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sábado, 13 de junio de 2026

"El león heráldico"

Hace trece años compartimos este magistral artículo de Gilbert K. Chesterton, publicado en la antología "Ensayos" de Editorial Porrúa, de México. Lo hicimos mediante fotografías de las páginas del libro. Ahora volvemos a publicarlo,  en formato de texto, intercalando algunas imágenes de escudos argentinos que exhiben leones en sus campos. Mañana se cumplen 90 años de la muerte de Chesterton.


Escudo de San Marcos Sud
(Córdoba)



EL LEÓN HERÁLDICO

Sir Thomas Browne fue, como todos saben, un médico. Un tipo de médico algo extraño que en muchos aspectos contrasta singularmente con los doctores de hoy día. Por ejemplo, escribió una obra elocuente y detallada sobre el entierro en urnas, los cementerios y la muerte en general, tema que en la actualidad los médicos procuran eludir. Pero en nada es tan permanentemente interesante como en sus relaciones con la notable zoología de su tiempo. Su magnífica retórica religiosa y toda su dimensión literaria son evidentemente inmortales. Nunca se ha dicho sobre el alma nada mejor que esa frase de Browne que la define como lo que hay en el hombre «que no debe rendir homenaje al sol». Pero es necesaria una defensa más delicada de su ciencia original y, en verdad, de toda la ciencia medie val de la que tomó sus ideas. Sabemos que su teología era cierta. Sabemos que su zoología era incierta, pero no nos apresuremos a dar por supuesto que, en consecuencia, carecía de importancia. Esta vieja y fantástica ciencia ha sido por lo general mal comprendida. Ha hecho de cada criatura un símbolo más que un hecho, pero ha creído que todos los hechos materiales eran valiosos como símbolos de hechos espirituales. En realidad, no le importaba mucho si el león era un animal noble que no hacía daño a las vírgenes. Lo que deseaba dejar en claro era que si el león es un animal noble no puede hacer daño a las vírgenes. 

Escudo de Carmen de Patagones
(Buenos Aires)

Permítaseme citar este ejemplo de lo que quiero decir. Toda persona moderna inteligente puede ver fácilmente que el león heráldico es muy distinto del león real. Pero lo que nosotros, los modernos, no comprendemos bien es lo siguiente: el león heráldico es mucho más importante que el león real. No encuentro palabras para expresar la absoluta carencia de importancia del león real. El león real es una especie de gato grande y peludo que da la casualidad que vive (o más bien muere) en desiertos inútiles que nunca hemos visto ni deseamos ver, un animal que jamás nos ha hecho bien alguno y que, dadas nuestras circunstancias, tampoco nos puede hacer ningún mal; algo tan trivial para todos nuestros propósitos como los peces de lo más profundo del mar o los minerales de la luna. No hay razón terrenal alguna para suponer que posee ninguna de las esas cualidades leoninas tal y como nosotros solemos entenderlas. No hay motivo alguno para imaginarse que es generoso o heroico y ni siquiera orgulloso. Algunas personas que han luchado con él dicen que ni siquiera es valiente. No afecta a la vida humana en aspecto alguno. No se puede hacer de él un peón, como se puede hacer con el buey; no se puede hacer de él un deportista y un caballero, como se puede hacer con el perro. No puede compartir nuestras herramientas ni nuestros placeres; no se puede uncir un león a un arado ni cazar un elefante con una jauría de leones. No tiene nada que pueda interesar al hombre, y ni siquiera sirve para comérselo. Desde su melena sarnosa y sobreestimada hasta la punta de su cola (con la que, según tengo entendido, se golpea para sobreponerse a su cobardía natural), de la melena a la cola, iba diciendo, es una mole de nimiedad. Es, simplemente, un gato extraviado que ha crecido en exceso. Y es un gato extraviado que nunca aparece por nuestras calles. Vive su existencia trivial en regiones que ningún hombre blanco puede habitar sin enloquecer a causa del calor y la monotonía. Tenemos que ponerlo en nuestros museos y lugares semejantes como tenemos que poner trocitos minúsculos de piedra gris de modo que parezca que las podríamos recoger en la calle o exhibir escarabajos pardos de aspecto doméstico que no podría mirar dos veces ningún niño que se precie. 

Escudo del cardenal argentino Jorge Mejía
(1923-2014)


Pero el único león que tiene alguna importancia práctica terrenal es el león legendario. Es realmente útil tenerlo al alcance. Sostiene el escudo de Inglaterra, que de otro modo se caería a pesar de los esfuerzos bien intencionados del unicornio, cuyos cascos son deficientes en cuanto a su capacidad prensil. El león africano no le interesa a nadie, pero el león británico, aunque no exista, importa. Significa algo; es el único verdadero objeto existente que significa algo; y el león africano real nunca ha conseguido significar nada. El león legendario, el león hecho por el hombre y no por la naturaleza, es ciertamente el rey de los animales. Es una gran obra de arte, una gran creación del genio humano como la catedral de Ruán o la Ilíada. Conocemos su carácter a la perfección, como conocemos el carácter del señor Micawber o el de otras muchas personas que no se han tomado la molestia de existir de una manera meramente material. Sus virtudes son las virtudes de un gran caballero europeo; nada hay de africano en su ética. Posee el sentido de la santidad y la dignidad de la muerte que acompañan a tantos de nuestros antiguos ritos. No toca a los muertos. Tiene ese extraño culto de una castidad brillante y orgullosa que es el alma de nuestra Europa y se halla en Diana, en las Vírgenes Mártires o en Britomart, que dejó una blanca estrella solitaria en las tormentas sensuales del drama isabelino y hoy reconquista el mundo bajo su nueva forma: el culto de los niños. El león no hace daño a las vírgenes. En gran número de leyendas y poemas antiguos se encontrará la descripción de la negativa de algún león eminente a tocar a alguna joven dama eminente. Algunos dicen que ese sentido de la delicadeza es mutuo, y que esas mismas damas jóvenes también se niegan a tocar a los leones. Puede ser cierto, pero aun siendo así sólo tendría validez, probablemente, para el león inferior o real, para el simple león del África, animal despreciable al que ya hemos enviado a pasear por sus desiertos, desiertos tan inútiles que constituyen el basurero del universo. Hemos convenido en que el león valioso es una criatura creada enteramente por el hombre, lo mismo que el hipogrifo y la quimera, la sirena y el centauro, el gigante de cien ojos y el gigante de cien manos. El león que aparece a un lado del escudo real es tan fabuloso como el unicornio que aparece al otro lado. En la medida en que no es meramente fantástico e imposible, reúne todas las buenas cualidades de una especie de caballero rural supercelestial. Me temo que el león heráldico esté desapareciendo de nuestros escudos de armas. Sin embargo, todavía ondea valientemente en ciertos lugares de entretenimiento donde se han refugiado tantas de las tradiciones mejores de nuestra vieja civilización. Si veis al león rojo, que debería estar en el escudo de un caballero, pintado solamente en la muestra de una pomada, recordad todas las grandes verdades que habéis leído en este artículo; recordad que ese león heráldico de la muestra es el símbolo de todo lo que nuestra civilización cristiana ha elevado a la categoría de vida, energía y honor: la magnanimidad, el valor, el desdén por las victorias fáciles, el desprecio por todos los que desprecian a los débiles. 

Escudo de la Escuela de Suboficiales de la Armada


Quizá en este artículo nos hemos extendido demasiado hablando del león. Podrían citarse otros muchos ejemplos. El leopardo heráldico no deja de tener sus méritos. Los hombres de cabeza de perro del África son enormemente interesantes. Y tampoco debemos olvidar aquella memorable descripción del hipopótamo —«medio hombre y medio caballo»— debida a Jean de Mandeville. Esto es lo que podría llamarse un bosquejo impresionista o simbolista de un animal: evita los detalles enfadosos y ofrece a cambio una sensación de volumen y atmósfera. He visto con frecuencia al hipopótamo en su jaula de los Jardines Zoológicos y me he preguntado qué parte de su aspecto o fisonomía impresionó al incisivo Mandeville como propia de alguna persona humana conocida. ¿Había visto una clase de hipopótamos muy humana o se había mezclado con alguna clase de hombres hipopotámica? Pero las observaciones generales que he hecho acerca del león medieval, del león heráldico, tienen igualmente validez para todas esas otras monstruosidades o combinaciones medievales. Todas eran ficticias. Todas eran enteramente diferentes e independientes del animal vivo que teóricamente les había servido de modelo. Quienes escribieron sobre ellos, hablaron de ellos y discutieron con gravedad sus atributos físicos, mentales y morales, sentían en el fondo de sus corazones y sus mentes una absoluta indiferencia hacia si existían o no en realidad. La Edad Media rebosaba lógica. Y la lógica, en sus ejemplos y símbolos, es por naturaleza enteramente indiferente a la realidad. Es tan fácil ser lógico con respecto a las cosas que no existen como con respecto a las cosas que existen. Si dos veces tres son seis, es cierto que tres hombres con dos piernas cada uno tendrán seis piernas entre todos. Y si dos veces tres son seis, es igual mente cierto que tres hombres con dos cabezas cada uno tendrán seis cabezas entre todos. Que nunca haya habido tres hombres con dos cabezas cada uno no invalida la lógica lo más mínimo. Hace la deducción imposible, pero no la hace ilógica. Dos veces tres siguen siendo seis, ya se lo reconozca en los cerdos o en los dragones llameantes, ya se lo reconozca en las cosas humildes o en los castillos en el aire. Y el objeto de toda esa gran ciencia medieval y renacentista era sencillamente encontrar en todas partes, cualesquiera que fueran, ejemplos de su filosofía. Si el hipopótamo ilustraba la idea de justicia, enhorabuena; si no la ilustraba, tanto peor para el hipopótamo. Esos antiguos trataban de hacer de los animales sólo un símbolo del hombre. Algunos modernos tratan de hacer del hombre sólo un símbolo de los animales. Esos científicos antiguos sólo se interesaban por el lado humano de los animales. Algunos de los científicos modernos sólo se interesan por el lado animal de los hombres. En vez de hacer del mono y del tigre meros accesorios del hombre, hacen del hombre un mero accesorio, una mera idea tardía del mono y el tigre. En vez de emplear al hipopótamo para ilustrar su filosofía, emplean al hipopótamo para hacer su filosofía, y ruego a Dios que ni ustedes ni yo leamos nunca los grandes libros enjundiosos que escriba el hipopótamo.

viernes, 19 de junio de 2020

«Aves simbólicas de América»: El quetzal, el cóndor y el águila


Tres breves notas aparecidas en el número 1807 de la revista Caras y Caretas, de fecha 20 de mayo de 1933, hacen referencia a sendas aves simbólicas de América y a su presencia en la Heráldica. 

Siguiendo el mismo orden que en la revista, compartiremos las tres notas y algunas reflexiones e imágenes.

El quetzal:


Escudo de Guatemala


El cóndor:


El cóndor andino aparece en los escudos nacionales de Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador.


En nuestra Heráldica oficial a nivel provincial, en cambio, no aparece el cóndor, que sin embargo sí está presente en muchos escudos municipales e institucionales argentinos (pueden verse algunos ejemplos aquí, aquí y aquí).

El águila:


Encontramos a esta grandiosa ave en los emblemas nacionales de México (nombrado en la nota), los Estados Unidos  y Panamá.




Si buscamos al águila en nuestra Heráldica a nivel provincial, sólo la encontramos en el soberbio escudo original de Buenos Aires, incorporado a su actual bandera.


La presencia del águila en la letra de la célebre Canción a la Bandera de la ópera Aurora, a la que aludimos en la imagen que abre esta entrada (la foto de la bandera es propia, tomada en  2019 en la ciudad de Formosa), justifica que publiquemos esta entrada en la víspera del Día de la Bandera,  que este año cobra ribetes especiales por conmemorarse el bicentenario de la muerte de su creador.

miércoles, 29 de abril de 2020

"Los animales en el blasón"

En el número 2138 de la revista Caras y Caretas, aparecido en septiembre de 1939, puede leerse una nota titulada "Los animales en el blasón". Gracias a la labor de la Biblioteca Nacional de España, que tiene digitalizadas todas las ediciones de esa célebre revista argentina, podemos mostrar a continuación la página correspondiente:


Para facilitar su lectura,  transcribimos a continuación el texto de la nota, que ilustraremos con escudos argentinos que contengan algunos de los animales mencionados; al pie de cada imagen, el enlace a la entrada correspondiente de nuestro Blog.

«BLASÓN. — Conjunto de armas ó signos, divisas y figuras que componen el escudo de armas.
La ciencia del blasón es muy antigua, pero en el siglo XII los escudos de armas tomaron un carácter regular y hereditario, se hicieron cartas o títulos donde estaban escritas las pruebas y figuraban los blasones de las familias.
Según unos la palabra blasón viene del antiguo francés "blazón", que significa escudo. También es el arte de explicar y describir los escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona. Otros aseguran que la etimología más verosímil de la palabra blasón, la hace derivar del alemán "Blasen" (tocar la trompeta de caza).
Es ilimitado el número de figuras que se emplearon, ya que son emblemas de las cualidades del poseedor del escudo. Cuatro grupos de ellas admite la Heráldica a saber: 1°. figuras propias heráldicas, 2", figuras naturales, 3°. figuras artificiales y 4". figuras quiméricas.
No nos ocuparemos sino del segundo grupo y en él de los animales.

¡Los animales! Los antiguos rendían culto religioso a los animales, demostrando con esto gran sabiduría, pues ellos representaban las virtudes de que estaban dotados. 
Los egipcios colocaron entre las divinidades el águila de Tebas y la lechuza de Sais, el buitre de los Faraones y el gerifalte del Delta, el cocodrilo del Nilo y el ibis del Moéris, la grulla, el cuervo, la cigüeña, el perro, el gato, el lobo, el camero, la oveja, la carpa, la cierva. Las paredes de los templos de Heliópolis y de Elefantina, las pirámides de Menfis, los obeliscos de Anysis estaban matizados con imágenes de estos dioses terrestres.

Perito Moreno
(Santa Cruz)

Los asirios adoraban los caballos, las palomas y los peces. Los fenicios tenían una paloma por Dios y por insignia. La ternera fué sagrada entre los hindúes que reverenciaban también al gavilán de pecho blanco y más todavía al cisne, y por su parecido con este último, oraban ante los gansos. El mono blanco de barba roja, el pez azul del Ganges, el elefante de Delhi reinaron en el Olimpo Hindú. El nalla-pamba, la terrible serpiente de Malabar fué compañera de Visnú.
Los griegos consagraron el lince, el cuervo, la corneja y el cisne a Apolo, el gallo a Mercurio, el perro a los Dioses Lares, el toro a Neptuno, el caballo a Marte, la serpiente a Esculapio, la vaca y el ciervo a Diana, el pavo real a Juno, la lechuza a Minerva, la paloma y el gorrión a Venus, al alción a Tetis, el macho cabrío a Baco, el fénix al sol, el águila a Júpiter, y el puerco a Ceres.
¡Pero, qué brillo conquistó el simbolismo de los animales en el blasón!


Abadía Santa Escolástica

No diremos nada sobre Iconología. que es la manifestación del espíritu vulgar. El gallo es considerado como el emblema de la vigilancia, la tortuga de la castidad, la tórtola de la fe conyugal, la paloma de la sencillez, el pavo real de la vanidad, el tigre de la ferocidad, el león del coraje, el puerco de la glotonería, el arrendajo de la charla, el perro de la fidelidad, la corneja de la longevidad, el lobo de la rapiña, el zorro de la astucia, la hormiga de la economía, el asno de la ignorancia, la mula de la terquedad, la liebre de la timidez.

Pero el blasón no quiso de estos símbolos de las calles, buscó sus inspiraciones más alto, mucho más alto, en la antigüedad, también en la Edad Media, en la Ciencia como en las tradiciones, La Iconología no es más que el primer escalón del simbolismo; en la cima está el arte heráldico.
Sin embargo, es necesario confesar que se observa que ciertas fuentes del blasón son muy curiosas».

Publicamos esta entrada en el Día del Animal.

martes, 4 de abril de 2017

Escudo de la Agrupación Perros de Guerra

Anteayer se cumplieron 35 años de la gesta en virtud de la cual, el 2 de abril de 1982, la República Argentina recuperó el ejercicio de su soberanía sobre las Islas Malvinas. Como consecuencia de la guerra desatada entonces por la potencia invasora, fallecieron 649 argentinos, declarados Héroes Nacionales por la Ley 24.950 en 1998.   Por Ley 25.370, del año 2000, y por el Decreto 1584/2010, el 2 de abril fue declarado "Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas" y Feriado Nacional.

Muchas veces, en nuestro Blog, hemos rendido homenaje a la fecha a través de la Heráldica. Anteayer hicimos referencia a un escudo para el archipiélago, y ayer mismo rendimos tributo al primer caído, el capitán Pedro Giachino, y al comando que integraba.  Hoy hacemos lo propio,  recordando  a unos "veteranos de guerra" muy especiales: los perros que cooperaron con los soldados argentinos en Malvinas.


En abril de 1982,  "el Comando de la Infantería de Marina decidió el envío de una sección de perros de guerra de la Base Naval Puerto Belgrano, con el fin de impedir infiltraciones de comandos británicos en el dispositivo defensivo propio. Los perros llegaron a suelo malvinense el 7 de abril".  Los ladridos y aullidos de los perros eran "la alarma más eficaz y segura ante los bombardeos, fundamentalmente aéreos",  ya que los animales los anunciaban "mucho antes de la iniciación del ataque".

"En los últimos días de combate se decidió el envío de perros a primera línea y fueron tres las parejas enviadas": el conscripto Carlos Del Greco con Ñaro, el conscripto Raúl Andicochea con Negro y el conscripto Carlos Silva con Xuavia. "Negro y Ñaro fueron al frente por su bravura y valentía (...); Xuavia porque era extremadamente celosa y guardiana".

"Los machos desaparecieron en el fragor del combate entre el 13 y el 14 de junio. Todos los esfuerzos por encontrarlos fracasaron y se presumió que ambos murieron en combate porque nunca fueron hallados sus collares. De haber seguido con vida, su instinto y sensibilidad los hubieran traído de regreso".

Sólo regresó Xuavia. "La noche del 13 al 14 de junio, luego de soportar un intenso bombardeo británico sobre las posiciones argentinas, Xuavia regresó junto a las tropas patriotas a Puerto Argentino pero repentinamente se separó y corrió hacia la negrura de la noche. Varias horas después fue encontrada dándole calor con su cuerpo a un soldado del Ejército Argentino que estaba herido, a quien llevaron prontamente al hospital. De no haber sido por Xuavia, ese soldado habría muerto congelado y desangrado. Luego del conflicto, la perrita regresó a su base"

De los perros que regresaron al continente algunos murieron de viejos, otros en accidentes en servicio. Sobrevivió a todos Vogel, un ovejero alemán, también nacido en la Base Naval Puerto Belgrano, que murió el 1º de diciembre de 1991 y está enterrado en el Batallón,  bajo un túmulo conmemorativo. "Hasta su muerte presidió todas las ceremonias de la Unidad luciendo en su capa la condecoración otorgada por la participación en la gesta". "Su tumba mira hacia las islas y es monumento en honor a todos los perros veteranos de guerra". 




Respecto de la Agrupación Perros de Guerra, hemos de decir que depende del Batallón de Vigilancia y Seguridad de la Armada Argentina ubicado en la Base Naval Puerto Belgrano.

Los perros colaboran con la seguridad de la base naval y son entrenados para vigilancia, patrullaje, búsqueda y rastreo de sustancias tóxicas y personas, aunque está proyectado poder entrenarlos también para la búsqueda de explosivos y para intervenir en casos de siniestros (desastres naturales o catástrofes civiles). En la sección Perros de Seguridad y Exhibición hay perros policías y labradores; en la Sección Perros Especiales, que se dedica a búsqueda de  narcóticos y rastreo, las razas más adecuadas son los dogos y los pointers. El ovejero alemán se incorporó al sistema de seguridad de la base en 1965; es la raza que predomina por sus condiciones. 



Nos hemos apartado bastante de nuestro tema, la Heráldica;  pero tampoco queremos hacer más larga esta entrada. Nos limitaremos, por tanto, a terminar describiendo el escudo de la Agrupación Perros de Guerra del Batallón Vigilancia y Seguridad de la Base Naval Puerto Belgrano: tronchado, 1° de gules y una llave de oro puesta en palo, 2° de plata y un perro sedente, de su color. Ancla de plata acolada al escudo. Corona naval; debajo de ella una cinta con el nombre del batallón y las iniciales de la Armada Argentina y de la Base Naval Puerto Belgrano. Al pie del escudo, otra cinta con el lema "Custodiando vincam"



Esta entrada, junto a la de ayer, es nuestro homenaje a estos olvidados veteranos de la Guerra del Atlántico Sur. 



Las Islas Malvinas son argentinas

Fuentes de información de esta entrada:  Liga Naval,  Histarmar,  Aviación Argentina, Taringa.

viernes, 14 de junio de 2013

"El león heráldico"

La Editorial Porrúa, de México, publicó en 1985 los "Ensayos" de Gilbert Chesterton. Entre ellos figura uno titulado "El león heráldico".  

La casa matriz de la Editorial Porrúa está ubicada en el número 15 de la avenida República Argentina, en el Distrito Federal de México. Fuera de esa circunstancia trivial, ningún motivo justifica, de por sí, la inclusión de este artículo en un Blog dedicado a la Heráldica en la Argentina...

Sin embargo, el ensayo es de tal interés y profundidad,  que creemos oportuno ofrecerlo aquí a nuestros lectores, ilustrado con algunos escudos argentinos que llevan leones, y que ya hemos publicado en este Blog.
     
ACICURHA
 
Carmen de Patagones
 
San Marcos Sud
 
 
Prefectura San Julián

ESMA
 
Buenos Aires
Rowing Club
 

A modo de homenaje a la figura de Chesterton, publicamos esta entrada en el aniversario de su muerte, acaecida el 14 de junio de 1936.

lunes, 29 de abril de 2013

"Dog friendly"

La noticia apareció en la edición de "La Nación" del domingo 6 de mayo de 2012 (casi un año atrás); desde entonces conservo el recorte, que publico hoy con ocasión de la celebración del Día del Animal:


Naturalmente, a los efectos de este Blog, más que la noticia misma, interesa la ilustración, que adrede asume la forma de un escudo heráldico, sin duda por referencia al nombre del emprendimiento, "Perro Real".

Un perro como único mueble (dejemos de lado el texto que lo acompaña) y una bordura de corazones. Timbrado con corona (se supone que real), y  completado con el lema "Aquí los perros son bienvenidos".

La imagen que sigue, tomada directamente del blog "Perro Real", se llama directamente "escudo":


viernes, 29 de abril de 2011

Día del Animal: Animales en los escudos provinciales argentinos

Hoy es el Día del Animal. Teniendo en cuenta la importante presencia del mundo animal en el universo de la Heráldica, no será difícil celebrar la fecha en este Blog.   Lo haremos a partir de esta pregunta: ¿Cuántas y cuáles de las 24 jurisdicciones que integran la República Argentina exhiben animales en sus escudos?

La respuesta es sencilla: sólo 3 provincias y la Capital Federal tienen escudos en los que aparecen animales.   Como la ciudad de Buenos Aires tiene dos escudos, y ambos con animales, serán cinco, y no cuatro, los blasones que veremos.

Vamos a recorrer esos escudos "de menor a mayor", atendiendo a la menor o mayor presencia de animales en ellos.

- El quinto puesto de esta lista lo ocupa el escudo de La Pampa, que tiene como elemento principal la figura de un  jinete, y por tanto -indirectamente- de un caballo:



- También un solo animal (aunque representando a Dios Espíritu Santo) exhibe el escudo de Buenos Aires.  En este caso, a diferencia del anterior, la presencia de animal es protagónica: la Paloma hace referencia al nombre original de Buenos Aires ("Ciudad de la Trinidad") y el ave ocupa un lugar deestacado del escudo porteño:



En la versión más moderna, la Paloma ocupa un lugar aun más preponderante:



- El tercer puesto lo tiene San Luis.  Su escudo tiene dos venados, que aluden al nombre original de la ciudad capital ("San Luis de la Punta de los Venados"), que además dio origen al gentilicio "puntanos" que se aplica a los nativos de esta provincia:


- Atendiendo sólo  al número de animales (ya que no a sus inexistentes dones de  belleza y rigor heráldico) sigue en la lista, ocupando el segundo lugar, el horrendo "escudo" de Tierra del Fuego, que tiene cinco animales (aunque uno de ellos muy estilizado):


El horripilante "escudo" muestra cuatro pingüinos en el campo del escudo y la silueta de un albatros a modo de soporte.

- El escudo que ocupa el primer lugar también tiene cinco animales, pero, a diferencia del anterior, ostenta un soberbio diseño heráldico.  Se trata del escudo original de Buenos Aires, presente en su bandera, y que oficialmente es llamado "Escudo de Armas de la Ciudad".  Un águila y cuatro aguiluchos son los protagonistas de este escudo, que le fue dado a Buenos Aires por su fundador,  Juan de Garay, en 1580:

El Día del Animal se celebra hoy en homenaje al aniversario del fallecimiento del doctor Ignacio Lucas Albarracín,  fundador,  junto con Domingo Faustino Sarmiento, de la Sociedad  Protectora de Animales,  y  propulsor de la Ley Nacional de Protección de Animales.