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miércoles, 18 de febrero de 2026

Antiguos escudos de la provincia de Salta (1 de 3)

Al actual escudo de la provincia de Salta le dedicamos la entrada del 28 de mayo de 2011 (aniversario de un decreto del Director Supremo honrando a Güemes), con información oficial del gobierno provincial. Varias veces más nos ocupamos después del mismo escudo, mostrándolo, por ejemplo, en diversas apariciones en lugares destacados de la ciudad de Salta. 

Escudo de la provincia de Salta en la Basílica de San Diego de Alcalá (San Francisco)
(foto propia)


Ese escudo, actualmente vigente, fue oficializado en 1946. Pero antes de esa fecha, la provincia utilizó otros símbolos. A tres de ellos en particular nos referiremos en esta entrada y en las de mañana y pasado mañana.

En 1942 se publicó "El escudo de Salta", un detallado y documentado ensayo de Miguel Solá. De esa obra procede la mayor parte de la información de estas tres entradas. 



Los importantes servicios que desde los primeros años de la Conquista habían prestado a la Corona de España las ciudades del Nuevo Mundo, motivaron a fines del siglo XVI una legislación sobre sus armas y divisas, entre las que figuraban las propias armas reales, como las que recibió de Carlos V la Villa Imperial de Potosí. El 20 de marzo de 1596, Felipe II daba en Aranjuez la ley titulada: «Que las ciudades, villas y lugares de las Indias tengan los escudos de armas que les hubieren concedido»:

(...) Es nuestra voluntad conceder, y concedemos á las dichas ciudades, villas, y lugares, que tengan por sus armas y divisas señaladas y conocidas las que especialmente hubieren recibido de los señores reyes nuestros progenitores, y de Nos, y después les concedieren nuestros sucesores, para que las puedan traer y poner en sus pendones, estandartes, banderas, escudos, sellos, y en las otras partes, y lugares que quisieren, y por bien tuvieren, en la forma y disposición que las otras ciudades de nuestros reinos, á quien hemos hecho merced de armas y divisas. Y mandamos a todas las justicias de nuestros reinos y señoríos, que siendo requeridos, así lo hagan guardar y cumplir, y no les consientan poner impedimento en todo, ni en parte (...)


Muchas de las ciudades del Nuevo Mundo eligieron sus armas y divisas y las usaron sin haber obtenido la aprobación real, como ocurrió con las que se solicitara para la de San Felipe de Lerma en el valle de Salta, ciudad que desde su fundación en 1582 fué el principal baluarte de la conquista del Gran Chaco. Tan duro destino llegó a ser un timbre de orgullo para los sáltenos, que escribieron "como ley municipal o condición recíproca, que no se llamase vecino a aquel que no hiciese tres entradas al Chaco", como se recordaba en la Proclama que con motivo de la jura de Fernando VII dió la ciudad de Salta el 18 de septiembre de 1808.

Cuando la ciudad de Lerma trató de blasonar su Escudo de Armas, nada más lógico que lo hiciera con los símbolos de aquella lucha secular, en la que los gobernadores de Salta recibieron de los Reyes de España el título de conquistadores del Gran Chaco y Río Bermejo. La primera descripción de este Escudo la hizo en 1803 don José Joaquín Araujo en su Guía de Forasteros, en los siguientes términos:



Además de este conocido documento literario, poseemos un documento gráfico sobre el escudo de Salta. Nos referimos a la medalla que la ciudad mandó acuñar en 1789 para conmemorar la proclamación de Carlos IV y al mismo tiempo la creación de la Intendencia de Salta. Fué descrita por primera vez por Mitre en un trabajo titulado Juras Reales, que su autor obsequió en manuscrito a don Alejandro Rosa, quien lo publicó en 1895 en uno de sus Estudios numismáticos:


Mitre hace notar que se trata de una medalla muy rara, nunca descrita hasta entonces y solamente indicada en la Explicación de un monetario del Río de la Plata, de Angelis; y Rosa añade su mención posterior en el Indicador manual de la numismática española, por Álvaro Campaner y Fuentes, donde se le asigna el carácter de medalla mexicana, en la creencia de que su reverso representa el famoso salto de Alvarado en el lago Texcoco.




Esta medalla salteña fué acuñada en la Villa Imperial de Potosí durante el gobierno de don Andrés Mostré, último gobernador de la provincia del Tucumán y primero de la Intendencia de Salta, existiendo algunas diferencias entre las armas en ella grabadas y la descripción que hace el autor de la Guía de Forasteros, donde no figura el indígena que se prepara para atacar al español; pero ambos documentos coinciden en las restantes figuras: un cerro (el de San Bernardo), un río (el de los Sauces, hoy de Arias), unos árboles (los de la comarca), armas parlantes del Escudo; un hombre (símbolo del valor) y un perro (símbolo de la fidelidad).

En 1882, don Ángel Justiniano Carranza publicó el primer tomo de los libros capitulares de Santiago del Estero, 1727-1763, Salta, que dicho historiador conceptúa como el escudo de la provincia del Tucumán, no obstante transcribir la descripción de Araujo que se refiere al escudo de aquella ciudad: «El escudo de armas que adorna la portada de este volumen — dice Carranza — fué el de la antigua provincia del Tucumán, integrada por el territorio de Santiago [del Estero) hasta 1820, y «comprende un río que la ameniza, un cerro que la fortalece, unos árboles que la hermosean, y los símbolos del valor y de la fidelidad que la distinguen».



En el escudo publicado por Carranza figura el indio que aparece en la medalla de la jura de Carlos IV, lo que hace suponer que el dibujante tuvo presente esta medalla y no la descripción de Araujo. En ninguna de las actas capitulares publicadas en el mencionado volumen, anteriores a dicho Escudo de Armas, se trata del mismo, razón por la que nos dirigimos al Director del Archivo de Santiago del Estero, pidiéndole nos informara sobre el origen de este blasón, pero no obtuvimos respuesta.

Carranza incurre en error cuando dice que este escudo fué el de la antigua provincia del Tucumán, pues no se otorgaban armas ni divisas a los territorios, sino a las ciudades, villas y lugares; y precisamente el origen del blasón de que se trata fué, según documentos inéditos que publicamos, una distinción especial hecha a la ciudad de Salta y no a las otras del Tucumán por su gobernador don Juan Manuel Campero.

Hasta aquí los antecedentes conocidos sobre el Escudo de Armas de la ciudad de Salta (...)

Este escudo pasó luego a ser el de la ciudad de Salta. En 1934, el entonces Intendente Municipal, Juan E. Cornejo Arias, remitió al Concejo Deliberante un proyecto de ordenanza, oficializando el escudo colonial de la ciudad. En  dicho proyecto se establecía el escudo de la ciudad de Salta adoptándose el que se había usado ya desde la época de su fundación y que consiste en un «campo cruzado por un río y colinas en el fondo», como lo señala "el conocido historiador doctor Bernardo Frías en su Tradiciones Históricas, tomo I, página 40". 

La ordenanza 6a. de Hernando de Lerma referente a la fundación de Salta, en 1582, disponía «que de hoy en adelante en cada año Sábado o Domingo de Quasimodo se saque la bandera o estandarte de esta dicha Ciudad». Se observó esta Ordenanza hasta el año 1716 y en 1717 se ordenó se hiciera la ceremonia en lo sucesivo cada 1 de Mayo, «día de los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago».

En dicho estandarte se fijó el escudo de armas de la Ciudad, que de acuerdo a la tradición no es otro que el que en 1934 la intendencia de Salta proyectaba establecer de forma oficial. 

El Concejo Deliberante de la ciudad de Salta sancionó entonces  la siguiente Ordenanza:

Art. 1.°— Téngase como escudo oficial de esta Municipalidad de Salta el que informa el dibujo adjunto, consistente en «un campo cruzado por un río y colinas en el fondo», de conformidad a la tradición histórica.

Art. 2.» — Dicho escudo se usará en los edificios Municipales, papeles y útiles de uso oficial Municipal y se acuñará en las medallas del Señor Intendente, Señores Concejales y altos funcionarios de la Comuna.

Art. 3.° — Comuníquese, publíquese, tómese razón, etc. 

Dada en Sala de Sesiones, en Salta, a los treinta y un días del mes de julio del año 1934. — Fdo: Alejandro Bonari, Presidente; J. M. Martínez Sararia, Secretario. 

Departamento Ejecutivo, agosto 17 de 1934. — Cúmplase, téngase por Ordenanza, comuníquese, publíquese, etc. — Fdo.: Juan E. Cornejo Arias, Intendente; R. M. Cornejo Isasmendi, Secretario.

Don Bernardo Frías dice lo siguiente acerca del Escudo de la ciudad de Salta: «Formábase de un campo cruzado por río de azules y mansos raudales, y de unas suaves colinas en el fondo; mansos y pastoriles atributos que, en los siglos por venir, la Revolución habría de cambiar por otros más altivos y marciales». Ya se ha visto que los mansos y pastoriles atributos que según Frías lleva el Escudo de la ciudad son precisamente lo contrario, acaso porque el autor de las Tradiciones salteñas no reparó en las demás piezas del blasón.

Pero la ejecución del Escudo no se hizo de acuerdo con el texto de la ordenanza, pues aparecen en él el hombre y el perro, que son las piezas más importantes del blasón y que no figuran en la referencia de Frías ni en la disposición municipal. 

La Municipalidad de Salta -añade el autor en su obra de 1942- debe modificar la Ordenanza para ajustarla a la verdad histórica y redactarla en términos heráldicos.

Escudo en la Catedral de Salta
(foto propia)


Esta es, pues, la historia del primer escudo de Salta: propiamente el de su ciudad capital, que fue usado como escudo provincial en un tiempo, pero que actualmente es oficialmente el de la "muy ilustre y muy fiel" ciudad de Salta.

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