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miércoles, 7 de agosto de 2013

"La ciencia heráldica"


Transcribimos hoy la disertación leída por Carlos de la Riestra Lavalle  al incorporarse como Miembro de Número del Instituto  Argentino de Ciencias Genealógicas (cuyo escudo encabeza esta entrada),  en la sesión ordinaria del 7 de agosto de 1941 (hace hoy 72 años). La disertación fue publicada en el número 1 de la revista del mismo Instituto,  aparecido en 1942, y la tomamos de la versión digital que hemos hallado en la Red.  Ilustramos esta entrada con imágenes animadas tomadas también del sitio web del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas


«Señor Presidente: Señores: Considero un grato deber de mi parte agradecer la distinción de que he sido objeto, al ser designado por unanimidad miembro de Número de este Instituto.

Se me ha conferido igualmente el alto honor de iniciar esta serie de disertaciones sobre temas inherentes al fin para  que fué fundado. He elegido el que más se halla de acuerdo con mis inclinaciones: la Ciencia Heráldica.

Esta ciencia deriva etimológicamente de los Heraldos, quienes eran unos oficiales que dirigían los torneos y examinaban la calidad de los caballeros que en ellos tomaban parte. Posteriormente sus funciones fueron extendiéndose hasta determinar los escudos de armas que correspondían a cada familia de acuerdo a sus respectivos derechos. El uso del blasón, en su comienzo, se prestó a arbitrariedades emanadas de los mismos nobles, pero dado su carácter hereditario, se sintió la necesidad de registrarlos y regularizar su uso. Fué éste el trabajo paciente y sostenido de los Heraldos y después de los Heraldistas, lo que limitó su abuso y encauzó en forma definitiva su uso.



La Heráldica estudia las armas o armerías, voces que proceden de la palabra Arma, en su acepción de insignia y se refieren a los emblemas honoríficos privativos de las familias nobles, o de corporaciones y entidades. Tuvo su origen en la Edad Media, en aquella época de predominio de los sentimientos religiosos, de exaltación de la poesía heroica; en aquellos tiempos no bien comprendidos todavía, en que empezó a usarse blasones; tiempos de pasiones desbordantes, de arte grandioso y supersticiones inexplicables, siendo la Sociedad feudal, la nobleza y la caballería, estaban en su apogeo, pudiendo comprenderse fácilmente el entusiasmo que en todas las clases sociales, despertó el Blasón, que es a la vez tradición, familia, propiedad, honor, valor y alarde de Arte.

“El blasón, dice Eysenbach en su Historia del Blasón, lenguaje misterioso, lengua ingeniosa y sorprendente, de uso universal para la nobleza de la cristiandad, establecía entre todos los gentiles-hombres, una confraternidad heroica: era la piedra fundamental del edificio feudal, el cemento y la llave de la bóveda —como dice un autor antiguo — de la jerarquía aristocrática”.

La sociedad de entonces vivía bajo todos los aspectos, en una ingenua naturalidad y considerando como una realidad lo que el blasón representaba para ella, esto es, signo de patronato, de jerarquía, hacía de él libre ostentación y no lo estimaba por lo mismo incompatible con la austeridad religiosa, ni vacilaba en esculpir los escudos de los gremios y de los mercaderes, como alto título de honor, en parangón con los de los consejeros reales.



El escudo menestral, hoy en desuso, representaba el orgullo del oficio del gremio, de la burguesía, que veía abrirse ante sí las puertas de los consejos: en cambio el escudo señorial simbolizaba la propiedad territorial, la altivez de los agricultores-militares, élite de la tierra que ellos defendían desde sus castillos roqueros o en las cortes reales.

Andando el tiempo, el hombre de hidalga estirpe, se dedicó a conocer no solo su genealogía, sino los signos convencionales en que representaban las hazañas de sus mayores. Hoy el conocimiento de la Heráldica es de utilidad general para quienes se consagraron al estudio de la ciencia histórica.

Desde el arqueólogo, que al tratar de concretar la historia de un monumento, no comprenda el significado de las armerías que lo decoran, como el historiador al dilucidar un tema de crítica histórica, no pueden desconocer la heráldica, sin privarse de elementos insustituibles de juicio. El conocimiento de los emblemas y de las idealidades que los informan, que pertenecen a la heráldica, es indispensable para el que se dedica a estudiar la Edad Media.

La Heráldica. Ciencia auxiliar de la Historia, es parte integrante de la genealogía nobiliaria historia a su vez de las familias cuyas armas figuran en las colecciones de escudos, denominados nobiliarios.

Las Armerías son insignias cuyo uso está reservado a la Heráldica familiar, en sus diversas categorías y una de las funciones más delicadas de este Instituto es  no solo autorizar su uso, previo minucioso estudio, sino inscribirla en un Registro apropiado».

2 comentarios:

  1. Discrepo con la disertación de Carlos de la Riestra Lavalle.

    En primer lugar la heráldica nace como un sistema de símbolos mundano, luego con el tiempo la nobleza haría uso de este sistema para representar e identificar su estirpe.

    En segundo lugar un escudo de armas es de uso común, toda persona que quiera adoptar dicho emblema lo puede hacer, no es prerrogativa solo de los nobles. De hecho muchos científicos, literatos, políticos, etc. de origen plebeyo adoptaron un blasón y algunos nobles no portan armas.

    En tercer lugar las colecciones de escudos, son recogido y publicados en armoriales, ahora que el armorial sea de carácter nobiliario, es otro tema.

    En cuarto lugar las armerías según su naturaleza pueden ser gentilicias, eclesiásticas, institucionales, cívica, etc.

    Saludos

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    1. Muchas gracias por el aporte, Rolando. Coincido.

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