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lunes, 23 de junio de 2025

15° ANIVERSARIO DE NUESTRO BLOG - "Blasón de plata": Capítulo XXIX

Hoy nuestro Blog cumple quince años de vida. Para celebrar este aniversario, compartiremos un breve fragmento del libro "Blasón de Plata", al que ya nos referimos en las entradas de los días  1° y 20 de este mes.


Al final del capítulo XXIX de la obra, Ricardo Rojas se refiere en estos términos al simbolismo de nuestro Escudo Nacional (el destacado es nuestro). 




Aprended, mentores y soñadores de una fraternidad bárbara, de un cosmopolitismo regresivo, de un individualismo absurdo anarquistas, nihilistas, imperialistas, nietzcheanos, que va a quedar sordo para vuestra voz el aire de este ámbito matinal que antes la conducía, porque otro credo más noble, más firme, más humano, más piadoso, más fraternal, más justiciero, más clarividente, más libertador, más progresivo más «argentino» en vibración y en idea, ha llegado para la juventud de nuestra América. El triunfo del cosmopolitismo y del individualismo no puede ser sino un retardo para la civilización. Nada nuevo nos han traído, que, si fuese bueno, no estuviese ya, como historia o como profecía, simbolizado en los emblemas del Blasón que restauro. Forma visible de todo ello es nuestro escudo cívico, donde las manos entrelazadas de la fraternidad sostienen el gorro frigio de la libertad, sobre una línea recta de igualdad, divisoria del campo ovalado, cuyo círculo es de justicia. Y todavía tiene símbolos de paz en los olivos, símbolos de gloria en los laureles, símbolos de fuerza en las armas, símbolos de nuestra propia vida en el dorado sol naciente.


Ilustramos la entrada con fotos propias e inéditas de la soberbia versión del escudo que aparece en el frente del Palacio de Aguas Corrientes.

viernes, 20 de junio de 2025

"Blasón de plata": Capítulo XXX

En el Día de la Bandera volvemos al libro "Blasón de Plata", de Ricardo Rojas, al que aludimos en nuestra entrada del 1° de junio y que acompaña las celebraciones del mes de nuestro decimoquinto aniversario. Transcribimos hoy el capítulo XXX de la obra, añadiendo algunas fotos: todas ellas son propias.



Blasón de Plata

XXX


Nuestra historia de cinco siglos no se hubiera realizado, sin esa tierra legendaria que tentó al conquistador, que asimiló al inmigrante de otras épocas, que caracterizó a su descendiente, que le alió al aborigen en la unidad de un pueblo, y que hizo el alma argentina valiente, generosa, altiva y optimista.

Casa de Ricardo Rojas


La tierra indiana ha sido nuestra cuna y nuestro Blasón; la tradición argentina encuentra en ella su origen y su continuidad: se bautiza en las aguas natales de nuestro río, se nutre en el limo fecundo de nuestras pampas, se corona de luz en la cima inviolada de sus montañas, se embellece en la fuente de las leyendas territoriales que he narrado, y tomando de la herencia incaica la única parte que le correspondía, finge de azul y sol, bajo los cielos australes, la simbólica gloria de su bandera.

Nuestra bandera simboliza esa tierra.

Planetario de Buenos Aires


No es la divisa de un gobierno, ni de un partido político, ni de una dinastía reinante, ni de una secta religiosa. No simboliza armas transitorias, parciales u hostiles. Es el emblema de una entidad permanente, absoluta, sagrada: es el misterio mismo de la tierra donde nacemos sin haberla elegido, donde vivimos sin alcanzar la dicha, donde morimos sin revelar su misterio. No hay en las naciones feudales una semejante, porque todas están enrojecidas en la sangre de antiguos crímenes, o ennegrecidas en la sombra de inconfesables horrores, o tatuadas por la heráldica de la violencia, de la ignorancia o el error. No lleva la nuestra sobre su paño las estilizadas lises del privilegio; ni la cándida media luna del fanatismo; ni las monstruosas águilas de la fuerza. Apenas si es azul, junto a la banda blanca donde fulgura en oro el sol de Dios, único emblema de su seda.

Museo Marítimo "Ingeniero Cerviño"


Cuando el día de su juramento, en Jujuy y en el Salado del Norte, la hueste patria la vió ondear al aire por la primera vez, creyóla una flotante nébula nacida de las riberas australes, dorada en medio por un campo de sol, y azulada en los bordes por un reflejo de los cielos. Así fué como, por el alma serena del inventor, la entraña de la patria, idealizándose en el vaho de las aguas epónimas, se convirtió en bandera.

Hálitos de la tierra, cuna y sepulcro del hombre, han formado ese lábaro. Todo es noble y eterno en su símbolo. Nuestro suelo argentino, nuestro suelo de plata, como el blasón congénere, está en el blanco heráldico de su paño el metal que en la ciencia de los armoriales simboliza pureza y paz.

Colegio Guadalupe (Bs. Aires)

Nuestro cielo infinito y nuevo como una esperanza, donde brillan las pléyades germinadoras y la cruz del Sud fraterna, trasúntase en el azul celeste cuyo color es un emblema de eternidad y de amor.

La inteligencia está, por fin, simbolizada en el sol que es su mejor empresa; emblema de tradición incaica, de iniciación apolínea, de renovación universal. Ya veis si ese pabellón puede servir de enseña a todos los hombres y a todos los ideales.

Palacio Municipal de Chivilcoy


¿A qué prender en su asta heroica y febea el trapo rojo de la reivindicación socialista? No hay justicia democrática que no esté contenida en las posibilidades ideales de nuestra Revolución, formidable tormenta de aquella nube, la blanca nube azul de nuestra bandera. Alzad divisas rojas en Europa, divisas de púrpura igualitaria, de sangre vengadora, de fuego purificador. Alzadlas allí, obreros que no podéis hacer flamear en el asta de vuestras ágoras el trapo negro, o amarillo, o verde de las divisas feudales: la bandera del Sultán, la bandera del Emperador, la bandera del Papa. Esta blanca y azul es la bandera de una Revolución, es la bandera de un pueblo. El trapo rojo, en cambio, ha sido en América la enseña del crimen, del despotismo y de la barbarie. Esa blanca y azul debe ser la de nuestra justicia.


Museo del Inmigrante

¿A qué elevar tampoco, en abigarrado ornamento, lábaros en otras patrias junto a ella? Hombres de la inmigración que exornáis con la extraña vuestros palacios: ¿No comprendéis que al abandonar vuestras patrias, murieron ellas en vosotros, como el árbol deja de estar en la hoja que cae? ¿No sentís que, como la hoja desprendida abona el suelo donde rueda, vosotros vais a fecundar la tierra que os recibe? ¿No sabéis que cuando la patria deja de estar en la tierra donde hemos nacido, se halla en la tierra donde vamos a morir, porque ésta guarda el reposo, la eternidad, el destino, lo que no hallasteis en vuestra cuna? ¿Por qué rechazar la sombra de esta bandera celeste y blanca, símbolo de la tierra y de la vida? ¿Ignoráis que en su banda de plata, negáis el suelo donde se asienta vuestra casa; y en su banda de azur, el aire donde respira vuestro pecho; y en su sol apolíneo, las armonías de la justicia, de la verdad y del arte?

Apostadero Naval Buenos Aires 


Venid, pues, hacia la columna de los hombres de Mayo; venid hacia la columna de los viejos hombres color de tierra, de madera y de bronce; venid, regocijados, al son del Himno libertador, himno del pueblo como una canción del trabajo; venid, hombres de todas las razas oprimidas y de todos los credos democráticos, a fortalecer con vuestra múltiple voz el canto argentino, a engrandecer la secular columna de hombres libres a cuyo frente flota y va, como una nébula en su turbio río, la bandera de sol, la bandera de plata, la bandera de azul, para que entre el tumulto de los otros pueblos y entre la gloria de las otras banderas, llegue también la nuestra, según el anuncio de su vidente, al pie del trono del Altísimo, como una inmaculada enseña de justicia, de redención y de paz.    


Catedral de La Plata

domingo, 1 de junio de 2025

"Blasón de plata": Prólogo

Comienza hoy el mes en que este Blog cumplirá quince años de vida. 

Iniciamos este mes tan especial con fragmentos de la obra "Blasón de plata", de Ricardo Rojas, a la que volveremos en algunas próximas entradas de este mes de junio.

"Blasón de plata": Ya su mismo título tiene connotaciones heráldicas; a lo largo de sus páginas, la palabra heráldica aparece una y otra vez; además, como veremos, hay en la obra expresas referencias a los símbolos patrios. Por ello nos ha parecido oportuno engalanar el festejo del aniversario de este Blog con algunas páginas selectas de Blasón de Plata.

"Blasón de Plata"
(Hyspamérica, 1986)

Comenzamos esta serie con el Prólogo de la obra, que, en palabras de María Gabriela Palazzo, «es un documento histórico y literario de gran importancia por sí mismo, en el que se construye estratégicamente un discurso nacional y una representación social sobre la Patria, o más bien, un proyecto de nación puesto en discurso. Allí el escritor se afanó en la búsqueda de las raíces de nuestro país». 

Compartiremos algunos párrafos del Prólogo, remarcando con negrita las referencias heráldicas. Añadiremos algunas imágenes alusivas.

***

BLASÓN DE PLATA

Prólogo

“¿Argentinos? — Desde cuándo y hasta dónde; 
bueno es darse cuenta de ello” 
Sarmiento 

Argentinos: —hermanos míos en el misterio maternal de la patria— leed este libro, porque sus páginas pretenden esclarecer, como en un mito heráldico, el nombre augural de nuestra tierra, de nuestra raza, de nuestra civilización. 

Libro exhibido en el Museo del Inmigrante
(foto propia)

Tienen las patrias su abolengo como las casas. Conocerlo y amarlo, aun cuando fuera humilde, es ya un principio de grandeza, puesto que es, por sí solo, un principio de conciencia y de fuerza. No empece al heroísmo esa humildad del origen, ni en los próceres, ni en los pueblos. No fue más esclarecido que el nuestro el de la Grecia que la Ilíada pinta, ni el de la Roma que la Eneida canta, ni el de la España que el Romancero describe. Se esclareció después, cuando sus libros lo evocaron. 

Americanos: —hermanos nuestros por el pasado, por el idioma, por el ideal— leed también este libro, porque formáis con nosotros falange solidaria en el anhelo continental que las inspira. 

De nuestras tierras indianas ha salido este libro, como salió la raza de la emancipación; de nuestras tierras ha salido su nombre de “plata” —símbolo de pureza, de abundancia y de paz— como el del pueblo “argentino”, cuyo abolengo documenta y blasona, aquí, en las riberas del río epónimo donde lo escribí. 

Españoles: —hermanos nuestros en el común orgullo de la hazaña ancestral— leed también este libro, porque la proeza del conquistador que en él se evoca fulge como su león y su castillo, en el cuartel de bronce de vuestros propios blasones

Escudo de España en la Catedral de Salta
(foto propia)
"Incomparablemente admirable y digna del más glorioso recuerdo
fue aquella madre" (2 Mac 7, 20a)

“¿Argentinos? — Desde cuándo y hasta dónde; bueno es darse cuenta de ello”. Casi un cuarto de siglo va corrido desde que el maestro lanzó la formidable interrogación, sin que ningún argentino se adelantase para contestarla. Este libro aspira a ser esa respuesta que tardaba en llegar; y no culpéis de arrogante mi propósito, justificado como está por el patriotismo, y por veinticinco años de silencio anterior. 

Obra espontánea como forma y libre como pensamiento, sin clasificación científica ni género literario —bien que alguien la ha clasificado como una “epopeya”—, siéntola mía porque no seguí al trazarla modelos europeos, y se formó en mi propia entraña, toda viviente de emoción y de fe. 

No sé si es éste un libro de moral, o de historia, o de política, aunque en tales materias lo discipliné, y a ellas pedí su documentación, por cierto escrupulosa. (...)  Sólo sé que llegué a su concepción, menos en la frecuencia de otros libros, que en la contemplación y meditación de los propios paisajes natales y de los rasgos autóctonos que las tierras nuevas imprimen en los seres que crean. Me han servido de fuentes los cronistas contemporáneos, o actores de los sucesos que narro: esto y mis obras anteriores garantizan de sobra mi probidad, pues he querido, por elegancia, prescindir de las notas marginales que entorpecen el texto. Por otra parte, no he buscado componer una obra doctrinaria, o conceptual, o didáctica, sino un como salió de entre mis manos el libro, lo entrego libro de pura emoción, que, como los libros heráldicos, reavivase, por la leyenda o por la historia, el orgullo y la fe de la casta.

… 

[Este libro] es la obra de un hombre apasionado por el destino de su raza. Es la obra de un poeta inquietado por el misterio de las cosas. Es, acaso, la obra de un místico que confiesa su fe en las ideas y en el oscuro influjo del alma sobre las formas de la vida... He aquí por qué este libro es también un sacrificio y una confesión... 

Ricardo Rojas

Buenos Aires, 1910