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sábado, 23 de noviembre de 2013

Termina el Año de la Fe

Mañana, con la Solemnidad de Cristo Rey, termina el "AÑO DE LA FE", convocado por Benedicto XVI para "rememorar el don precioso de la fe" en  Jesucristo, "único Salvador del mundo",  y para celebrar "el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia",  como dice el Papa -ahora Emérito- en la Carta "Porta Fidei".



En la Carta de San Pablo a los cristianos de Éfeso,  la fe es comparada con un escudo. De hecho, la palabra "escudo", que aparece 51 veces en el Antiguo Testamento,  aparece sólo una vez en el Nuevo Testamento -precisamente aquí-, y justamente como  símbolo de la fe:

"Fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder.

Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio.

Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.

Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos.

Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza.

Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz.

Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno.

Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios"   (Ef 6, 10-17).



Además del dibujo en blanco y negro que representa "literalmente" el texto paulino,  hemos ilustrado esta entrada con fotografías tomadas en febrero de 2012 en Mar del Plata.  No son propiamente escudos, pero encierran símbolos  muy comunes en la Heráldica. Se trata de los emblemas de las virtudes teologales que adornan el frente del soberbio edificio del Instituto Saturnino Unzué, en la ciudad atlántica:   la Caridad (un corazón ardiente, al comienzo de esta entrada), la Esperanza (un ancla, sobre este párrafo), y, finalmente, la Fe (una cruz, bajo estas líneas).


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