jueves, 18 de diciembre de 2014

Escudo de monseñor Marcelo Daniel Colombo

Marcelo Daniel Colombo nació en Buenos Aires en 1961 y fue ordenado sacerdote en 1988 en Quilmes por monseñor Jorge Novak.  Fue elegido Obispo de Orán en 2009 por el papa Benedicto XVI y recibió la ordenación episcopal en Quilmes el 8 de agosto de ese año, para tomar posesión de su sede dos semanas más tarde. En 2013 el papa Francisco I lo  trasladó como Obispo de La Rioja.

Este es su escudo episcopal.



En la página web de la Diócesis de la Rioja se señala: "Desde hace ya siglos es costumbre que los obispos católicos tengan un escudo o blasón, el cual constituye fundamentalmente una profesión de fe, un proyecto ministerial y una manifestación de la propia identidad cristiana. Así, al iniciar su ministerio episcopal, el Padre Obispo Marcelo Colombo, a través de figuras y colores, quiere expresar algunos rasgos de su identidad y sus propósitos en el ministerio que le es confiado".

Sigue una descripción y explicación del blasón episcopal, que transcribimos a continuación:

"En el centro, sobre un fondo azul celeste, se alza la cruz de Cristo. El azul celeste evoca un cielo claro y límpido, en señal de la resurrección. El Obispo, en efecto, está llamado a ser signo viviente del buen Pastor crucificado y resucitado, dador de Vida (cf. Jn 10; Lumen Gentium, 27). Sucesor en el ministerio apostólico, puede decir con san Pablo: «Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús» (cf. 2Cor 4; Christus Dominus, 16).

Estrechamente unido a la cruz, aparece un signo del Espíritu. Es el Espíritu que descendió sobre Jesús visiblemente en forma de paloma (Mc 1,9-11), y lo ungió como Siervo para anunciar la Buena Noticia a los pobres (Lc 4,16-21; cf. Is 61,1-3). 

Don pascual de Cristo (cf. Jn 19,30 y 20,22), es el mismo Espíritu que anima a la Iglesia (cf. Hch 2,2; Lumen Gentium,4) y sostiene a quienes son especialmente llamados para reunir y servir al pueblo de Dios (2Tim 1,6-7; cf. Lumen Gentium, 21; Christus Dominus, 2). A este mismo Espíritu, se confía ahora el Padre Marcelo en su nueva misión pastoral. 

A su vez, la paloma —junto con las resonancias bíblicas que la hacen símbolo del Espíritu— se identifica con la etimología y el origen del apellido del nuevo Obispo. De este modo, el Padre Obispo Marcelo desea expresar su gratitud hacia las generaciones pasadas que le transmitieron la vida, lo acompañaron y acompañan a lo largo de su camino, y lo invitaron a la fe.

Junto a la cruz, en el clarear del cielo, aparece una estrella: signo de María, la Madre de Dios. Discreta, al pie de la cruz, luminosa: así es la presencia mariana en la fe de nuestros pueblos. Tiene la discreción de quien está silenciosamente presente en el caminar cotidiano; está hoy junto a los que sufren, como antes estuvo junto a la cruz del Hijo; y es señal luminosa de esperanza en el camino del pueblo de Dios (cf. Lumen Gentium, 68).

Abajo, con el color marrón tan característicos de sus aguas, el Río de la Plata habla del origen del Padre Obispo Marcelo: su Buenos Aires natal, la Diócesis de Quilmes en la que fue llamado al ministerio pastoral. Río representado con cuatro trayectorias de agua, en distintas tonalidades, habla también de los cuatro cauces de identidad de la Iglesia que peregrina en Quilmes: la opción preferencial por los pobres, la misión evangelizadora, la defensa de los derechos humanos y el compromiso con la unidad de los cristianos. Así como los cauces de agua llegan a formar la base misma del escudo, así también estos cuatro rasgos han signado y madurado la vocación ministerial del ahora Obispo de Orán.

Y entonces, como sosteniéndolo todo, se abre el Libro de la Palabra de Dios: Palabra hecha carne que vino a habitar entre nosotros; Palabra viva que es la Verdad sobre el ser humano y la historia; Palabra siempre nueva, que la comunidad cristiana proclama, celebra y testimonia desde el tiempo de los Apóstoles hasta nuestros días.

El lema, tomado de la oración que Jesús dirige a Dios Padre llegada la Hora de su entrega, subraya este mismo aspecto: «Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad» (Jn 17,17). El primer Obispo de Quilmes, Jorge Novak, dedicó a estas palabras del Evangelio en su última meditación, como un legado de caridad pastoral y visión de futuro para el caminar de la Iglesia. Con estas mismas palabras, el Padre Obispo Marcelo Colombo quiere expresar el propósito de su ministerio pastoral: ser ante todo un servidor de la Buena Noticia, que libera la Verdad más honda del ser humano, en el seno de una Iglesia totalmente al servicio de la Palabra (cf. Lumen Gentium, 25; Christus Dominus, 12; Puebla, 687)".

El curioso escudo episcopal tiene un báculo pastoral acolado en palo, pero carece de otros ornamentos exteriores.

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