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miércoles, 16 de diciembre de 2015

"Las armas episcopales del primer Obispo de Azul"

En el número 56 del Boletín del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas apareció publicada una nota dedicada a describir y explicar el escudo episcopal de monseñor César Cáneva, primer Obispo de Azul, recordando el centenario -cumplido en 1974- de su nacimiento. Dicho ejemplar del mencionado Boletín corresponde al mes de septiembre de 1975.

Aunque el año pasado (aquí) nos ocupamos del escudo de monseñor Cáneva, creemos de interés transcribir las partes principales del artículo, firmado por Carlos Pereira Lahitte. Lo hacemos a continuación, con la siguiente advertencia:  respecto del contenido, la transcripción es textual, pero: a) hemos aligerado el uso de mayúsculas y de acentos, de los que abusaba el texto original; b) hemos unificado la cita de los meses (siempre mencionados aquí en letras minúsculas), que en la nota aparecían en varios formatos (con mayúscula, en números romanos, en números arábigos).



LAS ARMAS EPISCOPALES DEL PRIMER OBISPO DE AZUL
Por Carlos Tomás de PEREIRA LAHITTE

En esta nota [...] "brindamos algunas referencias biográficas de Monseñor Cáneva, así como los antecedentes e interpretación heráldica de sus armas episcopales.

Nació en Italia el 27 de marzo de 1874 y llegó a nuestro país de muy corta edad. Llamado por una temprana vocación religiosa,  se formó en el Seminario Conciliar Metropolitano de Buenos Aires, siendo ordenado presbítero en 1901, por el entonces Arzobispo Mons. Dr. Mariano Antonio Espinosa.

Incardinado a la Diócesis de La Plata, se radicó en Azul, donde la jerarquía le confió el curato y vicaría de esa importante ciudad, con la que se consustanció plenamente. Su obra apostólica le valió ser designado primer Obispo diocesano de Azul, al crearse dicha Diócesis por la bula «Nobilis  Argentinae Nationis» dada por S.S. Pío XI el 20 de abril de 1934.



Fue preconizado el 13 de septiembre de dicho año; tomó posesión el 24 de febrero de 1935 y al día siguiente recibió la consagración en la propia Iglesia Catedral de Azul, de manos de Mons. Dr. Santiago Luis Copello, Arzobispo de Buenos Aires, asistido por Mons. Dr. Agustín Barrere m.i.c., Obispo de Tucumán,  y Mons. Dr. Fortunato J. Devoto, Obispo titular de Attea y Auxiliar de Buenos Aires.

Su labor pastoral, recientemente recordada, fue  digna y ejemplar, gobernando la Diócesis hasta su muerte, ocurrida en 1953, y siendo eficazmente secundado por su Provisor y Vicario General, Mons. Dr. Santiago  A. Rava.



La descripción del escudo que adoptó Monseñor Cáneva, al ser elevado al Episcopado, es la siguiente:

Su forma es la del francés antiguo.

Cortado, partido.

Al primero, de gules, el Sagrado Corazón de Jesús, con llamas, corona de espinas, cruz y rayos, todo de oro.

Al segundo, de azur, el altar del sacrificio, de plata con llamas de oro, surmontado de una Hostia con rayos de plata, y las letras JHS y la crucecita de sable.

Al tercero, de oro, la rosa de gules acompañada de una palma y de una vara de azucena, en su color natural.

En terraza de sinople, con la faja ondeada de plata.

Timbran las armas, el clásico capelo de sinople con forro de gules, con cordones y borlas del mismo esmalte (1, 2 y 3, a cada lado), y aquellos entrelazados.

Mitra, con las ínfulas entrelazadas en el báculo, colocado hacia fuera, para denotar jurisdicción.

Por debajo del blasón, aparece el lema, sobre cinta rosa y con letras de oro, que dice: “PLENITUDO LEGIS DILECTIO”.

El primer simbolismo del escudo de Mons. Cáneva, nos evoca a Cristo, fuente de la caridad.  Su Sacratísimo Corazón debe ser devoción predilecta del sacerdote, quien tiene su modelo en el Divino y Sumo Sacerdote de todos los tiempos.

Por ello, el Sagrado Corazón ocupa el lugar de honor con fondo de gules, que simboliza la caridad, el amor y el sacrificio.

La Eucaristía, pan de vida para los cristianos y canal de la gracia santificante, está representada por la Hostia inmaculada, en campo de azur, que simboliza la justicia.

El “altar sabatino” o sea de la ley antigua y las llamas del holocausto, nos recuerdan el sacrificio sacerdotal de Cristo, renovado cotidianamente en la Santa Misa y también el que debe caracterizar por sus obras y esfuerzos las vidas de los sacerdotes de la Nueva Ley.

Este sacrificio se vincula estrechamente con la conquista de las almas, que busca su poderoso apoyo en la devoción y el amor a la Madre de Dios, la Santísima Virgen María y la imitación de las virtudes de la Purísima Concepción, representada por la vara de azucena.

La rosa heráldica de gules, del tercer campo, simboliza la Santísima Virgen María, figuradamente denominada Rosa Mística. El oro del campo, significa el amor.

El primer Obispo de Azul, de tal forma, tenía también su recuerdo para Nuestra Señora del Rosario,  Patrona de su Diócesis y cuya fiesta se celebra el 7 de octubre.

La palma del martirio junto a la rosa, evoca a San Serapio, mártir, Patrono de la ciudad de Azul, que tuvo su origen en el fuerte de San Serapio Mártir, fundado por el Coronel Don Pedro Burgos, jefe de un escuadrón de Milicianos, el 16 de diciembre de 1832, como defensa y avanzada contra los indios.


Imágenes del Sagrado Corazón de Jesús
y de San Serapio
en la Catedral de Azul
La faja ondeada de plata, representa el arroyo que dio su nombre a la ciudad, el cual fue a su vez traducido del vocablo araucano “calvú”, que significa “azul”. También hay con ello un recuerdo para los aborígenes, primitivos moradores de la región.

Mons. Cáneva quiso de tal forma tener permanentemente presentes en sus armas a la región, a la ciudad, a la parroquia y a la Diócesis de sus múltiples afanes apostólicos, como que su nombre y su figura han quedado indisolublemente unidos a la historia de Azul.

Sus armas episcopales han sido fiel trasunto de su vida y acción apostólicas, que responden a las condiciones que el Apóstol San Pablo señaló a su discípulo San Tito, Obispo de Creta, en su carta, al decirle que era preciso que el Obispo fuera, entre otras cosas, “hospitalario, amigo del bien, prudente, justo, santo, que tenga dominio de sí mismo, firmemente adicto a la palabra fiel, conforme a la enseñanza recibida, a fin de que  sea capaz de exhortar con doctrina sana y confundir a los que contradijeren” (Ep. a Tito 1, 8-9)".

Publicamos esta entrada en el aniversario de la fundación de Azul, fecha evocada en el texto que acabamos de compartir.

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