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lunes, 26 de diciembre de 2016

Escudo de monseñor José Vicente Conejero Gallego

Monseñor José Vicente Conejero Gallego nació en Plasencia, España, en 1951. Allí fue ordenado sacerdote en 1975. Llegó a Formosa como misionero en el año 1976.

Elegido Obispo Coadjutor de la Diócesis de Formosa el 5 de diciembre de 1996,  recibió la consagración episcopal el 19 de marzo subsiguiente. En tal condición, en marzo de 1998 sucedió automáticamente a monseñor Sandrelli, el anterior Obispo.

Del sitio diocesano transcribimos textualmente la explicación y descripción del escudo episcopal de monseñor Conejero Gallego, que se publica allí bajo el título "Sólo Tú, Señor Jesús, Redentor de los hombres", que evoca el lema del obispo.


La Cruz
Árbol de la Vida “donde estuvo clavada la salvación del mundo” y por medio de la cual “ha venido la alegría al mundo entero. Como Pablo, queremos predicar al Mesías crucificado, escándalo y locura para los que se pierden, sabiduría y portento de Dios para los que se salvan (Cf. 1 Cor 1, 18-25 ). Estamos plenamente convencidos de la promesa de Jesús de que cuantos creamos en Aquel que fue levantado en lo alto de la Cruz, tendremos vida eterna” (Jn 3, 14).
La Eucaristía
El Cuerpo y la Sangre del Señor es el Memorial de la Pascua de Cristo, inseparable del sacrificio de la Cruz. Es el Misterio de la fe que actualiza y realiza la obra de nuestra redención. Queremos que ella sea la fuente y la cumbre de toda nuestra vida eclesial. Todos nuestros esfuerzos evangelizadores tienden a la Eucaristía y siendo ella el gran signo de la unidad, sabemos que ella hace la Iglesia, uniéndonos a todos en un solo cuerpo.

 La tierra formoseña
Bajo la Cruz y los signos eucarísticos del pan y el cáliz está la tierra de Formosa abierta con nueve surcos, como nueve son los departamentos de nuestra provincia. Todos cuantos habitamos esta bendita tierra, arada ya por el trabajo y el sudor de muchos hermanos y hermanas en la fe, que nos precedieron, están [sic] esperando la semilla de la Palabra de Dios, para que así como nuestros campos ofrecen el blanco fruto del algodón, también nosotros podamos producir frutos de justicia y santidad. La misma fe nos hará vivir a todos en alegría y fraternidad, superando las divisiones y desigualdades que quebrantan la unidad
María
Estrella de la mañana y de la Nueva Evangelización, brilla en el cielo,  junto a la Cruz de su Hijo Jesús. Su presencia discreta y suave, pero eficaz, nos consuela y anima en medio de las dificultades. La Madre de Dios y de la Iglesia, sigue intercediendo por nosotros, pecadores, mientras peregrinamos a la Casa del Padre Dios.

Toda nuestra vida no quisiera sino emplearse en anunciar y proclamar – en el cielo, en la tierra, en el abismo- la Cruz del Señor hasta que venga, pues Dios quiso por su medio reconciliar consigo al universo, lo terrestre y lo celeste, dándonos su paz con su sangre derramada en la Cruz (Col. 1,19-20). 
Por todo esto también desde Formosa proclamamos: Sólo Tú, Señor.

Lamentablemente, el escudo es paupérrimo en términos heráldicos, viola las leyes de nuestra disciplina y carece de los necesarios ornamentos exteriores.

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