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lunes, 9 de abril de 2012

Un pequeño "milagro" heráldico

¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN!




En esta primera entrada después de la Pascua queremos saludar cordialmente a todos nuestros lectores en la alegría de Cristo resucitado.


También queremos contarles algunas cosas relativas a este Blog:


En el mes de marzo hemos batido dos récords: 
1) el  de visitas en un mismo día (el 12 de marzo superamos las 3.500 visitas);
2) el de visitas por mes (en marzo superamos largamente  las 25.000 visitas, rompiendo la marca anterior, obtenida en  octubre de 2011, de algo más de  17.000).  La cifra de marzo, además,  duplica el número de  visitas del mes anterior.


Además, el 27 de marzo, el número total de visitas llegó a las 200.000,  e incluso ese mismo día superó esa cifra. Con ocasión de esa marca -ya lo habrá notado el lector- hicimos algunos retoques en el diseño del Blog:  modificamos levemente el encabezamiento, incorporamos la posibilidad de realizar búsquedas en el contenido del Blog, añadimos al pie un listado de las "entradas populares", y creamos un ícono que identifica a "Heráldica en la Argentina". 


Y aprovechamos la ocasión para  compartir con los lectores una anécdota reciente que configura,  como lo dice el título, una especie de pequeño "milagro",  en cinco actos.



Primer Acto.  El comienzo de esta historia transcurre entre  1988 y 1991. En algún momento, en ese período,  apareció en la Argentina una enciclopedia de Heráldica en fascículos, y yo la compré.

La obra constaba de 52 fascículos, se titulaba "Heráldica y Genealogía", era publicada por ediciones Nueva Lente de Madrid,  la importaba en exclusiva para el Cono  Sur  la empresa argentina CADE SRL, y era distribuida en Buenos Aires por la empresa Ayerbe.

La portada del primer fascículo

Ubico la aparición de la obra entre 1988 y 1991,  en primer lugar porque en la retiración de tapa del fascículo 1 aparece un copyright de 1988, y en segundo lugar porque una etiqueta en las tapas de los fascículos indica el precio en australes, y el austral fue la moneda que rigió en la Argentina entre 1985 y 1991.

La cosa es que compré los fascículos y las tapas, pero por alguna razón que obviamente no recuerdo, nunca pude conseguir los fascículos 2 y 4. Guardé por muchos años (y conservo hasta hoy) los 50 fascículos que había conseguido, y las tapas (nunca hice encuardernar la enciclopedia, ya que me faltaban dos fascículos).  Siempre lamenté que me hubiera quedado incompleta, por más que -lo fui advirtiendo con el tiempo- la obra dista de ser excelente.

Las tapas para encuadernar los fascículos, que (como puede apreciarse)
aun conservo revestidas del polietileno protector

Segundo Acto. Hace unos años, digamos un poco más de un lustro, cuando renació mi interés por la Heráldica,  lamentando nuevamente no haber completado la obra en su momento, intenté completar la enciclopedia a través de la Red.  Busqué por Internet y vi que ofrecían la enciclopedia completa (no por fascículos), pero en España, y a un precio absolutamente prohibitivo en euros.  Evidentemente, después de tanto,  tiempo, la situación era  irreversible.

Tercer Acto.   Damos un salto hasta  noviembre  de 2011 para  la tercera escena. Un sacerdote conocido,  sabedor de mi interés por la Filosofía y la Teología, me ofrece algunos libros viejos de una antigua biblioteca que estaba desmantelando. Me manda primero un listado por correo, en el que aparecen, por ejemplo, "Ser y Tiempo", las "Vidas" de Diógenes Laercio, el "Zaratustra", obras de Ferrater Mora, de Mandrioni, de Verneaux, y otras de temática bíblica y teológica. Acepto el ofrecimiento y espero el momento de poder retirar esos libros.  Pero ya cerca de fin de año, y a punto de viajar a  su destino misional,  dado que ya que no nos veríamos a causa de las vacaciones, el sacerdote me avisa que me dejaría los libros en una caja, en la casa parroquial, a mi nombre.

El precio del fascículo 3:    1.200 australes

Cuarto Acto.  Más de un mes después,  en los primeros días de febrero, al volver de mis vacaciones, retiro la caja;  pero la intensidad del trabajo de los primeros días laborales del año no me permite  abrirla de inmediato. La dejo en mi oficina, en donde queda cerrada a lo largo de quince días.

Eran tiempos de altísima inflación en la Argentina:
menos de un año después, el precio del fascículo 51 era de 15.000  australes,
doce veces y media superior al valor inicial

Quinto Acto. El 16 de febrero, finalmente, abro la caja. Estaban los libros filosóficos y religiosos acordados, pero también, ¡oh sorpresa!, estaban allí ¡¡los cuatro primeros fascículos de aquella enciclopedia que tenía incompleta desde hacía más de 20 años!! 


Nunca había hablado yo con este sacerdote acerca de mi interés por la Heráldica; muchísimo menos, naturalmente,  acerca de la enciclopedia incompleta. En el proceso de cesión de los libros que me regalaría, jamás mencionamos la existencia de libros de Heráldica: sólo se habló de Filosofía y Teología.

El escudo del "apellido" Pomar  y la historia del apellido 
en la enciclopedia "Heráldica y Genealogía".
Como puede verse,  los 
esmaltes de la imagen  no se corresponden con la descripción: 
las manzanas deben ser de gules.

¿Cómo y por qué llegaron a esa caja esos cuatro fascículos, dos de los cuales completan aquella enciclopedia más de 20 años más tarde? Un pequeño e inexplicable "milagro" heráldico que viene a completar mi colección más de dos décadas después de haberla iniciado...

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