miércoles, 19 de agosto de 2020

Escudo de "monseñor" Juan José Cena

Hablamos ya alguna vez de la "Iglesia Católica Apostólica Argentina (no romana)",  esa curiosa   "iglesia" que así se autodefine: «Somos CATÓLICOS NACIONALES, hijos de la reforma de san Carlos Duarte. NO tenemos papa y nuestros Sacerdotes, si quieren, se pueden casar. NO tenemos nada que ver con el Vaticano y somos parte de la Iglesia Católica y Apostólica fundada por N. S. Jesucristo. Y estamos perfectamente conscientes de que estamos EXCOMULGADOS de la Iglesia Romana pero jamás de la Iglesia Católica. El centro de nuestra vida es la santa Misa y veneramos con ternura y piedad a la Santísima Virgen María, los Ángeles y los santos. Credo, Tradición, y los siete primeros Concilios de la Iglesia indivisa son el fundamento de nuestra fe. Las enseñanzas de los papas romanos para nosotros no tienen más valor que el de un Obispo con el que NO estamos en comunión. Y no creemos en el que Obispo de Roma sea infalible». 





La supuesta "iglesia" trata de parecerse lo más posible a la  única verdadera Iglesia, incluso en la Heráldica de sus "obispos". Lo vemos hoy en el blasón de "monseñor" Juan Cena, "obispo diocesano de Córdoba". 


Como fuere, hay que convenir en que el escudo está bien pensado, particularmente en dos aspectos. El paisaje serrano  suponemos que alude a la provincia sede del "obispo diocesano"; el lema «In Coena Domini» ("En la Cena del Señor") claramente evoca su apellido. 


Los demás elementos del escudo constituyen un clásico símbolo cristiano: el Cordero auroleado que lleva un lábaro crucífero, y de cuyo costado brotan sangre y agua que se derraman sobre un cáliz, o apoyado -como en la versión que vemos sobre este párrafo- en el libro de los siete sellos El Cordero vino y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono. Cuando tomó el libro, los cuatro Seres Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron ante el Cordero. Cada uno tenía un arpa, y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los Santos, y cantaban un canto nuevo, diciendo: "Tú eres digno de tomar el libro y de romper los sellos, porque has sido inmolado, y por medio de tu Sangre, has rescatado para Dios a hombres de todas las familias, lenguas, pueblos y naciones.  Tú has hecho de ellos un Reino sacerdotal para nuestro Dios, y ellos reinarán sobre la tierra"»: Apoc 5, 7-10).


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