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jueves, 24 de marzo de 2016

Escudo del II Congreso Eucarístico Nacional

El Jueves Santo nos invita a poner nuestra mirada en el sacrosanto misterio de la Eucaristía, instituido por Cristo un día como hoy.   Para hacerlo desde una óptica heráldica, compartiremos el escudo del II Congreso Eucarístico Nacional, celebrado en Luján en 1937.



Habían transcurrido sólo tres años desde la celebración del Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires, y aun persistía el entusiasmo por ese acontecimiento histórico. Como en 1937 se cumplían 50 años de la Coronación Pontificia de la imagen de Nuestra Señora de Luján, se decidió que esa ciudad fuera la sede de un Congreso Eucarístico Nacional: el segundo de nuestra historia. El primero había tenido lugar en Buenos Aires en 1916 con ocasión del centenario de la Independencia.
  


El escudo del Congreso Eucarístico de Luján toma los rasgos generales del emblema del Congreso Eucarístico Internacional de 1934: La forma y la bordura son similares, mientras que el campo, en ambos casos,  es terciado en palo con los colores nacionales.


Pero en lugar del águila porteña con la custodia eucarística, el escudo de 1937  exhibe una cruz con el símbolo JHS (claramente evocativa de la imponente cruz del Congreso de 1934), y, a sus pies, la imagen de la Virgen de Luján:



Como explicamos ayer, los bellos mosaicos que mostramos (es decir, ambos escudos) están ubicados en los edificios anexos a la Basílica de San Antonio, en el barrio de Devoto.


Este año, con ocasión del bicentenario de la Independencia, también tendrá lugar un Congreso Eucarístico Nacional. Terminamos esta entrada con la oración oficial de dicho Congreso:

Jesucristo, Señor de la historia te necesitamos. 
Tú eres el Pan de Vida para nuestro pueblo peregrino. 
Concientes de tu presencia real en el Santísimo Sacramento
te alabamos y adoramos, te celebramos y proclamamos, 
te recibimos y compartimos.

En el bicentenario de la independencia de nuestra Patria
agradecemos  tu presencia constante en nuestra historia, 
y pedimos tu gracia para forjar el presente guiados por tu Evangelio. 
Ponemos en tus manos nuestro futuro con esperanza y compromiso. 
Con la alegría que nos da tu Palabra salimos al encuentro de todos los argentinos,
sin excluir a nadie, para gestar juntos una cultura del encuentro en la Patria, 
siendo auténticos discípulos misioneros.

Con nuestra Madre, la Virgen María,
y unidos a los santos que son nuestros modelos
nos ponemos en camino dejándonos conducir por la Providencia del Padre
y animados por el fuego del Espíritu Santo.

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