Me permito comenzar esta entrada con una anécdota graciosa. Yo ejercía la docencia y mis alumnos debían presentar una investigación (en realidad era más bien una sencilla monografía) sobre un tema de su interés. Un alumno quiso investigar sobre la historia de una localidad de la provincia de Buenos Aires, y presentó el trabajo sobre el filo del plazo estipulado. Cuando comencé a leer me di cuenta de que se iba un poco por las ramas hablando de cuestiones que no tenían que ver directamente con el tema de su investigación, pero bueno, esas cosas suelen ocurrir. La redacción era extraña, con un estilo más propio de la oralidad, pero esas cosas también suelen suceder. Había fragmentos desconcertantes, como cuando el texto decía "...como podemos ver en esta puerta", sin que hubiera ninguna ilustración de una puerta. Pero mi sorpresa fue mayúscula poco después, cuando el trabajo empezó a nombrar a Teherán. ¿Qué tenía que ver la capital de Irán en el asunto? La falta de unidad temática, la redacción curiosa y ahora las varias menciones a Teherán: estaba totalmente perplejo. Le mostré algunos párrafos a mi hijo, y él -que casualmente estaba leyendo entonces un libro de Oscar Terán- encontró la respuesta al enigma. Se aludía en realidad a Terán (a Juan Bautista, para ser precisos) y era casi con certeza la versión en texto de un audio o un video (que, en efecto, enseguida encontramos en YouTube). En el video, un hombre hacía una especie de visita guiada, lo que explica la oralidad y la referencia a la puerta; mencionaba varias veces a Terán y el programa que hacía la conversión de voz a texto interpretó "Teherán" y así lo transcribió.
El alumno reconoció más tarde que, urgido por el tiempo, tomó un video de YouTube (en el que un guía se refería a la localidad que él había elegido como tema de su monografía), mediante una aplicación hizo la transcripción de voz a texto, y luego, sin revisar ni corregir el resultado, lo copió y pegó para el trabajo.
No aprobó, por supuesto.
Toda esta introducción se debe a que hoy nos ocuparemos del escudo de los Terán (¡y no de Teherán!), gracias a una nota de Isidoro Ruiz Moreno publicada en el número 154 del Boletín del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, edición que correspondió a los meses de septiembre/octubre de 1987. Las ilustraciones en blanco y negro son originales; las que llevan esmaltes están tomadas de Heráldica Hispana (que, por cierto, registra 74 escudos distintos para ese apellido).
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EL BLASÓN DE TERÁN
por Isidoro J. RUIZ MORENO
I - Consideraciones heráldicas
En materia de escudos de armas, los tiempos actuales han revitalizado su estudio sobre procedimientos científicos, al igual que sucede en el campo de la Genealogía. En vez de fantásticas atribuciones y de referencias vagas, se busca la precisión con rigor científico, prescindiéndose de simbolismos tanto en figuras como en colores, que en la mayoría de los casos carecen de sentido "parlante". Trabajos contemporáneos han venido, incluso, a modificar versiones añejas y de venerable rigor por su antigüedad, pero que sin embargo pudieron ser corregidas en base a una investigación ceñida a recaudos estrictos. Un ejemplo bien elocuente se da en los casos de ingreso a las Ordenes Militares que exigían al postulante ostentar su escudo en piedra labrada en su residencia: no eran infrecuentes, entonces, que -a veces en connivencia con los caballeros encargados de comprobar el hecho- se colocaran las armas de otra morada en la propia, para tornarlas a su legítimo dueño una vez cumplida la verificación... El largo uso o deterioro de algunas de esas labras las tornaba en blasones de imposible identificación, y por eso -o por aquello- en muchas oportunidades la información se limitaba a asentar la mera circunstancia de que la casa del aspirante cargaba escudo; en otras oportunidades se indicaba que no se podía describirlo, y aún se lo explicaba sin mayor exactitud.
En otros casos, las piezas e "muebles" del campo (para no referirme a sus anárquicos adornos exteriores) eran colocadas según el propio criterio del artista lapidario, tanto sea por comodidad como por falta de espacio, como es bien sabido y se comprueba en muchas fotografías. Cuando no eran interpretadas según la buena voluntad y capacidad del escultor... Y así aparecían elementos que en ciertas oportunidades eran tergiversados y equivocadamente descriptos.
Es que ocurría lo que con la escritura: sin reglas ortográficas establecidas, se estaba a la redacción del escribiente. En Heráldica labrada en última instancia la representación surgía de la labor propia del escultor.
Sirvan estas breves consideraciones sobre un par de supuestos en lo que hace a la figuración de armas en piedra, para introducción a los comentarios que me surgen de la descripción del escudo de la familia Terán, tal cual ha sido ilustrado recientemente.
II - Controversia de los expertos
El meritorio ensayo sobre este linaje tucumano redactado por don Diego Herrera Vegas en el Boletín N°. 1 del Centro de Estudios Genealógicos de Buenos Aires viene con un diseño gráfico de las armas de Villegas Terán, realizado por don Luis Mac Garrell, cuyas bellas ejecuciones gozan de merecido aprecio. Este heraldista ha interpretado fotografías de una obra sobre "Escudos de Cantabria” para componerlo en forma cuartelada, mostrándose y describiéndose el de Terán de la siguiente manera: "De gules, tres bandas de oro, acompañadas en jefe y en punta de sendas estrellas de oro de ocho puntas":
Así trae el escudo de Terán también la obra de Francisco Piferrer "Nobiliario de los Reinos y Señoríos de España" (Madrid, 1859), tomo V, p. 87, con el agregado de una "bordura de plata y cinco cabezas de sierpe ensangrentadas". Igualmente Alberto y Arturo García Carraffa en su "Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana" (Madrid, 1961), tomo 86, p. 148; y también Julio de Atienza en su "Nobiliario Español" (Madrid, 1959), página 718, aun cuando con la variante de describirlo en campo "de oro”, con "cuatro" bandas de "plata", y en la bordura de plata, "dos ondas de azur"...
Como se ve, los tres autores coinciden en las piezas fundamentales, pero con algunos agregados y hasta alteración en los metales. Esto puede surgir, en consecuencia, de haberse basado en escudos similares pero no idénticos, a causa de la ya señalada interpretación personal de los artistas encargados de ejecutar los que sirvieron de modelo para las descripciones.
García Carraffa, empero, añade un detalle importante: cita otro escudo de Terán, si bien parecido en sus figuras principales (bandas y estrellas) pero de diferente composición; e indica que lo extrae del "real despacho confirmatorio" de blasones expedido en Madrid el 22 de enero de 1755 por don Manuel Antonio Brochero, colocando la bordura alternando con las cabezas "de sierpe", cinco cabezas "de moros".
Ahora contamos con una referencia fundamental, por cuanto el señor Brochero era Rey de Armas, y como se sabe, ésta es la función oficial para establecer los blasones: describirlos o incluso otorgarlos. El Rey de Armas es el heraldo de la monarquía, el encargado de precisar los escudos familiares. las equivocaciones en que algunos de ellos incurrieron no invalidan la generalidad de los casos, donde su participación tiene fuerza de sentencia. Brochero era el cronista heráldico del Rey Carlos III.
III - El escudo de Terán en una ejecutoria
Dicho Real Despacho aludido por García Carraffa existe en Buenos Aíres; por cierto, un testimonio del mismo, expedido por don Manuel Antonio Brochero, "Primer Rey de Armas más antiguo", en Madrid a 9 de abril de 1764. Se hallaba en poder de nuestro desaparecido amigo don Fernando M. Madero, quien me lo facilitó original y conservo en fotocopia.
Es, por consiguiente, la palabra aclaratoria y decisiva. Veamos sus partes pertinentes, dejando de lado el campo genealógico que era invadido por los Reyes de Armas de entonces, apartándose de su ocupación especifica y cometiendo, por ende, numerosos desatinos propios de las alocadas elucubraciones del siglo XVIII.
Brochero hace descender a los Terán de los remotos emperadores de Alemania (sic) -el propio Atienza en nuestros días anota que fueron "oriundos de Alemania"-, habiéndose establecido luego su casa en el Valle de Cabuérniga; detallando la rama de don José de Terán, casado con doña María Gómez, cuya posteridad se registra en la parroquia de Santa Olalla desde el año 1641. Referente a su blasón indica aquel Rey de Armas que el certificado por él en 1764 es el primitivo con más los añadidos provenientes de una acción de guerra durante la Reconquista, en la cual obtuvieron señalado triunfo sus antepasados en la defensa de un paso de cinco arroyos contra cinco valerosos caudillos moros. En cuya memorial -escribe aquel- les mandó "aumentasen a sus Ármas (qe heran de Oro con tres faxas rojas, como descendientes de la Casa de Austria) cinco ondas Azules en la base. Orla de sangre con dos estrellas de Oro en el Gefe, cinco cabezas de Moros negras, ceñidas las frentes con bandas blancas".
La ejecutoria está ilustrada como sigue:
De tal modo, a las piezas primitivas (las tres fajas y las dos estrellas de oro) se sumaron los cinco arroyos y las cabezas de sus enemigos. La diferencia con las armas que traen los otros autores mencionados resulta, pues, por omisión mas que por ser distintas, con la alteración de los mismos colores del campo y las fajas (oro y gules).
Como conclusión, y teniendo en cuenta lo expresado en el primer punto, cabe considerar la posibilidad de que los armoriales tomados como fuente para la composición del escudo Villegas Terán -en los cuarteles del segundo apellido- hayan mencionado únicamente el blasón original sin los aditamentos posteriores. y en lo que respecta a la variedad registrada de poner bandas (oblicuas) en lugar de fajas (horizontales), quizá obedezca a que el artista lapidario no haya encontrado lugar en el campo del escudo que debió esculpir, y para hacer resaltar esas piezas aumentó su tamaño mostrándolas entre los dos ángulos. Estos casos no son hipotéticos, pues se han reproducido composiciones más caprichosas aún.
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| Tomado de "La Red Cantabria" |
| Tomado de "Heráldica Hispana" |


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