle dibujó y estampó desde 1834, el escudo nacional representado en la lámina I, entre la tolerancia o la indiferencia pública y oficial. Estamos en presencia de un nuevo blasón argentino, cuyas variantes son: 1º Substitución de la corona del Año XIII por la guirnalda de 1822. 2º Agregado de nubes y de mangas a los brazos que sostienen la pica. Entre los símbolos heráldicos de los brazos movientes desnudos o vestidos, la Asamblea del año XIII aprobó los primeros. Vestir los brazos, es violar la ley y la regla heráldica del caso. 3° Añadido de catorce lanzas con banderolas, orladas de largo fleco, en el centro de las cuales están dibujados los escudos de las catorce provincias. 4° Substitución del Sol naciente y de rayos alternados por una estrella, de cara infantil, radiante. 5° Dibujo del gorro frigio contornado o inclinado a la inversa del de 1813. 6º Cinta ondulada al pie con la leyenda República Argentina. 7° Fruta del olivo en las ramas, que no existen en la corona de 1813. Este escudo aparece en varios mensajes de Rozas a la legislatura de Buenos Aires, de donde lo he copiado, en una edición del Himno Nacional y en varios papeles del tiempo. (Lámina I, figura 2).

Lámina I de la obra de Zeballos

Finalmente, en la portada de los documentos oficiales de la época se halla otra variante, dibujada a la inversa de la legal, es decir con el eje mayor de la elipse en el sentido horizontal, con la estrella de Bacle en la parte superior, nubes en el arranque de los brazos y guirnalda en vez de corona de laureles, reproducido en la lámina I, número 3.

Las medallas militares crearon nuevos escudos. La victoria de Cayastá, alcanzada por las fuerzas del general Pascual Echagüe, contra el general Juan Pablo López, dicho Mascarilla, porque tenía un semblante extraño y rosado, parecidoal de una careta de cartón, fue conmemorada por Rozas con la medalla dibujada al margen (fig. A). Su cuño trae, alrededor del sello de Rivadavia, diez banderas en vez de cuatro, seis y catorce usadas en otros casos. Tres bayonetas aparecen en la parte inferior y más abajo dos piezas de campaña, montadas sobre ruedas y haciendo fuego. Lo remata el trofeo militar con dos clarines a derecha e izquierda de la base. El mismo troquel fue usado en 1837 para la medalla del combate de Santa Bárbara, agregando una caja de guerra entre las cornetas de la base. La condecoración militar a los de Pago Largo lleva en la parte superior del anverso (fig. B), el sello de Rivadavia, con medio sol, chato y radiante, que sale, brazos rectos y tres guirnaldas de laurel, una circular y las otras abiertas lateralmente hasta formar la última la base al escudo. Este tipo de fantasía blasónica ha sido reproducido en varias medallas y escudos, y entre otras, en la que los amigos del honorable doctor Luis Sáenz Peña hicieron acuñar en 1895 conmemorando su Presidencia de la República.




Tales fantasías de dibujantes fueron también admitidas y usadas por los unitarios, durante la larga e implacable guerra civil. Poseo la colección de los periódicos impresos en Corrientes, durante aquel intermedio histórico, quizás la única existente, no lo afirmo. La Revolución, cuyo primer número apareció el miércoles 13 de febrero de 1845, ostenta el escudo argentino representado en la lámina I, figura 4. Las modificaciones arbitrarias que observo en su dibujo son: 1° Sol pleno y adelante de la corona de laureles. 2° Tres banderas de cada lado, tres con lanzas agudas y tres en astas sin moharra. 3º Tres bayonetas a cada lado, entre el Sol y las banderas. 4º Un cañón horizontalmente tendido al pie del escudo. 5º Una caja de guerra a la derecha del mismo. 6º Un mortero a la izquierda. 7º El blasón reposa en campo llano. 8° Sobre este yacen dos lanzas cruzadas con banderolas. 9° A derecha e izquierda de las lanzas grupos de balas de cañón, dispersas al acaso. Tal vez el error fue advertido a la Imprenta del Estado, porque desde el número 12, correspondiente al 30 de marzo, el escudo alterado es substituido por una alegoría del Sol naciente sobre el río Paraná, con las islas a la derecha y la ciudad de Corrientes a la izquierda. Navega un bergantín aguas abajo y al pie del dibujo se advierte ancha y ondulada orladura, con esta leyenda cívica: Libertad — Al Pueblo Argentino (lámina I, figura 5). 

Figura 4 de la Lámina I de la obra de Zeballos

El Republicano dio a luz su primer número, bajo los auspicios del lema: ¡Patria! ¡Libertad! ¡Constitución!, común a todos los periódicos liberales correntinos, el domingo 2 de julio de 1843; y entre aquel lema y su título usó el escudo de la lámina I, número 4. El número 7 del domingo 13 de agosto de 1843, lo imprime por última vez. Ocupa su sitio en los números posteriores otro aún más arbitrario, desairado y artísticamente malo. He aquí las modificaciones que comporta: 1° El óvalo del escudo es menos largo y más ancho. 2° Los brazos están dibujados en línea recta. 3° Los mismos traen las mangas, de la fantasía de Bacle, antes mencionadas. 4° La elipse del escudo asienta sobre otro óvalo que se prolonga superiormente y forma un marco terminado en dos espiras laterales. 5° Sobre el marco reposa una cabeza juvenil, coronada de rayos y de cabellera flameante, sujeta a la frente con fino y níveo lazo. 6º A las cuatro banderas de las onzas de 1813, añade dos bayonetas. 7° Trae dos cañones cruzados al pie. 8º En la parte inferior del óvalo ha sido dibujado el emblema correntino de la cruz entre llamas. 9° El disco oval descansa sobre campo enjuto rodeado de bañados, con cactus y plantas acuáticas. 10° Entre dos cactus domina el paisaje una pila angular de balas esféricas de cañón. 11° A la derecha del dibujo una caja de guerra. 12° A la izquierda una corneta. 13º Pasa por detrás del cuerpo superior del dibujo orladura ondeada con el lema Muera (a la derecha) Rosas (a la izquierda). El tosco grabado en madera está reproducido en facsímile, como los otros, en la lámina I, figura 6.


El periódico Corrientes Confederada, órgano de los federales, que se habían apoderado de la situación local, a la caída de los Madariaga, no usó los escudos unitarios y adoptó el sello del gobierno, con el lema de: ¡Viva la Confederación Argentina! Mueran los salvajes unitarios. El dibujo 7 de la lámina I reproduce, en efecto, el sello de Rivadavia, con el símbolo local de la cruz entre llamas y agrega en el disco, interiormente, las palabras Provincia de Corrientes y exteriormente frondosa corona de laureles.

Obsérvese finalmente que durante la época de Rozas las traducciones al inglés y francés de sus mensajes traen otro escudo, cuyo aspecto general corresponde al actual de la provincia de Buenos Aires, con tres banderas por lado y dos cañones cruzados, con las recámaras lucientes en la base del dibujo; mientras que el Registro Oficial de los mismos años (1845 a 1849) adoptó llanamente el sello de Rivadavia, ut supra, sin inscripción alguna y con la guirnalda de laureles al parecer flotando en el aire.



XII

La década de guerra civil que sigue a la caída de Rozas (1852-1862) no fue más respetuosa del blasón nacional. El Estado Independiente de Buenos Aires usaba el escudo de las seis banderas por lado, con tres fusiles y dos cañones. Más adelante estudiaré los curiosos orígenes de esta combinación local, cuando escriba sobre los escudos de las provincias. La Confederación Argentina, cuya capital era el Paraná, adoptó como la época de Rozas, todos los escudos que los grabadores imaginaban, o que el material de las imprentas, adquirido en Buenos Aires o importado, contenía. Así, en mensajes del presidente Urquiza al Congreso federal y en numerosos impresos oficiales, se encuentra el escudo, deformado horizontalmente durante la administración de Rozas, lámina I, número 3. El Porvenir de Entre Ríos, del Uruguay, órgano del general Urquiza, publicaba a su frente el simple sello de Rivadavia, sin inscripciones. El mensaje del Presidente al Congreso legislativo federal, leído en la tercera sesión ordinaria de 1857, fue impreso con el escudo del Estado Independiente de Buenos Aires mencionado. El mismo escudo encabeza la proclama del general Urquiza, «gobernador y capitán general de la provincia de Entre Ríos, general en jefe del ejército Aliado Libertador», dirigida a los «argentinos» y a «los pueblos y gobernadores de la República», fechada en Palermo de San Benito el 17 de marzo de 1852 e impresa en Buenos Aires por la «Imprenta del Estado», calle de Santa Rosa número 95. El Boletín del Ejército Grande de Sur América, editado en el Rosario por Sarmiento, usaba el escudo de Rivadavia, con la forma elíptica más ancha y corta que el mismo original defectuoso.

Escudo Nacional en la Pirámide de Mayo (construida entre 1856 y 1857)
(foto propia)

El Nacional Argentino, el famoso órgano oficial de la Confederación en el Paraná, fuente preciosa de informaciones históricas y que conservo en mi biblioteca, trae en el título, entre las palabras principales de su nombre, un grande escudo del Estado Independiente de Buenos Aires, que combatía en jefe. La obra oficial y descriptiva de la Confederación, dedicada desde París en 1859, al presidente Urquiza, su alto patrono, por Mr. Martín de Moussy, muestra un clisé nuevo. Es una variante de la onza de 1813, con el gorro frigio contornado y cuatro banderas por lado, en vez de dos. Tres de las banderas están sostenidas por lanzas y dos por astas sin moharras. En algunas banderas hay blasones locales en lugar del Sol del pabellón nacional de guerra. Las ramas de laurel ostentan su fruta y dos cañones cruzados asoman sus bocas y oídos arriba y abajo. Esta nueva fantasía está firmada por Deberny, artista de París. El dibujo fue reproducido toscamente en la portada del atlas que acompaña a la obra, y en la primera cubierta de éste el encuadernador ha estampado después a fuego un escudo aurífero de catorce banderas distinto del de Bacle. Y así se completan tres blasones nacionales dispares en la misma obra oficial.

La inconciencia de las impresiones en la época de la Confederación es indiscutible y ninguna forma nueva del escudo nacional aparece, como en las anteriores, que tan fecundas fueron para alterarlo. Oficialmente la Confederación era más cuidadosa en la moneda, pues, si su cuño carece de absoluta verdad, trae como escudo el sello de Rivadavia, el más aproximado a ella, según monedas de 1852 a 1860, en mi monetario, cuyos cuños publica el señor Rosa en su Monetario Americano, páginas 59 y 62.


Un peso moneda nacional oro - 1883
XIII

Describir las alteraciones antojadizas y violatorias de la ley creadora del escudo nacional, en la época titulada de la Organización Nacional (1852-1900), sería allegar elementos para un voluminoso libro ilustrado con centenares de grabados. El desparpajo y desbarate con que las oficinas y los dibujantes nacionales y extranjeros producen y copian fantasías sobre motivos del blasón sagrado de la Patria, es tan maravillosa, como la indiferencia misma de las autoridades. Citaré apenas los ejemplos más notables.

Hay instrumentos de gobierno y administrativos cuya divulgación entre las masas, es poderosísimo recurso de difundir nociones, a las veces definitivas. Son medios de educar objetivamente, más eficaces a veces que la escuela misma. Tales me parecen, por ejemplo, la moneda, el timbre postal y de impuestos fiscales, el papel sellado, las oficinas públicas, la policía, el ejército y la prensa.

El papel moneda de la provincia de Buenos Aires, antes de 1880, usaba a menudo el sello de Rivadavia, es decir, el escudo nacional alterado, y la Nación las armas provinciales, como he demostrado. La ley de noviembre de 1881 pudo rematar el desorden; pero su generalidad en este punto simplemente le dio pábulo. Ella determinó la unidad monetaria y la acuñación de monedas metálicas, en cuyo anverso debían llevar el «escudo de armas de la Nación». El director de la Casa de Moneda, persona sin preparación, ni escrupulosidad en materia de antecedentes patrios, adoptó inconscientemente el escudo de armas de la provincia de Buenos Aires, como lo comprueban los cuños adjuntos (fig. 8).


No ha sido más seria ni respetuosa la Administración, en sus contratos para los billetes del Banco Nacional y del Banco de la Nación Argentina. El dibujo de los escudos fue abandonado completamente a la imaginación o al antojo de los grabadores extranjeros o a la negligencia de empleados o directorios nacionales. Es difícil hallar billetes de diferentes valores con escudos iguales. Las alteraciones, añadidos y decoraciones ilegales, son numerosísimas y siguen todos los moldes vulgares de la heráldica. La observación puede ser comprobada por cualquiera al examinar los viejos billetes y los que ahora corren de mano en mano. No exceptúo, por cierto, los libros de cheques.


500 pesos moneda nacional oro - 1883

En 1891, cuando fui llamado a reorganizar los servicios de Correos y Telégrafos, suprimí la serie copiosísima de timbres postales, cuyos grabados ostentaban los retratos de muertos ilustres y de varios personajes vivos, actores en los sucesos políticos de actualidad. Los retratos de los generales Mitre y Roca (éste era mi jefe inmediato como Ministro del Interior), del doctor Juárez Celman y muchos otros fueron eliminados. Adopté los de personalidades que gozan ya de la consagración de la Historia: San Martín, Belgrano, Moreno, Pueyrredón y Rivadavia. Los grabados fueron esmeradamente dirigidos, como medio de educación cívica y artística para las masas. La dirección de Correos y Telégrafos, que está a cargo de persona excelente y animada de las mejores intenciones, ha incurrido, sin embargo, en un error sobre este punto. Hay en nuestro país una escuela que proclama hace años que el culto de los grandes hombres es un fetichismo, y la gloria de ciertos próceres argentinos, inmerecida. El director de Correos y Telégrafos, no llega tan lejos en sus juicios; sin embargo, los actos revelan su opinión de que no es propio de un pueblo libre habituar a las masas a rendir culto a los grandes muertos.

El resultado de esta doctrina extraviada ha producido la eliminación del retrato de los próceres de los timbres postales y la adopción de un modelo, en todo sentido desgraciado. Es una imitación vulgar, sin arte y sin vida, mal grabada e impresa sin nitidez, de la efigie de la República Francesa, complementada con el remedo del escudo argentino oficialmente alterado. Tal blasón tiene, en efecto, la forma de un escudo sannítico [*] del siglo XVI, las manos rectas, curva la línea divisoria de los cuarteles y blanca faja en el centro. La mujer, efigie del hastío, que supongo representa la República, se apoya irreverentemente en el blasón, como en el brazo de un banco de playa de mar. Los timbres del telégrafo traen el sello arbitrario de 1822.


20 pesos moneda nacional oro - 1883

El papel sellado ofrece creaciones peregrinas. De 1880 a 1890 ostentaba dos escudos: el sello de Rivadavia en el centro de la foja en letras a la aguada y otro con guardas inoportunas y yerros en el dibujo estampado en la parte superior. No solamente varían los escudos en la misma hoja: las diferentes emisiones de papel, sellado según los usos, lo traen en formas más o menos audazmente alteradas.

Los edificios, destinados a oficinas públicas, son otra deplorable lección de objetos, que extravía el criterio popular. Obsérvese la Casa de Gobierno Nacional, por ejemplo, desde la plaza de la Victoria. 

Escudos en el frente de la Casa de Gobierno
(fotos propias)

La Compañía General Alemana de Electricidad incendia ante el pueblo, con los caracteres incisivos del fuego que maneja, un escudo, que no es el de 1813, sino una combinación de variantes sobre un plano de rayos rectos en los cuatro ángulos de la circunferencia. Al pie, en el arco del pórtico central, entre dos cariátides groseras, lascivas y exuberantes, que ofenden el Arte, la Moral pública y la gravedad de un palacio de Estado, se percibe cierta fantasía de armas nacionales, de cemento, a las cuales se ha agregado dos grifos por soportes. En el interior del mismo arco hay una tercera profanación del escudo, pintado, y con distintos ejemplares de la fauna decorativa, dos dragones en la misma posición de los grifos exteriores. Estos nuevos atributos del blasón nacional tienen origen en la falta de respeto al país de un arquitecto oficial extranjero, sin vigilancia alguna. Peregrina y diríase que hasta irónica es la añadidura de los grifos y dragones al escudo argentino, porque según los autores heráldicos «los dragones esculpidos en monumentos bizantinos simbolizan ordinariamente las calamidades públicas, peste, hambre» y las crisis comerciales y políticas. En las puertas de cristal de la misma Casa Rosada, hacia la plaza de la Victoria, están grabadas las armas de Buenos Aires y en otros detalles del palacio el sello de Rivadavia. No es necesario seguir las infinitas variantes de los edificios menores. El 25 de mayo de este año la Intendencia Municipal ostentaba el escudo de la provincia de Buenos Aires formado con lámparas eléctricas; y el retrato transparente del general San Martín ocupó el sitio de la última jerarquía, a la izquierda, en la fachada de la casa municipal, y en inferior posición a la atribuida a sus tenientes Las Heras, Lavalle y otros. El abuso y la negligencia se repiten en todas partes y a cada instante. Este desorden parece la ley. El Congreso, que debiera defenderla y la Justicia aplicarla, reinciden, sin embargo, en la falta de usar escudos que no son el de la República, o no corrigen sus dibujos alterados. En la sala de audiencias públicas de la Excma. Cámara de Apelaciones en lo Civil de la Capital, hay un fresco sannítico [*] del siglo XVI, con los atributos de las armas nacionales; y en los soportes de los cortinados otro blasón oval y diferente, parecido al de 1822, con un campo azur y plata.

Pero el error es deplorable y de trascendentales consecuencias en las escuelas donde ni los edificios, ni los cuadros murales de enseñanza muestran a los niños el verdadero dibujo de las armas nacionales. He examinado personalmente en mayo de este año clases de escuelas comunes en las cuales ni los niños, ni los preceptores podían blasonar el escudo de la República e ignoraban que hay dos banderas, la mayor y la menor. Y es, precisamente, esa penosa experiencia la que me ha inspirado este artículo. En mi carácter de presidente del Consejo Escolar del V distrito de la Capital de la República, y en cumplimiento de una resolución de mis colegas, solicitaba en mayo pasado al Consejo Nacional de Educación, tan bien inspirado en la actualidad, la refacción de los escudos alterados en la famosa Escuela Sarmiento de la avenida Callao. El mismo Consejo local usaba el escudo de armas de Buenos Aires, y al ordenar su substitución ha dispuesto eliminar también de todas las escuelas las profanaciones en boga.

Las escuelas privadas naturalmente siguen el lamentado mal ejemplo oficial. El colegio de Santa Rosa del Rosario ha divulgado en sus medallas el cuño de las cuatro banderas sin el trofeo militar (fig. 10). 



El English College usaba un troquel parecido, pero con seis banderas. La Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, obligada a su turno a aceptar todas las oportunidades de dar los grandes ejemplos de estricta observancia de las leyes, no ha dejado, sin embargo, de contribuir al descuido, respecto de los emblemas nacionales. Su medalla Premio Anual (fig. 11) es otra alteración del escudo, que introduce la bordura puntuada, un marco de volutas y de combinaciones caprichosas y una guirnalda diferente de otras igualmente fantásticas. No es tal el escudo argentino.


La policía de la metrópoli fomentó también con su variedad de escudos las confusiones y la imperfecta ilustración pública en la materia. Los comisarios usaban cierta medalla (fig. 12) con un escudo nacional diferente de todos los conocidos, porque solamente trae ocho banderas, recogidas en caprichoso pliegue, con dos cañones, guirnalda y Sol radiante. La mayor parte de los escudos de los palacios y de las medallas y premios de las exposiciones argentinas, formarían también un museo de variados escudos.

La heroica y susceptible institución militar ha sido a su vez obligada a pagar tributo a la desidia antigua y moderna de las administraciones públicas. La medalla de Chacabuco, «a los vencedores de los Andes» (fig. 13), es una imitación sin elegancia del escudo. Introduce nubes en la parte inferior del cuartel blanco, el óvalo es aplanado y ancho y está encerrado en un pentágono, sobre cuya cara superior aparece la mitad del disco radiante del Sol. ,

La medalla «al ejército aliado de operaciones contra el Paraguay», alteró el escudo con dos modillones y espirales, de los defectos comunes a las reproducciones de su tipo (fig. 14). La estrella, sancionada por la legislatura de Buenos Aires para honrar su guardia nacional, durante la misma guerra, lleva el emblema de la Nación, en vez de las armas provinciales. Puede explicarse el caso, por el carácter nacional de la guerra, o ser simplemente uno de los errores comunes. El escudo en este caso es el sello de Rivadavia, con Sol modificado, que apenas asoma, aplastado por la leyenda en letra exagerada. He ahí una alteración por cálculo deficiente del artista. El cuartel de Palermo ostenta sobre su portón un escudo deplorable. Et sic de caetera.



Si los propietarios de imprentas argentinas revisan sus cajas de viñetas, podrían ciertamente ofrecerme la misma variedad de escudos alterados que he exhibido. Sus publicaciones en las fiestas cívicas son prueba de ello. Ninguna lo tiene grabado con exactitud y sería deber y obra patriótica inutilizarlos, para cumplir la ley de 1813, dando alto y fecundo ejemplo al pueblo argentino y a todas sus administraciones públicas.



XIV

El Ministerio de Relaciones Exteriores dio en 1882 el primer paso hacia la unificación. Dirigió con este motivo al cuerpo consular la nota, de 5 de marzo de 1885 «en el objeto de uniformar en los consulados el uso de la Bandera y del Escudo Nacional», a cuyo efecto acompaña una lámina «debidamente colorida». Describe, el escudo, en estos términos: «El escudo está pintado con los colores y atributos que dispuso la Soberana Asamblea de 1813. Es de forma oval, azul en sus dos cuarteles superiores y blanco en los inferiores. Sus atributos son dos manos unidas sosteniendo en una pica el gorro frigio, cuyo significado es: En Unión y Libertad; lo corona un sol naciente y lo rodean dos gajos de laurel ligados en su base, como lo representa la pintura».

Fundada está ya en las páginas y documentos precedentes la refutación de los errores históricos y heráldicos que las palabras trascritas contienen. Los colores en heráldica toman el nombre de esmaltes, y el azul matriz el de azur. El de la bandera y del escudo argentino, dicho celeste, es, en el tecnicismo del arte de blasonar, azur ligero, es decir, azur «que adicionado de blanco queda claro». Dícese también azur blanco. No tiene el escudo argentino, por otra parte, cuatro cuarteles, correspondientes al «acuartelado en cruz»: es cortado, porque, según la acepción heráldica del léxico de la Real Academia «está partido horizontalmente en dos partes iguales». Las manos están algo más que unidas, encajadas, en el símbolo heráldico dibujado del «apretón de manos», «poignée de main», «hand in handy», «in close union, just, fair, equitable» — «En estrecha, justa, pura y equitativa unión».  No es corona sino timbre del escudo un Sol; el Sol no es naciente, sino en meridiano; y tampoco lo rodean dos gajos de laurel, sino la corona del Triunfo y de la Gloria. El dibujo mencionado en la circular con sus impropios colores, litografía de G. Kraft, fue publicado entre las páginas 512 y 513 del Boletín Mensual del Ministerio de Relaciones Exteriores, primer semestre de 1885. El mismo contiene estos errores: bordura externa que no existe en el original, guirnalda en lugar de corona de laurel, esmalte azur por azur ligero o blanco, gorro frigio indebidamente contornado y sin dobladura en la base, manos movientes rectas en vez de inclinadas y fruta en el laurel. El Sol de la bandera difiere del Sol del escudo.

Escudo Nacional en el Palacio de Aguas Corrientes (1894)
(foto propia)

XV

La lámina II contiene el escudo de la República Argentina en la forma sancionada por la Asamblea General Constituyente de 1813 [**]. Los documentos, cuños y dibujos oficiales de la época han sido escrupulosamente estudiados. El pintor italiano Ricardo Teodori bosquejó los cartones de cada símbolo. El señor Adolfo Wolf, jefe del taller artístico de la casa de Jacobo Peuser, compuso con esos elementos, ambos aconsejados y vigilados por mí, el dibujo definitivo, verdadero y estrictamente legal, del escudo y de las banderas de la República Argentina.
Lámina II de la obra de Zeballos

Ofrezco este estudio de Historia, Ciencia y Arte al personal docente y a los niños del V distrito escolar de la Capital de la República, invitándolos a unirse a mi homenaje de amor y de respeto a los emblemas sagrados y gloriosos de la Patria.


Quedan así definitivamente restaurados a su forma legal las banderas y el Escudo de la República — (E. S. Z.)

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Fin de la obra

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Notas al pie

[*] «Desde el siglo XVI adelante fue usada generalmente la forma (de escudo) con los ángulos inferiores redondos y terminada en punta y este escudo se llamó sannítico, francés o moderno» 

[**] El dibujo de la lámina II y los capítulos IV a XI de este estudio histórico fueron sometidos en prueba de respetuoso homenaje a los ilustres jefes de las dos escuelas históricas argentinas, teniente general Bartolomé Mitre y doctor Vicente Fidel López.—He aquí las palabras con que se dignaron devolverme los documentos;

Julio 17 de 1900.

Señor doctor don Estanislao S. Zeballos.

Mi muy querido amigo:—He leído con muchísima atención las páginas que Vd. dedica al «Escudo Nacional» y le declaro que no solo me han gustado mucho sino que he aprendido en ellas cosas que no sabia en detalle, pues a pesar de lo interesante de la materia ella no se ha tocado con los trabajos históricos que me ocupaban.—Yo he tomado esos símbolos en conjunto como los había hallado; pero Vd. profundiza de tal modo los detalles concurrentes al estudio y a la adopción del «Escudo Nacional» que no me deja duda ninguna acerca del genuino mérito de cada uno de los accidentes del dibujo; resultando probado que todos ellos se basan en el estudio científico de la heráldica: que el sol está tomado en su forma clásica por los rayos alternados en su esfera y que la corona de laureles así como la pica y el gorro frigio que sostienen, son evidentemente una reminiscencia o reproducción clásica también, es decir completamente griega y tradicional en las ideas de la raza.

Todo prueba el dominio que al principio de nuestra revolución ejercía el clasicismo latino en la imaginación y en los propósitos libertadores de nuestros padres.

Acepto, pues, todas las conclusiones a que Vd. arriba en el artículo dicho; y no me cabe la menor duda del acierto y veracidad con que Vd. ha hecho el estudio del «Escudo Nacional».

Su amigo
Vicente F. López.
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Bartolomé Mitre
Saluda afectuosamente al señor doctor Estanislao S. Zeballos y le devuelve las pruebas de su escrito, que ha leído con mucho interés. No necesita pase mi visto bueno, pues, la materia está tratada con tal originalidad y erudición, que lleva en sí la prueba y cuyas conclusiones se imponen naturalmente. Con este motivo agradece los opúsculos que le ha enviado.
 Julio 17 de 1900.